El terror y el miedo que emanan de Club VHS y otras cintas de lo extraño

Tanto la literatura como el cine de terror están intrínsecamente ligados al miedo. El concepto de un “miedo placentero” seguramente encontraría aprobación por parte de Carolina Depetris, ya que esto explicaría la recurrente y popular presencia de este género en ambas disciplinas artísticas, las cuales a menudo se nutren mutuamente. Un ejemplo destacado de esta relación es la obra Club VHS y otras cintas de lo extraño (2022) de Rafael A. Leyva. Durante la presentación de su libro en la XI Fiesta de los Libros 2023, evento anual organizado por la UACJ, el autor mencionó que los relatos incluidos en esta recopilación se alimentan principalmente de su profundo conocimiento y pasión por el cine de terror.

Esta influencia cinematográfica es evidente desde una primera ojeada, ya que cada historia, sea al inicio o al final, lleva el nombre de un director destacado en el género de terror: George A. Romero, Wes Craven, David Cronenberg, Lucio Fulci, Ruggero Deodato y John Carpenter. Por razones lógicas y también referidas por los presentadores del libro, el escritor juarense está familiarizado con el trabajo de cada director y los relatos son una especie de homenaje a su legado.

Portada de Club VHS y otras cintas de lo extraño.

Si bien reconozco que sería pertinente analizar los tres microcuentos presentes en Club VHS a partir de las referencias proporcionadas sobre los directores, cedo la tarea a alguien más versado en ese ámbito. Mi intención en este artículo es hacerlo desde una perspectiva teórica literaria, específicamente tomando en consideración las explicaciones de Carolina Depetris, Fernando Darío González Grueso y Axel Rivera Osorio, quienes abordan la estética del horror en la literatura de Edgar Allan Poe y Leopoldo Lugones, así como el horror en la literatura y la literatura del terror.

¿Horror o terror?

Antes de abordar los tres microrrelatos en cuestión, es importante reflexionar sobre dos términos: “terror” y “horror”. Muchos autores han destacado la diferencia entre ellos, ya que a menudo se utilizan como sinónimos cuando en realidad no lo son.

En el artículo de González Grueso, se exploran varios conceptos como el miedo, lo siniestro, el terror y el horror, con el propósito de plantear una teoría sobre éste último. Al respecto se mencionan diversas perspectivas, no obstante, sintetizo lo siguiente: el horror implica la presencia de algo antinatural, que puede ser físico, incompleto o amorfo, y que tiene el poder de dominar o destruir el mundo. Debido a su naturaleza amenazante, impura e incluso aberrante, provoca miedo y disgusto (36). Un ejemplo dentro de la antología de Leyva es “Marea blanca”. Este cuento corto narra la historia de un invierno crudo y prolongado, donde el protagonista, al huir de su casa invadida por un vecino repugnante y verdoso, descubre una verdad fatal:

Al andar por la avenida, pudo ver algunas de las protuberancias que colgaban de las vigas regadas por las calles, pero ahora tan grandes como podría serlo un ser humano. Los techos y los muros de las casas se hallaban cubiertos de esa nieve terrible que ya comenzaba a mostrar esa tonalidad verdosa. En todas partes brotaron hongos que se movían y palpitaban como pequeños corazones extirpados. Sabía que el amanecer estaba cerca, en el horizonte se apreciaron destellos de una luz verdosa. Avanzó hacia el albor del día; el despertar de una nueva tierra. La invasión había comenzado. (42)

La tensión de la historia se centra en cómo el personaje enfrenta el invierno en su casa hasta encontrarse con una criatura tan aberrante que decide abandonar su hogar, sugiriendo así que ésta no solo amenaza con invadir una habitación, sino con destruir el mundo.

Por otro lado, el terror se relaciona con el miedo a amenazas cercanas y, en cierta medida, superables, mientras que el horror genera desorientación (González Grueso 37). Es decir, el miedo asociado al terror puede ser manejable hasta cierto punto, a diferencia del miedo provocado por el horror. En cuanto al terror, Rivera Osorio menciona lo siguiente: desestabiliza nuestra realidad cotidiana, generando incertidumbre y un ambiente siniestro. Es una experiencia subjetiva que nos confronta con lo oculto, provocando dudas y retrocesos, y nos impulsa hacia lo desconocido (“La literatura de terror” párr. 11). El terror se basa en la ruptura de la normalidad y en la configuración de lo siniestro, lo que provoca miedo. Lo siniestro se entiende en el sentido descrito por Sigmund Freud en su ensayo de 1919: “Se da la sensación de lo siniestro cuando algo sentido y presentido, temido […] por el sujeto, se hace, de forma súbita, realidad” (Trías 44). Por esta razón, es un concepto que se asemeja a lo espantable, angustiante y espeluznante (Viñas Piquer 544-545). Y esto es precisamente lo que ocurre con los personajes masculinos de los tres microcuentos que se encuentran en Club VHS. Su realidad se ve fragmentada por la aparición de algo inesperado y extraño, volviéndose siniestra y generando una gran angustia que desemboca en un profundo miedo.

El miedo y sus clasificaciones

¿Cómo se provoca el miedo en la literatura? Rivera Osorio señala que el miedo es una experiencia intrínseca en los seres humanos, ya que todos lo han vivido en situaciones como las pesadillas, caminar en una calle oscura o cuando sucede algo fuera de lo común (“La literatura de terror” párr. 3). González Grueso comparte esta idea, pero apunta que el miedo utilizado en la literatura se origina a partir de lo desconocido y lo no familiar (32 y 44).

El autor también clasifica el miedo en la literatura, y me enfocaré en tres tipos que están relacionados con los microrrelatos: el miedo a seres/cosas/lugares reales, el miedo a lugares/objetos/seres imaginarios y el miedo a la destrucción del cuerpo/mente. Los títulos de los microcuentos son “Coming Soon (Función de medianoche)”, “Coming Soon (Belcebú)” y “Coming Soon (Donativo)”. Cada uno de ellos funciona como adelanto de una película de terror. El motivo lo cuenta el narrador-protagonista en el prólogo de Club VHS: él descubre un videoclub extraño la noche antes de Halloween y, aunque le sorprende la falta de personas en el lugar, elige tres filmes de terror para ver en su casa. Antes de proyectar cada película en su antiguo reproductor VHS, comienza un trailer.

Los tres microrrelatos son de terror, no solo por homenajear a un director específico, sino porque en cada historia se presenta un caos. Según Carolina Depetris, se refiere a la alteración del sentido habitual de lo real y es lo que impulsa a relatar algo e intentar describir lo que resulta inefable. Esto radica en la ruptura de un orden previo: lo conocido se vuelve extraño, impreciso y temible (97). En otras palabras, lo extraño se vuelve temible debido al caos. En el primer microcuento, esta transición ocurre cuando el protagonista regresa al baño del cine para ayudar a un hombre que tose incontrolablemente. En el segundo, sucede cuando termina de vomitar en la taza del baño. En el último, cuando entra en la oficina de la directora del asilo de ancianos.

En “Coming Soon (Función de medianoche)”, se puede observar el primer tipo de miedo: un objeto real se vuelve extraño. El personaje principal relata que es inusual ver a muchas personas en el cine a altas horas de la noche, pero eso no le molesta, ya que es un cliente frecuente. Antes de irse al estacionamiento, decide pasar por el baño pues ha bebido mucho. Al entrar, escucha a un hombre toser y vomitar excesivamente, lo cual le provoca repulsión y se retira. Sin embargo, siente culpa y decide regresar para ayudarlo. El caos comienza en este punto de la historia, ya que el hombre que tose sale del baño con una apariencia extraña y casi monstruosa:

Salió un hombre alto, vestido con un traje café, con la camisa blanca cubierta de una espesa brea negra que le escurría hasta los pantalones y le goteaba la boca, como si hubiera bebido de un barril de petróleo. Tenía los ojos completamente negros. Avanzó hacia mí con la intención de atacarme y corrí. (Leyva 8)

Leyva sugiere en las últimas líneas de este microcuento que la causa de la inusual apariencia del hombre es el refresco del cine. No solo porque otro sujeto sale corriendo hacia el baño, con la misma sustancia oscura en la boca, sino también porque se desata un estallido de gritos en el lugar. El objeto real, en este caso, un refresco común, se vuelve temible al mutar en su estructura. Deja de ser un líquido refrescante para saciar la sed y se convierte en una amenaza espesa que invade el cuerpo de la víctima hasta transformarlo en un monstruo irreconocible.

En “Coming Soon (Belcebú)” se ilustra el segundo tipo de miedo: a seres imaginarios. De acuerdo con Collin de Plancy en su obra Diccionario infernal (2009), Belcebú es reconocido como el príncipe de los demonios en las Escrituras y, según expertos en demonología, también como líder supremo del imperio infernal. Su nombre significa “Señor de las Moscas” de ahí la asociación de este insecto con su forma. Por lo tanto, todo lo que sucede en la historia es porque el protagonista es un demonio. El miedo a seres imaginarios abarca el temor hacia seres tanto posibles como imposibles, que incluyen monstruos, fantasmas y, precisamente, demonios (González Grueso 42).

Teniendo en cuenta lo anterior, la emoción que experimenta el personaje al final de la historia está relacionado con su propia naturaleza. El hallazgo de una mosca muerta al principio de la historia es un indicio de su transición de hombre a demonio, aunque él desconoce su verdadera condición y solo describe los extraños síntomas que sufre gradualmente.

Él narra que sale furioso del café y busca ayuda en una farmacia cercana. El doctor le indica que espere unas horas y tome medicamentos en caso de náuseas. Aliviado, no siente ningún malestar durante dos días. Sin embargo, desarrolla un aumento en el apetito, especialmente por cosas dulces. Después de una semana, la preocupación surge cuando vomita debido al exceso de glucosa. El caos se desata cuando observa diminutos gusanos blancos retorciéndose en la taza del baño. Intenta vomitar nuevamente, pero es demasiado tarde. Parece que esos insectos se han multiplicado dentro de su cuerpo, y escucha un zumbido que sale de su interior, imaginando cómo brotan de su boca como un río oscuro y aterrador. Al final, la transición se ha completado: ya no es un hombre, se ha convertido en Belcebú.

El tercer tipo de miedo se puede observar en “Coming Soon (Donativo)”. En esta historia, el protagonista experimenta el miedo al canibalismo (González Grueso 40). Relata que decide donar las pertenencias de su abuela fallecida al lugar donde la cuidaron. Al llegar, lo recibe una monja, quien lo conduce al despacho de la directora, pero en el trayecto observa un jardín y cómo algunos ancianos lo miran mientras murmuran. Una canción antigua resuena en el edificio y hay un fuerte olor a medicina. En la oficina, que resulta ser un comedor, se encuentra con una apariencia repugnante y un ambiente desagradable. Aquí ocurre el caos: intenta huir, pero es golpeado y despierta atado a una mesa, rodeado de viejos que se colocan dentaduras postizas. Una mujer con párpados hundidos es quien da el primer mordisco. El miedo a la destrucción del cuerpo se evidencia en la parte final de este microcuento porque se insinúa que aquellos presentes en el despacho son caníbales y tienen la intención de devorar a un hombre vivo.

Fotografía del autor tomada de su perfil de Facebook

Conclusiones

En resumen, los microcuentos leyvianos pueden ser considerados como obras de terror debido a la ruptura de la realidad en cada historia, que transforma lo conocido en algo no familiar, generando una angustia que se intensifica gradualmente hasta desembocar en el miedo. El autor aborda distintos tipos de miedo: a elementos reales (como un refresco), a seres imaginarios (como un demonio) y a la destrucción del cuerpo (como el canibalismo), temas recurrentes en la literatura de terror.

La creación de una atmósfera siniestra también juega un papel clave en la construcción de lo temible en cada relato. Este escritor juarense logra transmitir el desasosiego a sus personajes a medida que lo extraño y lo inquietante comienzan a dominar los lugares en los que se encuentran, sea un cine, un baño o un asilo de ancianos. Esto provoca en cada protagonista la sensación de estar frente a un peligro inminente que desencadena una situación incierta y, en última instancia, un profundo espanto.

En conclusión, Leyva logra despertar el terror y el miedo en sus microrrelatos, lo cual representa un desafío considerable en un contexto en el que los lectores contemporáneos son menos propensos a experimentar estas emociones debido a las explicaciones científicas y tecnológicas predominantes. Sin embargo, el miedo originado por lo incognoscible y lo ajeno sigue siendo una herramienta efectiva para la construcción de literatura de este género.

Referencias

Collin de Plancy, Jacques Auguste Simon. “BELZEBU”. Diccionario infernal. Valladolid: Maxtor, 2009.

Depetris, Carolina. “Estética del horror: La sublimidad en dos relatos de Edgar Allan Poe y Leopoldo Lugones”. Revista Chilena de Literatura, vol. 57, no. 1, noviembre 2000, 95-104. En línea: https://revistaliteratura.uchile.cl/index.php/RCL/article/view/39099. Consulta: 29 de mayo de 2023.

González Grueso, Fernando Darío. “El horror en la literatura”. Actio Nova: Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, vol. 1, 2017, 27-50. En línea: https://doi.org/10.15366/actionova2017.1.002. Consulta: 28 de mayo de 2023.

Leyva, Rafael A. Club VHS y otras cintas de lo extraño. Ed. Antonio Rubio Reyes. Ciudad Juárez/El Paso: Bagatela Press, 2022.

Rivera Osorio, Axel. “La literatura de terror o una redefinición de lo real”. Cuadrivio, 2012. En línea: https://cuadrivio.net/2012/09/la-literatura-de-terror-o-una-redefinicion-de-lo-real/. Consulta: 28 de mayo de 2023.

Trías, Eugenio. “Lo bello y lo siniestro”. Lo bello y lo siniestro. Barcelona: Ariel, 2006. 29-52.

Viñas Piquer, David. “La crítica literaria en el siglo XX: principales métodos”. Historia de la Crítica Literaria. Barcelona: Ariel, 2002. 355-577.

Sobre los tintes románticos de un cuento de Jaime Cano: “Siela”

La portada del libro Miseónica a primera vista nos invita a preguntarnos: ¿quién es el violinista que se está desvaneciendo poco a poco?, ¿es una visión?, ¿un sueño?, ¿un fantasma? Y al momento de leer la historia de este personaje, que se encuentra específicamente en el cuento “Siela”, nuestras preguntas son respondidas: esa disipación es doble para el protagonista; literalmente su cuerpo se está desintegrando por una causa que nunca se explica y además su estado de ánimo no es el mismo desde que su amada no está a su lado, así que desea fervientemente componer una pieza musical, tanto para recordarla como para disculparse porque, aunque tampoco se dan razones, se siente culpable. Este cuento corto, que se encuentra reunido con otros seis relatos en esta antología publicada en la editorial española Oblicuas en el año 2020, me remite casi como una flecha a la literatura del Romanticismo por lo cual trataré de analizarlo bajo ciertos elementos de esta época literaria.

Portada del cuentario

Para comenzar, el escenario donde nuestro violinista toca por última vez es un cementerio, concretamente ante la lápida de su amada que no se ha cubierto totalmente de la blanca nieve porque está siendo protegida por los brazos de un árbol. Esta escena que nos describe el narrador presenta uno de los objetivos de la literatura romántica: contrastar el triunfo de la naturaleza ante las obras del hombre, es decir, me remite a lo que estudia David Viñas Piquer en cuanto cómo son consideradas la naturaleza y la civilización dentro del Romanticismo:

Fotografía del perfil de Facebook de Jaime Cano

Desde este punto de vista, la naturaleza se convierte en un bien perdido, algo de lo que el hombre ha ido alejándose y a lo que desea volver. Y hay que tener en cuenta que el proceso civilizador empieza con el dominio del hombre sobre la naturaleza, con la utilización que hace el hombre de los elementos naturales en beneficio propio. Por eso la nostalgia llevará a cantar a una naturaleza indómita, que todavía escapa al dominio del hombre, una naturaleza que se manifiesta en forma de tormentas, terremotos, océanos embravecidos, etc.

(285-286)

En este caso, aunque el cementerio como tal es un lugar instaurado por el hombre con el fin de concentrar a sus muertos en un espacio gris, la naturaleza sigue presente para darle color a dicho espacio. Existe una contraposición de vida y muerte en una sola escena: las lápidas grises son pintadas de blanco por la nieve y el último recinto de la amada se acompaña del color rojo: unos tulipanes de ese mismo color cultivados por el violinista son los que se convierten en sus compañeros. El color de dichas flores pareciera no ser una elección inconsciente por el protagonista ya que representa un sentimiento que no se ha esfumado ante la ausencia física de Siela sino que, todo lo contrario, se ha fortalecido y sigue vivo sin importar las inclemencias: el amor.

Por otra parte, la caracterización del violinista es un claro ejemplo de los más comunes que se pueden encontrar dentro de la literatura del Romanticismo: es un personaje “tipo”, o sea, es uno de una sola pieza, sin inflexiones, determinado por su esencia a una sola actitud; es presentado por el narrador como un hombre profundamente enamorado, perseguido por la fatalidad ya que la amada se encuentra ausente y solo puede visitarla en sus recuerdos y, por esa razón, siempre tiene una actitud melancólica.

Esto último me conduce al tema del cuento: se representa un amor sentimental idealista. Un amor que el protagonista desborda desde el principio hasta el final, pero desde la lupa de la melancolía. Este sentimiento, como bien lo indica Viñas Piquer con palabras extraídas del ensayo Defence of Poetry (1821) de Percy Bysshe Shelley, uno de los principales teorizadores platónicos del Romanticismo, será uno de los más utilizados y retratados por los románticos:

la melancolía es también ―según Shelley― fuente de placer, un placer semejante a la catarsis que se experimenta tras una representación trágica (1978: 63). Estas palabras lo dejan bien claro: «El placer que está en la tristeza es más dulce que el placer del placer mismo» (1978: 63). La melancolía está estrechamente vinculada al recuerdo y de ahí que afirme Shelley: «la poesía es el recuerdo de los momentos mejores y más felices gozados por las almas mejores y más felices» (1978: 70).

(297)

El violinista solo puede reencontrarse con su amada a través de la melancolía; los recuerdos pueden ser dolorosos, sin embargo, es lo único que tiene para poder escucharla nuevamente, por ese motivo, sin importar que tocar el violín le esté destruyendo una de las manos, sigue insistiendo con la composición de la pieza musical que está inspirada totalmente en ella, Siela:

Recordó poco de las pláticas. Las palabras resultaban difíciles de guardar bajo llave por mucho tiempo en la biblioteca de la memoria; no obstante, siempre tenía presente el sentimiento. El gozo o la tristeza son lo único que realmente se puede evocar. Aquello digno de recordarse se quedaba algún rincón del corazón. Entonces un sendero dejaba de ser un camino de tierra para convertirse en un momento precioso e irrepetible.

(33-34)

Por último, el elemento fantástico que configura el cuento resulta estar cercano a una de las características del Romanticismo: en ocasiones la literatura romántica desea romper los límites de la realidad por lo que busca situaciones ambiguas y zonas confusas donde se pierden los límites de lo creíble y lo increíble. Ya lo mencionaba David Roas sobre lo fantástico: “Ahí descansa, pues, el efecto de lo fantástico, manifestado en lo que podríamos señalar como objetivo esencial del género: trasgredir o, al menos, problematizar nuestra concepción de lo real” (10). Lo fantástico se presenta en el relato en varios momentos como, por ejemplo, con una de las manos del violinista: por alguna razón que no se explica, se está desmoronando cada vez que toca su violín, se vuelve polvo, y al final, este personaje, aunque logra tocar la mayoría de la pieza que compuso para Siela en el cementerio, no consigue terminar su ejecución porque su brazo se desvanece en un instante, provocando que el violín se rompiera con el impacto en la tumba y al día siguiente consigue que lo acompañe una de las grandes amigas de los románticos: la muerte.

En resumen, como se puede notar con todo lo anterior, el cuento “Siela” es un relato que bebe directamente de varias características principales de la literatura del Romanticismo:
a) el último escenario de la historia ocurre dentro de un cementerio;

b) la contraposición de la vida y de la muerte son representados por la nieve, los tulipanes rojos y las ramas de un árbol que acompañaban la tumba de Siela;
c) la caracterización del protagonista es típica de un personaje romántico masculino: un hombre desbordantemente enamorado, melancólico y perseguido por la fatalidad;
d) y el relato rompe con los límites de la realidad apoyándose de lo fantástico porque vuelve ambiguos varios momentos de la historia como, por ejemplo, la desintegración de la mano del violinista que nunca se explica dentro del cuento.

De todos los elementos románticos, el amor melancólico es su eje principal.

Bibliografía

CANO, Jaime, “Siela”, en Miseónica. Ediciones Oblicuas, Barcelona, 2020, pp. 83-97 [Colección Alejandría: Narrativa].

ROAS, David, “El horror de lo imposible”. Brumal: Revista de Investigación de lo Fantástico, VI, 2 (otoño, 2018), pp. 9-13.

VIÑAS PIQUER, David, “Capítulo IV. Romanticismo”, en Historia de la Crítica Literaria. Ariel, Barcelona, 2002, pp. 265-318 [Ariel Literatura y Crítica].

Nohemí Damián de Paz

Construcción del monstruo fantástico en un cuento de Elpidia García Delgado

Ellos saben si soy o no soy, publicado en el 2014 por la editorial Ficticia, reúne 21 relatos de Elpidia García Delgado, escritora originaria de El Porvenir, Chihuahua, y que vive actualmente en Ciudad Juárez. Este cuentario se enriquece por la experiencia laboral de la autora ya que recrea desde distintas perspectivas el mundo de la industria maquiladora juarense, lugar donde la autora trabajó por más de treinta años. Como lo menciona Angélica Ahuatzín, la narración elpidiana “se cimbra sobre el imaginario colectivo de la explotación laboral y […] en su ciudad por adopción” (37). Ejemplo de lo anterior es el cuento “El conciliábulo de los halcones”, cuya historia transcurre dentro de una fábrica de almohadas en Ciudad Juárez, específicamente en una de sus líneas de producción; no obstante, la monotonía de la rutina laboral se ve turbada por la presencia de cierto personaje que causa algunos sucesos misteriosos y que tiene como único testigo a Antonio, protagonista-narrador, el cual se cuestiona su propia realidad. Por esa razón, en esta ocasión, el análisis que propongo para este cuento es examinar cómo configura su propio monstruo fantástico, nacido de la explotación laboral.

Imagen sacada de internet

De acuerdo con David Roas, generalmente el monstruo dentro de la literatura “encarna la transgresión, el desorden. Su existencia subvierte los límites que determinan lo que resulta aceptable desde un punto de vista físico, biológico e incluso moral” (2019: 30). El monstruo, entonces, desequilibra la lógica y se vuelve extraño dentro de la ficción. Sin embargo, esa no es su única función: el monstruo sirve para “metaforizar nuestros atávicos miedos a la muerte […], a lo desconocido, al depredador, a lo materialmente espantoso… Pero, al mismo tiempo, el monstruo nos pone en contacto con el lado oscuro del ser humano al reflejar nuestros deseos más ocultos” (Roas, 2019: 30). 

Pareciese que, dentro del cuento “El conciliábulo de los halcones”, el que varios trabajadores de la línea de manufactura de almohadas se hayan convertido en criaturas plumíferas, de lo cual el protagonista es el único testigo, es una manera de relevarse ante las injusticias laborales a las que eran sometidos: durante toda su jornada respiraban una fibra poliéster muy fina que se utilizaba para el relleno de las almohadas y que evidentemente podría afectar sus pulmones; sin embargo, aunque todos estaban expuestos, el que se encontraba en una peor situación era Adrián, quien fue relegado como costurero de almohadas a trabajar cerca de una maquina anticuada y ruidosa para rellenar directamente las almohadas con ese polímero. Ya lo observaba el protagonista: “Aunque lleva el equipo de seguridad, es el que más respira el poliéster por estar frente al tubo que lo expulsa a presión” (21).

En este punto el narrador nos presenta al primer personaje que se convertirá en un halcón: Adrián. No es casualidad que luego de describir el traje de seguridad de Adrián ―que es “un overol blanco de papel con gorro para proteger su ropa y cabeza, protector para los oídos, cubrebocas y lentes de seguridad” (20)―, lo compare con un “polluelo de halcón” porque también menciona que el trabajador pidió un cambio de área dentro de la fábrica para ya no usar ese traje y respirar ese material, pero se lo negaron: “Le dijeron que había trabajos peores, que afuera del edificio había gente haciendo fila para pedir trabajo” (21). La minimización de los problemas del personal de trabajo lamentablemente es considerada como una situación normal dentro del mundo de la maquiladora juarense, sobre todo para los operadores.

Esto último, me remite una vez más a Roas, quien explica que “el monstruo siempre implica la existencia de una norma: es evidente que lo anormal solo existe en relación a lo que se ha constituido o instaurado como normal” (2019: 30). La contraparte de esta normalidad dentro de la fábrica de almohadas solo podría ser alterada con algo anormal, es decir, con la aparición del monstruo fantástico.

Dentro de la ficción se pueden localizar dos tipos de monstruos: los fantásticos o imposibles y los de origen natural (2019: 31). Los primeros se deben comprender con lo que Roas considera como literatura fantástica: los dos elementos principales para la construcción de lo fantástico son lo imposible y lo desconocido dentro de un mundo que funciona como el nuestro ya que el objetivo principal del género es transgredir la concepción de lo que consideramos como real. Y para que exista tal transgresión la ficción fantástica ha creado diversas manifestaciones particulares: monstruos, fenómenos y/o situaciones imposibles (2018: 10). Este choque entre lo posible vs imposible y lo conocido vs desconocido consecuentemente derivan en el miedo. En el caso del monstruo fantástico, se produce el miedo a lo desconocido porque “más allá del peligro que suelen implicar para la integridad física de los humanos que se topen con ellos, o de su aspecto más o menos repulsivo, […] supone siempre una amenaza para nuestro conocimiento (de la realidad y de nosotros mismos)” (2018: 31).

Adrián se vuelve poco a poco una amenaza para la realidad del protagonista porque Antonio es quien observa de cerca su metamorfosis de hombre a pájaro. Después de que le niegan el cambio de puesto dentro de la fábrica, Adrián comienza a comportarse diferente de como solía hacerlo. Seguía realizando el mismo trabajo, pero la inconformidad era evidente tanto para él como para las costureras. Se vuelve más silencioso y también sus demás compañeras. La línea de manufactura comienza a sumergirse en un ambiente totalmente distinto a como era antes:

Algo en el piso de producción empezó a cambiar. Algo secreto, maligno, que flota junto con la lluvia constante de fibra. Cesaron la música, las bromas, sólo se escucha el sonido arrullador de las máquinas de coser y el silbido del aire a presión de la rellenadora de Adrián. Las costureras están más calladas, diría que hasta enojadas, su mirada es extraña, tiene algo que las hace parecidas. No se quitan las batas de trabajo. Lo más inusual es que fueron en grupo con el gerente de Recursos Humanos a pedir más carne en el menú de la cafetería.

(22)

Aquellas plumas de poliéster que representaban la falta de descanso para los trabajadores y, a su vez, la negligencia de las respectivas autoridades ante la falta de atención del cuidado de su salud, se habían adherido primero a Adrián y después a sus compañeras.  En una ocasión Antonio decide tratar el asunto de la maquinaria que usaban los trabajadores con los demás gerentes en una junta porque ellos podían mejorar la situación de los operadores, pero, más que dar una solución, simplemente lo ignoraron. El protagonista, entonces, decide olvidar todo, pero Adrián y las costureras le demostraron que era demasiado tarde: primero cuando Antonio se acercó a Adrián para hacerle un comentario sobre la comida de la cafetería, pero se asustó al verle la cara porque su boca había sido reemplazada por un pico; y después cuando al querer calmarse fumando un cigarrillo afuera de la fábrica, localizó a Adrián y a las costureras en la orilla del techo exhibiendo sus alas de halcón.

Durante todo el relato el protagonista se cuestiona sobre si todo lo que ha notado es real o parte de su imaginación, característica básica de lo fantástico, en términos de Roas, porque existe dentro de la ficción ese conflicto entre lo real vs lo irreal. La fibra de poliéster se vuelve desconocida y amenazante en la piel de los trabajadores, lo cual le produce tal miedo a Antonio que decide renunciar a su trabajo. Piensa que huir de Ciudad Juárez a Chihuahua será la solución, pero se equivoca. El monstruo fantástico que se configura dentro de la narración elpidiana lleva a cabo su propia justicia al eliminar al gerente de seguridad y cierra el relato insinuando que probablemente el protagonista tendrá el mismo destino: “No había acabado de dirigir la noticia cuando escuché el estruendo de aleteos no muy lejos” (27); una resolución tal vez predecible si se toma en cuenta que este texto literario está reunido junto con otros once en la primera sección del libro titulado “Maquilas que matan”.

Fotografía sacada del perfil de Facebook de Elpidia García

En conclusión, este cuento de Elpidia García Delgado demuestra la habilidad creativa de la escritora mexicana en el género fantástico ya que confronta la dura realidad del mundo de la industria manufacturera juarense con la presencia de unos halcones fantásticos derivados de ese mismo mundo y hambrientos de aplicar su propia justicia. Indudablemente este confrontamiento remite a la crítica de la explotación laboral, uno de los temas más recurrentes dentro de la narración elpidiana. Asimismo, invita al lector a la reflexión sobre un asunto que pareciese irreal, pero penosamente sigue vigente no solo en esta ciudad fronteriza, sino en cada industria del país: la deshumanización de la clase obrera. 

Bibliografía

Ahuatzín, Angélica, “Elpidia García, cuentista de un capitalismo gore con precedentes”. Connotas. Revista de Crítica y Teoría Literarias, 19, (2019), pp. 33-51.

García Delgado, Elpidia, “El conciliábulo de los halcones”, en Ellas saben si soy o no soy. Ficticia, Ciudad de México, 2014, pp. 19-27.

Roas, David, “El horror de lo imposible”. Brumal: Revista de Investigación de lo Fantástico, 2, VI (otoño, 2018), pp. 9-13.

________, “El monstruo fantástico posmoderno: entre la anomalía y la domesticación”. Revista de Literatura, 161, LXXXI (enero-junio, 2019), pp. 29-56.