Yo he sido Homero, en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve seré todos: estaré muerto.
Jorge Luis Borges

Cuando uno ve una obra de teatro, a veces, puede verse a sí mismo en el escenario, hay una especie de anagnórisis que nos hace parte del elenco o que al elenco lo hace parte del público. Encontrarse en el otro, es, muchas veces, catártico.
En el montaje de Soy Espejo, por Grupo Nora, bajo la dirección de Fabián Villalpando, que se basa en cuatro textos de Henrik Ibsen, a pesar de la referencia clarísima desde el título, el encuentro con uno mismo va mucho más allá de solo reconocerse en el otro y va también más profundo.
A través de cuatro historias que se desarrollan una detrás de la otra e interponiéndose entre sí, el público enfrenta de manera simultánea el argumento del texto y el lenguaje corporal de los actores que detenta el mismo poder comunicativo de la palabra e, incluso en algunos puntos, más.
Esto se vuelve fundamental en el tejido del entramado escénico ya que mientras se expone la historia de cada personaje uno puede descubrir que no se trata solo de historias particulares, sino de la necesidad humana por resguardarse detrás de la máscara, símbolo por antonomasia de la hipocresía.
Y encontrar refugio detrás de una máscara o enfrentar las consecuencias sociales de no hacerlo, no es un problema único de Alicia (interpretada por Arely Hernández); ni de Eva Guerra (Nahomi Ochoa); ni de la señora Varela (Mayra Chávez); ni del doctor Saavedra (Jesús Piña), si no de todos y cada uno de los seres humanos dentro y fuera del escenario.
Por eso cuando uno está frente a esta puesta en escena no sólo se encuentra a sí mismo si no que encuentra a la humanidad completa, desde el principio hasta el fin, con el mismo miedo y los mismos errores, las mismas vergüenzas y los mismos dolores.
Jorge Luis Borges, en su cuento «El Inmortal», nos introduce en este problema filosófico a través de una trama sumamente inteligente y aguda: “Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy”.
En el cuento de Borges, un hombre bebe agua de un río cuyas aguas brindan la inmortalidad y descubre a través de reflexiones que la vida de un hombre puede ser la vida de todos los hombres cuando no hay más que una prolongación infinita de la vida y por lo tanto de sus posibilidades.
En Soy Espejo encontramos más que la inmortalidad, la continuidad de las desgracias humanas y su reproducción en ejemplos claros como en la perpetuidad del abuso sexual en la familia de la señora Varela, destinada a un fracaso irremediable.
Así los personajes enfrentan destinos trágicos trazados a perpetuidad y que bien podrían repetirse en cada uno de nosotros ascendente y descendentemente, sin fin ni solución, como el mito de Sísifo condenado a rodar la roca cuesta arriba a perpetuidad.
Es importante también el tema del suicidio que, de acuerdo con Albert Camus, va unido sustancialmente en el origen con lo que denomina “el absurdo”, o Sartre “la náusea, que no es más que el reconocimiento de un vacío existencial frente a una vida que de pronto no tiene sentido o no el sentido que se le había dado hasta entonces y que da paso al cuestionamiento por qué, por qué se hacen determinadas cosas y por qué se hacen de determinada manera. Es de alguna manera el despertar de la conciencia en un mundo irracional. Y la idea clara de que no se puede cambiar el destino.
Frente a esto de acuerdo con Camus (El mito de Sísifo): “La continuación es volver inconscientemente a la cadena o es el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento”.
Para Camus cuando se enfrenta al absurdo solo tiene dos opciones, suicidarse o volver a la cadena del mundo con la consciencia plena de que la vida no tiene sentido. De esta manera Alicia, despreciada por un hombre que creía era su padre y resulta no serlo, decide acabar con lo que queda de su vida después del absurdo. Mismo final de Eva Guerra. Mientras que la señora Varela y el doctor Saavedra regresan al mundo como desterrados y locos para vivir las migajas de una sociedad que castiga la lucidez y el despertar de la conciencia.
Este mensaje sería imposible de trasmitir solo con las historias que se plantean, por lo que la expresión corporal de cada una de las actrices y actor es fundamental para que el espectador conecte con la idea de que la historia de un ser humano es la historia de todos los seres humanos.
El momento clave de la obra para el juego de máscaras se da cuando Alicia se quita la suya para quedar abrumada en medio de un inmenso miedo, vulnerable y sola consciente del absurdo orillada al suicidio. Para que los demás personajes la retiren cargando ataviados con máscaras de espejos cantando: “Somos, somos todo lo mismo/ un eterno reflejo/ somos todos lo mismo”.
Soy Espejo
Reparto:
Arely Hernández – Alicia
Nahomi Ochoa – Eva Guerra / Gina
Mayra Chávez – Señora Varela / Eva Guerra
Jéssica Baylón – Espectro de la señora Varela
Ivette Villalobos – Espectro de la señora Varela
Jesús Piña – Doctor Saavedra / Osvaldo
