Se harán obras de teatro con nuestra historia

Fotografía de la página del FICH

Hablar de El Caimán y los Sapos, desde una única función, es tratar con todos los sesgos posibles. Tal vez se pueda compensar que en la Muestra Estatal de Teatro (MET) del 2017, pude ver la propuesta de Teatro Bárbaro, aunque a medias, porque desde mi ubicación no se alcanzaban a percibir muchos detalles importantes, aunado a que fue una función atropellada, con esto me refiero a que había junto con la MET un festival organizado por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), lo cual abarrotó hasta más no poder el teatro.  ¿Aunque no es eso lo que buscan los teatristas? Entiendo los motivos de por qué la Subsecretaría de Cultura quería que todos los chavos y chavas entraran a la obra, el tema lo amerita y es importante, pero no cabíamos y, bajo esas circunstancias, no todos lograron entender el intenso mensaje del texto dramático (aplaudo de esta versión la dirección de Luis Bizarro y el trabajo actoral de Melissa Baca).

Una ventaja (o desventaja) es que en alguna ocasión tuve la oportunidad de leer el texto y escuchar algunos fragmentos en voz del autor. Tengo grabada en mi memoria a Pilo Galindo narrando la escena de los XV años de Andrea; eso formó una imagen en mi mente que la compara con lo que vi y resulta no ser lo mismo, no obstante, reconozco que eso es problema mío. No significa que la versión de Abraxas esté mal, al contrario, me parece muy bien trabajada.

Ahora, vi la función que se dio durante el ciclo de invitados de Telón de Arena, por ende, vi actuar a Abraxas Trías como “el Caimán” y no a Alan Posada, lo cual me hubiera gustado mucho, no porque sea uno mejor que el otro, sino porque es más fácil entender al director solo desde su posición y, bueno, también porque no recuerdo haber visto a Alan en un personaje de ese estilo.

Con lo anterior, hablaré primero de lo que me parece un desacierto: el análisis del drama. Estoy segura de que el equipo realizó una fuerte investigación sobre la trata en México, podría asegurar (no tengo pruebas pero tampoco tengo dudas) de que pudieron asesorarse con Pilo en cualquier momento, ya que también es director en la misma compañía, sin embargo, la comprensión de los personajes se queda en un nivel medio.

La puesta en escena de 1939 tiene unos grandes actores que dominan el tema, pero no el carácter de sus personajes. El caso más evidente es el de “la mami”, interpretado por Sandra Castañeda (cabe aclarar que esto no deja de ser una opinión distante de la del dramaturgo a quién le comenté mi duda), vemos en ella a la encargada de “instruir” a las niñas, a una mujer mala que disfruta ser mala, aunque Pilo la ve como un “tufo de sarcasmo”. Personalmente, creo que todo eso que ella vive deja huella, tal vez ese mundo fangoso que habita la ha llevado a tener ese carácter, pero no es por azar que utilicen tantas veces la frase “corazón de pollo” para referirse a ella. Me parece que en realidad es una mujer que ha llorado, que ha sufrido y que ahora, desde la más absoluta sinceridad, les dice a las muchachas que esa vida que llevan es mejor que nada, es mejor que conocer a “el Caimán”. Parto desde la base de que ningún personaje miente; creo que el objetivo de “la Mami”, como el de cualquier mujer en este texto, es mantenerse con vida, una de tipo privilegiada, pero que no ha dejado de ser esclava de “el Caimán” y de los sapos. y así como ella están el resto de los personajes en mayor o menor grado, excepto Patricia (Laura Galindo) y El reportero (David Vázquez), quienes parece que tienen una comprensión total del texto.

La disposición del espacio escénico, diseñado para encerrar a todo aquel que se anime a entrar y ver, supone una clara referencia a que el público es parte del problema porque también interpreta un personaje: los sapos. Es decir, desde que se entra a la sala se observa que cada silla tiene un oficio, un personaje. Su función: ser espectador. No tendrá nada más que hacer, pero eso ya es tremendo porque obliga al público a entrar en la convención de la ficción desde una posición incómoda. Una vez que todos hemos ocupado los asientos, se aseguran de encerrar, ya no hay forma de escapar de El Caimán, se quiera o no ser cómplice. Tal es el enclaustramiento, que ni los personajes pueden salir, aunque no tengan diálogos, su encierro es de otro tipo porque ellos están rodeando al público, cuidándolo, creando esta atmosfera de miedo que ocasiona el saberte vigilado. Estas percepciones estéticas y emocionales solo las puede tener un director perspicaz, Abraxas lo ha logrado.

Otro detalle interesante y que agradezco, es haberla visto en el foro de Telón de Arena, porque ahí el público puede entrar con bebidas a la sala, eso le da un toque inverosímil, termina de cerrar la idea estética de Abraxas, ya que mientras la obra ocurre, el público está bebiendo su café, cerveza, o lo que sea. Pase lo que pase en escena, ellos siguen bebiendo, es decir, han adoptado muy bien su papel de sapos.

Considero que esta obra es una de las mejores de Pilo Galindo. Para mí, sus tres mejores textos son Río Ánimas (por su poesía y su dificultad escénica), El Caimán y los sapos (por ser el texto más violento) y Últimas palabras (que desde lo personal me causa un revoltijo emocional). El Caimán y los sapos es un texto que plantea un problema social y político desde la poética teatral pero a diferencia de Lomas de Poleo, que también retrata la realidad, no se detiene, se va a lo más duro, muestra el lado más despreciable de la humanidad:  ¿quién de todos los que giran alrededor de la vida de estas niñas es el más cruel? Yo optaría por los sapos, porque bien decía Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, aunque cada uno puede tener su postura.

Finalmente, el mensaje es directo, y creo que se puede resumir en uno de los textos de Patricia: “Puedes escribir un reportaje, hacer un libro, una película con todo lo que sabes y la gente lo va a leer o va a ir al cine a ver tu pinche historia, pero no va a cambiar nada”.

En síntesis: un gran texto, grandes actuaciones y una dirección limpia y clara. Abraxas Trías y todo el equipo de 1939 Teatro Norte, dejan claro por qué esta puesta en escena fue la obra ganadora de la MET 2018. Si se vuelve a presentar, volveré a verla, y ojalá todos puedan hacerlo también.

Ficha técnica
Obra: El Caimán y los sapos
Grupo: 1939 Teatro Norte
Dirección: Abraxas Trías
Dramaturgia: Pilo Galindo