La ley del ranchero, propuesta escénica de Lunajero Teatro

Lunajero Teatro, agrupación chihuahuense que se ha mantenido vigente a lo largo de ocho años y que constantemente presenta su trabajo en nuestra querida ciudad, escenificó La ley del ranchero, obra del jalisciense Hugo Salcedo. La cita se dio el domingo 5 de febrero en la Sala Experimental Octavio Trías mediante el programa Red de Teatros de la Secretaría de Cultura. 

La ley del ranchero es una obra que reconoce la homofobia y transfobia que repercuten en un sistema hegemónico profundamente machista. La contraposición entre el mundo rural, el del ranchero, y el urbano, bar, está presente en un mismo escenario. La estructura del drama de Salcedo, desarrolla distintas vivencias, como son el encuentro entre Alfredo y Mayeli, el jugueteo entre Toto y Tito o el testimonio de Max a Mimí, todas unidas por el trágico suceso que se anuncia al principio del espectáculo. Por otro lado, el personaje de Kid, desde el monólogo y el rancho, sostiene la trama.

Desde la entrada al recinto teatral, la música, las luces y el humo ya generaban el dionisiaco ambiente. El escenario en formato de pasarela, permitió que el show dancístico, así como las intervenciones de Kid, tuvieran una mayor presencia en contraposición a los ambientes a la orilla del espectáculo que figuraban la barra y la mesa, donde la mayoría de las conversaciones tuvieron lugar. Otro elemento importante de destacar, es la elección de vestuario tanto para las bailarinas como para el resto de lxs intérpretes: las bailarinas lucieron distintos atuendos en cada interpretación. 

En cuanto a la composición actoral, debo reconocer el buen trabajo que realizaron Ernesto Medina (Tito) y Antonio Ramirez (Toto) quienes lograron mantener el interés en la situación dramática, pues confieso que de pronto me parecía más atractivo el show dancístico que la misma trama. El cuadro de Tito y Toto nos permitió disfrutar de dos experimentados actores que supieron aprovechar el juego teatral. Cabe mencionar que en el texto de Salcedo los personajes no pasan de los 25 años de edad, sin embargo, la propuesta del director Alonso López me parece muy atinada, pues es todo un disfrute ver en escena a Medina y Ramírez. También, considero que Kid, interpretado por Juan Pablo Obregón, logró desarrollar por completo su personaje; una interpretación que sin duda ejecutó los diálogos más fuertes de la obra. Otra mención importante es para Juan Pablo Delgado que interpretó a Mimí, quien no solo realizó un estupendo trabajo actoral sino también como bailarín. 

El segundo cuadro, titulado “Mayeli”, presenta el encuentro entre dos viejos amantes. Mayeli, una mujer trans que ha sufrido los estragos de las malas operaciones a las que ha sido sometida, reconoce a Alfredo, un joven de su antigua vida en el rancho. Si bien, el personaje deja clara su identidad trans, al ser interpretado por una actriz cisgénero, limitó la ejecución del mismo. En conversación con Alonso López, director de la obra, comentó que originalmente el papel sí lo realiza la actriz trans Alejandra Herrera, quien desafortunadamente por cuestiones de agenda no pudo actuar en la función del pasado domingo. Me parece importante mencionarlo y reflexionar sobre la comunidad trans en el teatro, pues son estos los papeles que permiten la visibilización de las problemáticas que han enfrentado a lo largo de la historia.


Finalmente, reconozco el trabajo que Lunajero Teatro ha realizado desde el inicio de su agrupación, así como la enorme evolución que han tenido en el quehacer escénico del estado (en la Muestra Estatal de Teatro 2021 obtuvieron la mención ganadora a mejor dirección y mejor obra con Papá está en la Atlántida). Esperamos que sigan apostando por la visibilización de temas tan importantes como los señalados por Salcedo en La ley del Ranchero.

Lotería y dos entremeses: Feria Cervantina

Hay dos cosas que disfruto como nada en el mundo: hacer teatro y ver teatro. Y en Ciudad Juárez existen dos festivales que ya cuentan con una enorme tradición, uno de ellos es el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro y el otro es el Festival de Teatro de la Ciudad. Yo juro que desde que los descubrí, he hecho mi mayor esfuerzo por asistir a cada una de las obras que se presentan. Me encanta poder analizar cada momento, desde que se entra al auditorio para comprar un boleto, hasta las expectativas que se generan cuando se observa la escenografía por primera vez o la música que cada compañía selecciona para que suene entre llamadas. Sin embargo, este año fue la excepción, me quedé sin poder disfrutar de la mayoría de las obras seleccionadas (y debo decir que este año hubo una excelente elección, para muestra las ya analizadas en este espacio: Soy espejo, dirigida por Fabián Villalpando; y Quisiera ser, unipersonal de Ricardo Aguirre). Y aunque triste por mi suerte, también estaba muy segura de que, al menos, la obra con la que cerraría el festival no me iba a decepcionar. 

Fotografía de Edel Méndez

Hybris Teatro es uno de los grupos que más ha crecido en los últimos años (desde 2013 a la fecha). Ha participado activamente en el Festival de Teatro de la Ciudad, así como en la Muestra Estatal de Teatro, llevándose el reconocimiento y cariño del público. Y vaya, lo confirmaron durante la presentación de Feria Cervantina, la tarde-noche del domingo 31 de julio. Iniciaré, entonces, con mis impresiones sobre el montaje: mientras el público hacía la fila para acceder al recinto, ahí mismo en el lobby del Auditorio Benito Juárez, aparecieron comerciantes callejeros, anunciando y “vendiendo” globos, pepitas y aguas. Llamaba la atención su vestuario: cada ejecutante tenía un mandil alusivo a la lotería mexicana. Aquí debo hacer una pausa, disfruto que la agrupación se tome la libertad de comenzar el espectáculo incluso antes de las primeras llamadas, para ir creando ese ambiente propicio que necesitará a la hora de que comience, oficialmente, la función. Pues bien, ya ingresando a la sala, las y los comerciantes continuaron invitando al público a consumir sus productos, así como a participar del famoso juego mexicano: la lotería. Y por supuesto, las cartas que se mencionaban hacían alusión a los personajes de cada entremés.

Feria Cervantina, dirigida por Jéssica Hernández y Marco Martínez, (y con elenco de lujo: Christian Valenzuela, Estefanía Estrada, Mariana Ruacho, Marco Martínez y Jéssica Hernández) se compone de dos entremeses cervantinos: El vizcaíno fingido y El viejo celoso. El primero trata sobre cómo Solórzano y Quiñones buscan burlar a Cristina a través del empeño de una cadena; el segundo, de la desesperación de Doña Lorenza al tener un marido celoso y viejo. Por lo cual su vecina Hortigosa, cual celestina, burlará al marido de ésta para que pueda conocer a otro hombre. Cabe mencionar que los entremeses son piezas cortas que se ejecutaban entre obras de mayor duración. En entrevista con los directores de Hybris Teatro, me comentaban que incluso tenían pensado presentar tres entremeses pero que finalmente se quedaron solo con dos. 

Fotografía de Edel Méndez

Hubo un elemento que me pareció complejo de resolver: el lenguaje. Al inicio, cuando se presenta la lotería mexicana, el habla es totalmente coloquial. Sin embargo, al término de este primer momento y de dar pie al entremés, el lenguaje empleado es el propio del siglo de oro español. Esto al principio generó extrañamiento, ya que como se había presentado un lenguaje mexicano e informal, se pensó que así sería el resto de la obra. Honestamente, yo imaginaba que entonces nos presentarían una versión libre de las piezas de Miguel de Cervantes. ¿Podría tomarse como un choque entre la propuesta? No se puede negar la dificultad que conlleva montar teatro de hace cinco siglos y esa dificultad se hace presente en el oído de las y los espectadores, aunque el público termina por acostumbrarse y también termina por entender. 

Respecto al diseño del espacio, este se vio decorado por papel china y luces en la parte superior del escenario. Fuera de eso, la dirección propuso cuatro bancos de diferentes colores y tamaños que permitieran jugar con las situaciones. Como bien puede observarse en las fotografías, el diseño de vestuario también fue propio de los personajes característicos de lo mexicano, como el pachuco. Fue interesante espectar entremeses españoles con un vestuario tradicional mexicano. Otra función importante de la vestimenta se dio a través del cambio en los roles de género, si bien en el El vizcaíno fingido Jéssica Hernández interpretó a un personaje masculino; en El viejo celoso, los actores interpretan todos los personajes femeninos y las actrices a todos los personajes masculinos. Esta propuesta fue divertida y aunque claramente algunas actuaciones caían en el estereotipo, no afectaron la trama. Otro elemento de gran importancia fue la música, entre trova y bohemia, que acompañó durante todo el espectáculo. Según la directora y el director del montaje, “los entremeses se cantaron con arreglos originales, así como una canción original de Lalo Jasso”, gran acierto de la dirección. En la música, también acompañó la dulce voz de la actriz Mariana Ruacho.

Finalmente, vuelvo a confirmar lo mucho que disfruté Feria Cervantina. No es sencillo montar teatro áureo español, mucho menos respetando el texto original. De la premiación se llevaron el reconocimiento a “Mejor dirección”,  “Mejor actor” para Christian Valenzuela y el segundo lugar en la categoría profesional. Así que les celebro y espero que también puedan presentarse en el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro del próximo año. ¡Cómo no, con una obra cien por ciento juarense!

Otra de mis alegrías, producto de la última edición del festival, es ver el compromiso de la misma comunidad teatral. Como algunas personas sabrán, se otorgan premiaciones económicas al primer lugar en la categoría amateur y a los tres primeros lugares en la categoría profesional. Sin embargo, hubo cambios en la distribución de los incentivos económicos. Angélica Pérez (Bethlem Teatro e Independiente) comenta lo siguiente:

“Pero este año hicimos algo diferente… Al final del sorteo de participación, las compañías nos unimos, firmamos un acuerdo y unificamos el total de los premios para dividirlos a partes iguales entre los 8 montajes, sin distinción alguna, decidimos hacer una fiesta toda la semana pasada y celebrar la escena. Decidimos que la competencia tuviera otras reglas y logramos de este Festival de Teatro #40 un encuentro distinto. Apostamos por la comunidad teatral y por una nueva mirada”. ¿Qué opinan? Yo les celebro.

Doble dirección en Las cortes de la Muerte

Fui afortunada de presenciar el auto sacramental Las cortes de la Muerte, obra atribuída a Lope de Vega, en el Víctor Hugo Rascón Banda. Primero, porque un recinto como ese cuenta con todas las facilidades para exhibir un gran espectáculo; y segundo, porque se mostró durante el 46 Festival Internacional de Drama Español Siglo de Oro, uno de los eventos más esperados por la comunidad juarense.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de Facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Las producciones del Centro Municipal de las Artes son conocidas por mantener la “originalidad” de los textos del Siglo de Oro que presentan. A diferencia de las propuestas realizadas por otras compañías donde la cercanía con el texto se realiza a través de la “versión libre” o la adaptación (con el propósito de facilitar la comprensión del público). Ambas formas tienen sus retos, pero mantener el tono y estructura de una obra del siglo XVI es muchísimo más complejo.

Las cortes de la Muerte es un auto sacramental. Este tipo de piezas dramáticas constaban de un solo acto y eran, evidentemente, de índole religiosa pues se presentaban durante las fiestas más relevantes de la tradición católica. En los autos sacramentales regularmente se presentaban personajes de tipo alegórico, como el Amor, la Envidia, el Pecado, entre otros. En la representación de la Compañía Teatral del Centro Municipal de las Artes hay una búsqueda por “privilegiar” el texto sobre la composición escénica. Sin embargo, este tipo de decisiones generan ciertos vacíos en la ejecución del montaje. Me parece que aún cuando algunos de los personajes contaban con una gran apariencia (vestuario y maquillaje), otros se encontraban apenas caracterizados. De la misma manera, la ejecución actoral deslumbró en las máscaras del Diablo (Roberto Escareño) y la Locura (Edwin Guardián), quienes lograron a través de su voz y corporalidad, atraer la atención del público. Y es que al ser alegorías, las expresiones pueden exagerarse por completo: son figuras totalitarias. Por eso fue tan impresionante ver el trabajo de Escareño al mostrarse, desde sus movimientos corporales, como un macho cabrío: una de las tantas encarnaciones de Lucifer.

 Como mencionaba, no es sencillo el auto sacramental, en él hay monólogos y por eso es relevante que la ejecución del resto de los personajes no se agote cuando no hablan. ¿Qué estaría haciendo en silencio el Pecado, el Tiempo, la Envidia o el Amor?

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

La obra presentada contó con el montaje original de Claudia Gutiérrez y con la posterior dirección de Ángela Gastelum. Desde el principio del evento se dedicaron palabras a la trayectoria de la maestra Gutiérrez quien se desempeñó como directora del CMA y quien murió a inicios de este año. En realidad, tanto la presentación, como la función y la entrega de una placa en su honor, fueron en conjunto un bello homenaje. Comento estos detalles porque considero que mucha de la dirección de la maestra Gutiérrez se quedó en la versión presenciada la noche del martes 12 de abril. Y que, a pesar de contar con una propuesta por parte de Ángela Gastelum, el momento no era idóneo para realizar grandes modificaciones. Para comprender más sobre el proceso de dirección, así como para averiguar si mis impresiones eran correctas, me atreví a preguntarle a la responsable del montaje visto: ¿Cuál fue el mayor reto que tuvo al dirigir un proyecto que ya tenía una dirección previa? 

El mayor reto fue tratar de respetar las ideas de la maestra Claudia, que en paz descanse. Ya que era muy poca la información brindada. En cuanto a que ni ellos (el alumnado) entendían la visión que ella tenía para este montaje. Fue tratar de descifrar ¿por qué cortó partes del texto?, ¿por qué no trabajó alguna adaptación?, ¿por qué dejó tal cual algunas partes del texto? Otro de los retos fue que el elenco original no estaba y los nuevos alumnos no tenían claros los trazos. En tres personajes tuve que intervenir, ya que no tenían idea de qué hacer ante un texto únicamente aprendido. Es difícil porque en la compañía había chiquitos de segundo semestre de la carrera como el Ángel o el Hombre, y también egresados con amplia experiencia como la Locura. Entonces no se puede acelerar el proceso de formación. Y en realidad fue muy poco el tiempo que tuve con este montaje: 2 meses. 

¿Cuáles fueron las modificaciones que realizó de acuerdo a su nueva propuesta de dirección?

Traté de mover lo menos posible el montaje. Pero de las cosas que más destacan son:

  1. Subir a la Muerte al trono, separándose de las pasiones.
  2. Montar trazos específicos en algunos personajes.
  3. La iluminación (pues no se contaba con algún antecedente propuesto por la maestra Claudia).
  4. Crear la coreografía del final.
  5. Y trabajar aspectos técnicos en los actores, como el acondicionamiento físico, la dicción, la expresión corporal y la comprensión profunda del texto. El conectar con el otro a pesar de que no tengo interacción con él, pero sí comprendo lo que dice el otro en su monólogo. Ya que las interacciones eran contadas.

Como podemos leer, no es sencillo asumir la dirección de un montaje ya trabajado. Sobre todo cuando no se tiene el interés de borrar la huella de quién antecede. Esta disposición y entrega también son parte del homenaje. Finalmente, debo confesar que Las cortes de la Muerte me ha parecido una de las mejores representaciones de la compañía del CMA. Me pregunto: ¿Qué nos entregarán para la siguiente edición del Festival?

¿Y si nos juntamos para Navidad? 

Por lo general no me entusiasma leer que una obra se presentará en una locación secreta. Pienso: ¿dónde será? ¿quedará muy lejos? ¿y si no logro llegar? Y es que la ubicación se confirma hasta después del pago (transferencia bancaria). En fin, mi querida amiga Grecia y yo nos organizamos para asistir. La cita se dio en la Ramón Corona, cerca del Malecón. Si bien, la escena teatral juarense ya había experimentado en una ubicación cercana (el Laboratorio Escénico Teatro de Fronteras), la propuesta dirigida y escrita por Cabe Tejeda, apuesta por proveer a las y los espectadores la oportunidad de presenciar una obra basada en hechos reales en el sitio donde ocurrieron dichos sucesos. Me parece que este capricho o virtud del director nace de su quehacer cinematográfico como actor, cineasta y creador. Es latente la búsqueda de una locación real y natural, algo que el teatro, al ser artificio, pocas veces puede ofrecer. 

Fotografía de Comedia sin título

Al entrar a la casa, se nos explicó que en algunas paredes y objetos se habían colocado fragmentos que contaban anécdotas de la familia. Este detalle me parece muy interesante, sobre todo si se releen al finalizar la función, ya cuando se haya empatizado con los personajes. Como público, pudimos atestiguar el paso de los años en la decoración, muebles y paredes: figuras de porcelana en los estantes, sillones viejos en tapiz floreado, una decena de ollas y recipientes por toda la sala y comedor. Se avisa la tercera llamada, inicia con ruido de lluvia, detalle coherente para dar paso al sonido de las goteras, realizado por los mismos ejecutantes durante la mayor parte de la obra. 

Goteras en la casa es la historia de tres hermanos distanciados a los que la enfermedad de la madre vuelve a unir. Cada uno de ellos expone sus conflictos, intereses y necesidades a través de un monólogo que se intercala con el de los otros dos ejecutantes. Esta estructura enriquece la puesta en escena, pues logra generar distintas formas de narrar las vivencias personales, diferenciándose su estatus social, económico y emocional. La naturalidad, ya antes mencionada, es palpable en la ejecución actoral de Alan Escobedo (Chava), Mayra Mejía (Alina) y, sobre todo, de Óskar Morr, quien generó en “Andrés” un personaje entrañable. 

“Lo que le pasa a esta casa, le pasa a nuestra familia”. Y es que el agua que se drena del techo, las paredes amarillas y el desgaste de los años, son un reflejo del abandono en el que tienen a la madre. ¿Cuántas familias pueden estar en la misma situación? ¿Cuántas y cuántos no nos hemos distanciado de personas que amábamos? ¿Y cuántas de esas personas, ahora resultan extraños y ajenos a nuestras vidas? Es así que la puesta en escena revela su propósito: conectar con las y los espectadores a través de la nostalgia. 

Fotografía de Comedia sin título

En conversación con uno de los actores de Goteras en la casa, me comentó que la invitación para participar surgió a inicios de 2020, que la mayor parte del trabajo de mesa se tuvo que realizar de manera virtual debido a la pandemia, por lo que incluso, la puesta en escena se pensó para el formato digital. Afortunadamente, no desistieron de la propuesta presencial y después de una gira por el estado (Red de teatros, 2020), y ya tres temporadas presentadas, puedo recomendar ampliamente la experiencia teatral en la casa azul de la Ramón Corona. 

Hipertextualidad e intertextualidad en Cóbraselo caro de Élmer Mendoza

Élmer Mendoza nació en Culiacán el 6 de diciembre de 1949. Es narrador y miembro de la Academia Mexicana de la Lengua, del Sistema Nacional de Creadores de Arte y de El Colegio de Sinaloa. Se le conoce como el mayor representante de la llamada narcoliteratura. Entre su obra se encuentra: Un asesino solitario, El amante de Janis Joplin, Efecto Tequila, Cóbraselo caro, Balas de plata, La prueba del ácido, El misterio de la orquídea calavera y Nombre de perro

Cóbraselo caro es la historia de la locura «quijotesca» o del descubrimiento de la realidad de Nicolás Pureco, un hombre mayor que es dueño de tres restaurantes de «comida mexicana» en suelo americano. Una noche sus padres muertos deciden visitarlo para darle la mala noticia de que sus días están contados. Él, por su parte, tiene la necesidad de hacer algo más que le dé significado a su vida: encontrar las piedras que alguna vez fueron el cuerpo de Pedro Páramo, personaje emblemático de la novela de Juan Rulfo. Por lo que Pureco irá a distintos lugares de México en su búsqueda y se topará con el mundo fantasmal de la novela que tantas veces ha leído.

Portada de Cóbraselo caro

Analizaré dos tipos de transtextualidad en Cóbraselo caro; la intertextualidad y la hipertextualidad que utiliza el autor para «homenajear» a Rulfo y recrearnos el ambiente fantástico de Comala, así como de otros lugares del territorio mexicano. Mendoza busca imitar la estructura del texto, la repetición de personajes y la alusión directa a los pasajes más representativos de Pedro Páramo. El análisis se hará de acuerdo con los términos que Gerard Genette propone en su texto Palimpsestos: “Se trata de lo que yo rebautizo de ahora en adelante hipertextualidad. Entiendo por ello toda relación que une un texto B (que llamaré hipertexto) a un texto anterior A (al que llamaré hipotexto) en el que se inserta de una manera que no es la del comentario” (14). Sin Pedro Páramo, Cóbraselo caro no existe, pero ¿qué obra no se basa en otra obra? Todos los textos se basan en otros textos, es natural la influencia literaria, aunque diría Genette que algunos se basan aún más que otros textos, o como afirma también Julia Kristeva: «un texto se construye como mosaico de citas, todo texto es absorción y transformación de otro texto» (apud. Álvarez Lobato, 120). Por su parte, Lauro Zavala deja clara su teoría respecto a los textos posmodernos que, basándose en textos clásicos y/o modernos, nos ofrecen interpretaciones propias: 

La dimensión posmoderna de un texto o de una interpretación intertextual posmoderna consiste, precisamente, en la superposición de elementos clásicos y anti-clásicos. Así, por ejemplo, es posible resemantizar un texto clásico al asociarlo con otros textos modernos (o resemantizar un texto moderno al asociarlo con un texto clásico), produciendo así una yuxtaposición que llamamos «posmoderna» a partir de esta mirada asociativa. Es en este sentido que se puede afirmar que la lectura posmoderna de un texto cultural es responsabilidad de las asociaciones intertextuales que el lector proyecta sobre ese texto.

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La interpretación que Nicolás Pureco tiene sobre la obra de Rulfo es profundamente literal. Es así como la mímesis se extiende; en el hipotexto la narración se divide entre lo que le sucede a Juan Preciado y lo que sucedió con Páramo. En la obra de Élmer Mendoza tenemos dos tipos de narración: la primera con un narrador omnisciente que nos guiará por los pensamientos, hazañas y descubrimientos de Pureco, y la segunda de forma epistolar escrita en primera persona por la esposa del protagonista, Lily. Físicamente en el texto las divisiones entre ambas narraciones son clarificadas con un largo espacio entre una y la otra. Sin embargo, en dos ocasiones durante la novela el narrador en primera persona no será Lily: la primera vez se nos presenta un monólogo interno de Pureco y la segunda para escuchar la voz de un muerto. Hay que recalcar que los personajes en Cóbraselo caro son planos: no sorprenden, no convencen. Se mantienen en una superficialidad a lo largo de toda la obra.

Los personajes principales son originarios de la ciudad de Chicago, Pureco es un chicano que toda su vida ha renegado de su herencia mexicana, ahora a pocos días de su muerte decide viajar por las tierras de sus padres: Zacapu, Tuxcacuesco, San Juan de Dios, San Gabriel, Apulco, Zapotlán, al volcán Ceboruco y por supuesto la alusión directa a La media luna y Comala. Espacio en el que se le revelará la relación entre vivos y muertos.

No se trata de una alusión implícita del hipotexto (texto A) sino que se tiene directa y literalmente la obra dentro de la ficción y se procurará su lectura de una forma sagrada: «Voy a leer la novela de nuevo, tal vez allí esté la clave» (17). Y mucho antes se narrará:

De pronto anunció: Encontraré las piedras del cuerpo de Pedro Páramo sea como sea, ¿Cuándo las perdiste? Lily, que se hallaba malhumorada y recordaba mal su lectura de la novela más importante del siglo XX, pero no es así el final, objetó: ¿Qué no se hace polvo?, Pureco sacó de su guayabera un ejemplar bastante maltratado pero no lo abrió, sólo por seguridad pronunció las últimas palabras: «Dio un golpe seco contra la tierra y se fue desmoronando como si fuera un montón de piedras». ¿Cómo se llamaba la mujer que intentó moverlo al final? No me acuerdo, bebió el resto de ginebra de su vaso térmico, desde luego que se acordaba, sólo que pensó que no valía la pena mencionarlo, tomó un pedrusco del suelo, lo sopesó y lo guardó junto al libro, Lily se puso de pie, ¿Tienes idea de dónde encontrarlas?, cuatro gavilancillos sostenían el universo, No.

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Por otro lado, los padres muertos de Nicolás Pureco que vienen del más allá, son nada más y nada menos que personajes que hacen referencia a los de Rulfo: mismo nivel social, económico, lingüístico. Y éstos, aún siendo analfabetas podían entender Pedro Páramo porque el texto correspondía con cada una de sus vivencias:

Mientras disponían los cuerpos para viajar revisé la casa, encontré un ejemplar de Pedro Páramo ¿Y esto? En su habitación; la misma tía, que ese día regresó a Zacapu para siempre, me platicó que lo hojeaban y que cuando no quedaban suspensos se desternillaban de risa, con los ojos llorosos terminaban diciendo que lo que ahí se contaba era igualito a lo que le había ocurrido a algún amigo y a no pocos miembros de la familia. Tía, pero ellos no sabían leer, Lo mismo digo.

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Para algunos teóricos, la hipertextualidad es igual a la intertextualidad. Kristeva, por ejemplo, comprende la intertextualidad como algo más grande e importante que lo que Genette considera por el mismo nombre.

Tenemos entonces tres elementos; la alusión, la cita y el plagio. El título de la obra a analizar es «Cóbraselo caro» y la referencia paratextual remontará al lector a las palabras, en la novela de Rulfo, de Dolores Preciado a Juan Preciado: «No vayas a pedirle nada. Exígele lo nuestro. Lo que estuvo obligado a darme y nunca me dio… El olvido en que nos tuvo, mi hijo, cóbraselo caro» (5). La alusión directa al hipotexto es clara, aún cuando a lo largo de la novela el conflicto central no se base en una venganza sino en un homenaje al protagonista rulfiano. La intención, diría Lausberg, es lúdica, tiene que probar la «erudición» del lector (Beristáin, 16). Así encontramos alusiones directas e indirectas durante toda la obra:

¿Has leído Pedro Páramo? Al escuchar el nombre que los atendía soltó el plato de sashimi que no se rompió porque era de plástico pero provocó el suficiente escándalo como para que el dueño lo mirara con ojos de ¿qué te pasa, imbécil? Vine a ver a mi padre porque me dijeron que vivía por aquí. Pues se trata de él, al morir su cuerpo se resquebrajó como una estatua sin suerte, cuando lo pienso siempre llego a lo mismo: un camino que serpentea, una luz que vacila, una bajada, una subida, ¿Tenés una cabra en casa, boludo?

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El plagio es otro de los elementos intertextuales que menciona Genette. Es entonces una copia literalmente de otro texto pero de manera implícita. Estas referencias son recreadas e indirectamente el lector erudito podrá reconocerlas. Por ejemplo: En la novela de Rulfo durante sus primeras páginas se describe: «El camino subía y bajaba: Sube o baja según se va o  se viene. Para el que se va, sube; para el que viene baja» (6). En Cóbraselo caro, Nicolás Pureco muere y se lleva junto con la muerte su pérdida de memoria así como su poca lucidez. Al principio se muestra impotente por el robo de los huesos fosilizados de Don Pedro por la Dra. Campuzano pero luego sólo se le olvida. El personaje se encuentra en otro plano, en que el «buen» lector podría suponer desde el comienzo de la obra dadas las referencias, citas y alusiones a la obra canónica. Al final solo se narra: «Y el camino bajaba, subía y daba vuelta» (123).

La finalidad de Cóbraselo caro es homenajear a Rulfo, las alusiones directas están a lo largo de toda la obra, sin embargo el objetivo parece ser otro: la búsqueda de una identidad mexicana. Los personajes se adentran a un México que no conocen y se construye durante la narración la experiencia del que es ajeno a su propia herencia. La reiteración del plagio gastronómico de sus restaurantes que no llegan al nivel del auténtico sazón mexicano: «No es que lo mexicano le interesara, el asunto de la comida era un negocio y como tal funcionaba, que su pozole y su menudo no se parecieran en nada al de Jalisco o Campeche lo tenía sin cuidado, igual generaba nostalgia, que era lo que la gente buscaba» (38). Esa respuesta nostálgica es la que pretende la obra; le presenta al lector una temática relacionada directamente con la novela más representativa del mexicano, alude una guía turística por los sitios emblemáticos y también en la constante repetición del menú tradicional mexicano.

La búsqueda de esa identidad lo lleva también a nombrar las muertes de todos los habitantes de Comala; desde estudiantes que murieron en el 68 durante la matanza de Tlatelolco hasta aquellos que siguen siendo exterminados por el gobierno. Estas referencias nos llevan a preguntarnos ¿qué es Comala para el autor de Cóbraselo caro? Donde antes había solo dos muertos ahora hay miles, y cada uno de ellos se define como sólo polvo. Se busca entonces por medio del mito y del hecho resaltar la violencia icónica de nuestro país, como objetivo primordial de la novela.

En conclusión, Cóbraselo caro es una novela con muchos elementos intertextuales e hipertextuales. La literalidad, las alusiones directas e indirectas, las repeticiones, los plagios y copias de la obra del autor jalisciense funcionan a manera de homenaje, a la que Mendoza considera la mejor novela del siglo XX, y también de la proyección del chicano hacia una búsqueda por sus raíces mexicanas. 

Es clara la influencia y admiración que Mendoza tiene sobre Rulfo, pero la obra se queda corta, es una interpretación posmoderna del gran texto del siglo pasado. No proyecta las cualidades argumentales y estructurales del hipotexto en el que se basa. Pedro Páramo deja de ser la gran figura para convertirse en el esqueleto, en las piedras, en un miembro de dieciséis centímetros que sólo resalta el protagonista con un «Ah, Damiana Cisneros, no tienes idea de lo que te perdiste cuando te negaste a abrirle la puerta a don Pedro» (79).

Bibliografía:

Álvarez Lobato, Carmen (Comp.), Noticias del intertexto. Estudios críticos sobre intertextualidad en la literatura hispanoamericana. Universidad Autónoma del Estado de México, México D.F., 2008.

Beristáin, Helena. Alusión, referencialidad, intertextualidad. Universidad Nacional Autónoma de México. D.F., 1996.

Genette, Gerard. Palimpsestos. La literatura en segundo grado. Taurus, 1989.

Mendoza, Élmer. Cóbraselo caro. Tusquets, México D.F., 2005.

Rulfo, Juan. Pedro Páramo. Editorial RM, México D.F., 2014.

Zavala, Lauro, Cartografías del cuento y la minificción. Editorial Renacimiento, España, 2004

Gira por el Norte: Los habladores

Los habladores, publicado en 2006 (en 2013, primera versión digital), es un recopilado de 23 historias escritas por el dramaturgo, ensayista, narrador y director escénico David Olguín. Los textos que conforman la antología, son un entramado entre la narrativa y el monólogo, a los que Olguín definió como “historias del género baciyelmo* […] (que) pueden ser leídos y hablados”. Sin embargo, es importante aclarar que lo visto en escena (al menos lo que correspondió a esta gira en Chihuahua) fue una serie de siete monólogos que no aparecen en la citada obra literaria. 

Fotografía de Claudia Fernández

La propuesta de Teatro el Milagro, luce por la experiencia y presencia escénica de sus ejecutantes: Diego Jáuregui, Valeria Navarro, Silverio Palacios, Laura Almela y Joaquín Cosío, pues lograron la absoluta atención de quienes asistimos. Sus excelentes actuaciones nos permitieron reír y reconocer, al mismo tiempo, situaciones reales y humanas, como la avaricia, la ignorancia, la indiscreción o el exceso, sin caer en discursos moralistas. Cabe resaltar el monólogo que ejecutó Navarro. Pues aunque contenía tintes cómicos, mostró una de las muchas realidades que viven las mujeres en México: el abuso sexual.

Y es que “Los habladores” son eso, así tal cual, personas de distintos perfiles que nos cuentan sobre los momentos que marcaron parte importante de sus vidas: desde la enfermera que es acusada de inyectar Covid 19,  hasta el luchador que asume, con el mayor convencimiento, haber combatido contra sus héroes desde el más allá. También, la aparición del personaje del presidente Andrés Manuel López Obrador, interpretado por Jáuregui, permite a través del humor presentar una crítica de nuestra realidad política. 

Otro aspecto que debo reconocer, y que solo es plausible en la puesta en escena vista (ya que la antología presenta mayor diversidad de edades), es el que la mayoría de los personajes nos muestren personas que sobrepasan la mediana edad. Esto se vuelve relevante en un contexto en el que, incluso el teatro, propone constantemente producciones en las que podemos ver mayoritariamente a personas jóvenes. Donde sus historias son, comúnmente, el eje central. 

Fotografía de Claudia Fernández

En cuanto al desarrollo técnico de la propuesta, hay aspectos que mejorar, como la proyección de textos que funcionaron como preludio a cada montaje, ya que se apreciaban mal enfocados o con poca luz. Otro aspecto que afectó la visibilidad de las y los espectadores fue la colocación y nivelación de las butacas. Ignoro el por qué en esta ocasión (y en el Rally Nora) en la Sala Experimental Octavio Trías (CCPN) fue tan difícil disponer de asientos que permitieran disfrutar el espectáculo de pies a cabeza. Pienso que quienes se sientan en la fila ocho o diez deberían ver lo mismo que quienes están en la primera o segunda (quien escribe se sentó en la tercera hilera y tuvo que hacer esfuerzos mayúsculos para poder apreciar la puesta en escena).

Finalmente, me parece importante reconocer el esfuerzo de Telón de Arena y Teatro Bárbaro por colaborar y ser parte de la gestión para que obras como Los habladores pisen territorio norteño.

Fotografía de Claudia Fernández

*Según la Real Academia Española, el término baciyelmo significa “Situación o realidad caracterizada por la pretensión de conciliar, mediante una fórmula híbrida, posiciones o conceptos enfrentados”.

Rally Nora 2021: Emilio y Día de descanso

Después de una exitosa primera edición, Grupo Nora arrancó el rally 2021 en el que 30 artistas escénicos formaron equipos para crear, en menos de una semana, una obra de teatro. Si bien, la dinámica para generar las propuestas fue muy similar a la entrega anterior, en esta ocasión no hubo textos creados, con anticipación, sino que los mismos equipos los escribieron colectivamente. Otro de los cambios más notorios, se dio en la organización de las agrupaciones, ya que el año pasado se logró apreciar una clara igualdad de género en cuanto al número de directoras y directores que participaron (lo mismo con la cantidad de ejecutantes, escritores y escritoras). Curiosamente, en esta ocasión, solo dirigieron varones. ¿Será que las mujeres no tienen interés en la dirección escénica? Por otro lado, se le otorgó importancia a la figura del productor y productora. También es importante mencionar que, finalmente, el Rally Nora pudo vivirse de manera presencial en la Sala Experimental Octavio Trías. 

Imagen de la página de Facebook de Nora Lab

Viernes 14 de noviembre

Emilio

Emilio inauguró el Rally Nora 2021, bajo la dirección de Humberto Morales y con la producción a cargo de Jorge Rodallegas. En el espacio escénico se encontraba un sillón frente a un televisor de gran tamaño que proporcionó una lúgubre iluminación, adecuada para sumergirnos en la ansiedad del personaje principal, Karla (Tania Hernández), quien aparece de pie en medio de una crisis. Debo mencionar que, al tener un gran número de acciones en el piso o en el sofá, la visión, para quienes nos encontrábamos en las últimas filas, no fue la mejor. Por lo que tuve que cambiarme de lugar.

La claridad del argumento careció de lucidez. “¿De qué trata?” me pregunté varias veces. Apareció entonces, entre sueños, el monstruo demoníaco (Juan Barragán) retorciéndose, junto a Karla, en una perturbadora y brillante coreografía, por mucho, lo mejor del montaje. ¿Pero dónde está Emilio? ¿Por qué su importancia? El personaje interpretado por Victoria Valles lo menciona: “Hubiera preferido que me engañaras con una persona con vagina”. Queda claro que ambas se enfrentaban al duelo de su relación. Sin embargo, no hubo fluidez entre las actrices, por lo que la relación lésbica se apreció forzada.

Es de reconocerse el interés por incorporar elementos del terror, sobre todo porque sí se logran instantes muy tétricos, sin embargo, la composición de su argumento no permitió una mayor claridad en la propuesta.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Día de descanso

¿En qué momento el trabajo puede convertirse en lo más importante, al punto de desprenderte de tu propia vida? En Día de descanso, nos encontramos con Azul (Ivonne Rosas), una periodista dedicada a su labor, a la que su jefe (Aarón Ríos) le otorga un proyecto sobre los planos del Bravobus. Este suceso, principal en la trama, tiene como paralelo una extraña enfermedad que paraliza al mundo: las personas caen en estado de coma de manera aleatoria. Esta premisa, por demás interesante, pasa a segundo plano. No interesa el estado de emergencia sino trabajar, trabajar y trabajar. 

La composición del espacio escénico fue atrevida y bien lograda pues el equipo 2, dirigido por Alan Posada y producido por Elizabeth Ricalday, escenificó Día de descanso desde uno de los palcos laterales del Trías. Esto permitió que la obra, cuál formato de río, se apreciara claramente. De esta manera, por un lado se podía observar a Azul trabajando, tomando café, ansiosa por encontrar los planos y, por el otro, a su jefe haciendo ejercicio, bronceándose, tomándose selfies y hasta grabando un Tik Tok. Momentos que generaron risas y aplausos entre las y los asistentes. Finalmente, la historia muestra a la pareja (Laura Galindo) de Azul, quien practica la meditación y lanza frases reflexivas que, lograrán que la protagonista se aleje del trabajo y disfrute la sensación de calma, todo antes de darse un beso que sellará su amor y que la situará en un estado vegetativo. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Aquí todos somos ladrones

El sábado 6 de noviembre, asistí a la segunda función de La casa del Senador, con texto del argentino Hugo Daniel Marcos y con la producción y dirección de Juan Pablo Cajero. El argumento principal es el de dos ladrones: Cacho y Pipo (interpretados por Jorge Huerta y David Hernández), que han decidido robar la casa del Senador (Osvaldo Esparza). Sin embargo, su propósito se verá interrumpido por una serie de visitas inesperadas que dejarán en claro que la avaricia de los dos ladronzuelos es nada, comparada con la del  político y su gabinete.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

El espacio escénico se compuso por una serie de mamparas que formaron las paredes, entradas y salidas de la sala, en la cuál toda la acción se desarrollaba. La escenografía, bastante tradicional, cumplió con su objetivo: todos los elementos del decorado y utilería fueron imprescindibles para facilitar y mantener los conflictos. Por otro lado, la música elegida figuró únicamente para presentar personajes o situaciones. En cuanto a los personajes, cabe destacar la actuación de David Hernández y de Frida Araujo, quien interpretó a la secretaria Lucía. Ambos me parecieron naturales y divertidos, al contrario del resto del elenco que se apreciaron más dubitativos. Por su parte, el personaje del Senador no es lo mejor que ha interpretado Esparza, quien cuenta con una amplia trayectoria teatral. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Cabe mencionar que es la primera vez que veo una obra de Hugo Daniel Marcos, sin embargo, Producciones Cajero ya había presentado “Un mal día”, también con la dramaturgia del autor argentino. La comedia de Marcos, tiene la estructura de una comedia de enredos, aunque como bien menciona Frederic Serralta: “Todo teatro es enredo”. Sin embargo, en La casa del Senador este elemento es lo más presente e importante que hay en toda la obra. Sin los nudos, no hay conflicto ni situaciones enrevesadas: desde los chicles laxantes hasta la ignorancia respecto a las identidades de los personajes. También, Pipo recuerda a la figura del “gracioso” en la comedia del Siglo de Oro, aunque ciertamente, este personaje “bajo” no es tan contrario (a excepción del nivel social y económico) del resto. Y es que la política representa, a lo largo de toda la historia, lo más grotesco y vil: desde las malas digestiones hasta las injustificadas transacciones millonarias. 

Si bien, no es el tipo de humor que disfruto, no puedo negar que la audiencia mantuvo la risa durante toda la función. 

*Se espera una tercera y última temporada de La casa del Senador para el mes de febrero del 2022.

Vivir mil vidas en la misma ciudad: Este título fue acribillado

Recuerdo la primera vez que miré a Manuel Bonilla durante el Festival de Teatro de la Ciudad del 2014. Lo mantengo en mi memoria porque él se veía muy emocionado con la presentación de Este título fue acribillado, texto con el que inició en la dramaturgia. En ese entonces, también fue el debut de Marco Martínez en la dirección. En fin, lo menciono porque en aquel tiempo, la obra me pareció confusa, no comprendía qué sucedía en escena. Ahora, octubre de 2021, el texto dramático se presenta nuevamente pero con la mirada de Gabbo Reyes.

Fotografía de Karla Torres

El Ático de la Kerrus (café y foro independiente) fue un espacio ideal para la propuesta de Pathos Arte Teatral, pues generó una sensación de completa intimidad.  El espacio escénico, oscuro y levemente iluminado en verde y rojo, se conformó a partir de la división por cortinas de tela, plástico, rejas; la diversidad del material permitió que cada uno de los cuadros se apreciara distinto, así como que tuviera un doble uso: proyección de imágenes y de texturas. La propuesta de encierro, atinada, me hizo imaginarme en el bajo mundo, presenciando algo que no debía observar. Por mucho, esta me parece la mejor dirección escénica de Reyes. 

Las actuaciones de Rafa Wong, Jazmín Beistegui y Victoria Valles, siempre mantuvieron un tono fársico, adecuado para la propuesta. Sin embargo, algunos efectos sonoros (como golpes o caídas) causaron que las mismas acciones se interpretaran como sucias, por el desfase cuerpo-sonido. 

Si bien, no se escenificó todo el texto de Manuel Bonilla, los tres cuadros seleccionados embonan perfectamente en un interpretación que le confiere mayor unión a los personajes pues pareciera que tanto la prostituta como la tendedera fueran la misma mujer en el limbo. Esta figura femenina encarna el dolor y la fiereza de vivir en una ciudad como la nuestra, sobre todo en el periodo 2007-2011. Y es que Juárez no ha dejado de ser una de las ciudades más violentas del planeta. Aquí se asesina, se tortura, se violenta constantemente. ¿Te imaginas reencarcar constantemente en la misma ciudad?

Fotografía de René Magallanes

*Este título fue acribillado se seguirá presentando del 7 al 10 de octubre.

La prietty guoman: en búsqueda del final feliz

El domingo 12 de septiembre el Centro Cultural Paso del Norte se engalanó con la presentación de La prietty guoman, espectáculo original con dramaturgia, dirección y actuación de César Enríquez y con la musicalización de Álvaro Herrera. La protagonista, una mujer trans veracruzana, narró mediante un show musical la búsqueda para encontrar un amor “bonito”. Y es que desde el título mismo es evidente el paralelismo con Pretty woman (1990, Garry Marshall) película que lanzó a la fama a Julia Roberts. En el film, Roberts interpreta a una prostituta que, cual suerte de Cenicienta, enamora a un hombre rico (Edward Lewis personificado por Richard Gere). Sin embargo, en la obra de Enríquez, La prietty guoman no la tendrá fácil, pues debe luchar continuamente contra la discriminación por su identidad sexual. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

La Doroty, espacio ficticio donde suceden la mayoría de los acontecimientos, fue parte del público desde la tercera llamada pues La voz del presentador nos iniciaba en el viaje de La prietty guoman. Un piano, un televisor que subía y bajaba, un sillón redondo y la parte trasera de un auto (que también funcionaba como ropero) fueron el adorno del espacio escénico. De la misma forma, la iluminación (siempre justificada) jugó un papel fundamental. Otro aspecto que destacó notoriamente fue el presenciar a un ejecutante tan completo, como César Enríquez, a nivel corporal y vocal. Y es que logró emocionarnos al ritmo de Celia Cruz, Mariah Carey, Madonna y Withney Houston.

El teatro cabaret, género en el que se incluye este montaje, con su distinguida resistencia política nos sacó aplausos, por ejemplo, al mostrar el famoso pañuelo verde, después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación despenalizara el aborto, así como una aguda crítica ante la diplomacia de Maru Campos  y el gobierno de López Obrador. Y es que el teatro se puede valer de mil formas para hacernos sentir, a veces mediante la elevada metáfora y otras mediante el humor, ese que parte desde nuestra realidad social. La emoción del público hizo evidente la necesidad de este tipo de espectáculos que favorecen una visión crítica de nuestro mundo actual.

Fotografía de Serena Morena

La prietty guoman hace incapie en la lucha de las mujeres trans por sobrevivir en un mundo donde la precariedad laboral y la discriminación las orillan a ser parte de la lista que compone el tráfico de mujeres; también, a susbisistir en un país donde pertenecer a la comunidad trans pareciera delito y un crimen por castigar. Y es que sistemáticamente el machismo impone un panorama que replica estigmatizaciones y violencias. Según El observatorio de crímenes de odio (Reporte índigo), tan solo en el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, fueron asesinadas por su orientación o identidad sexual 117 personas pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ. De la misma manera que, en Ciudad Juárez durante los años de la Guerra contra el narco, las mujeres trans fueron perseguidas por el gobierno de Felipe Calderón. Y es que al igual que La prietty guoman, cientos de mujeres trans se embarcan en la búsqueda del “final feliz”, ese mismo que el personaje de Julia Roberts encontró en el de Richard Gere. Desafortunadamente, la mayoría se topa con el desenlace sorpresivo, ese mismo que la noche de ayer nos transformó la risa en un sombrío gesto.