Lotería y dos entremeses: Feria Cervantina

Hay dos cosas que disfruto como nada en el mundo: hacer teatro y ver teatro. Y en Ciudad Juárez existen dos festivales que ya cuentan con una enorme tradición, uno de ellos es el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro y el otro es el Festival de Teatro de la Ciudad. Yo juro que desde que los descubrí, he hecho mi mayor esfuerzo por asistir a cada una de las obras que se presentan. Me encanta poder analizar cada momento, desde que se entra al auditorio para comprar un boleto, hasta las expectativas que se generan cuando se observa la escenografía por primera vez o la música que cada compañía selecciona para que suene entre llamadas. Sin embargo, este año fue la excepción, me quedé sin poder disfrutar de la mayoría de las obras seleccionadas (y debo decir que este año hubo una excelente elección, para muestra las ya analizadas en este espacio: Soy espejo, dirigida por Fabián Villalpando; y Quisiera ser, unipersonal de Ricardo Aguirre). Y aunque triste por mi suerte, también estaba muy segura de que, al menos, la obra con la que cerraría el festival no me iba a decepcionar. 

Fotografía de Edel Méndez

Hybris Teatro es uno de los grupos que más ha crecido en los últimos años (desde 2013 a la fecha). Ha participado activamente en el Festival de Teatro de la Ciudad, así como en la Muestra Estatal de Teatro, llevándose el reconocimiento y cariño del público. Y vaya, lo confirmaron durante la presentación de Feria Cervantina, la tarde-noche del domingo 31 de julio. Iniciaré, entonces, con mis impresiones sobre el montaje: mientras el público hacía la fila para acceder al recinto, ahí mismo en el lobby del Auditorio Benito Juárez, aparecieron comerciantes callejeros, anunciando y “vendiendo” globos, pepitas y aguas. Llamaba la atención su vestuario: cada ejecutante tenía un mandil alusivo a la lotería mexicana. Aquí debo hacer una pausa, disfruto que la agrupación se tome la libertad de comenzar el espectáculo incluso antes de las primeras llamadas, para ir creando ese ambiente propicio que necesitará a la hora de que comience, oficialmente, la función. Pues bien, ya ingresando a la sala, las y los comerciantes continuaron invitando al público a consumir sus productos, así como a participar del famoso juego mexicano: la lotería. Y por supuesto, las cartas que se mencionaban hacían alusión a los personajes de cada entremés.

Feria Cervantina, dirigida por Jéssica Hernández y Marco Martínez, (y con elenco de lujo: Christian Valenzuela, Estefanía Estrada, Mariana Ruacho, Marco Martínez y Jéssica Hernández) se compone de dos entremeses cervantinos: El vizcaíno fingido y El viejo celoso. El primero trata sobre cómo Solórzano y Quiñones buscan burlar a Cristina a través del empeño de una cadena; el segundo, de la desesperación de Doña Lorenza al tener un marido celoso y viejo. Por lo cual su vecina Hortigosa, cual celestina, burlará al marido de ésta para que pueda conocer a otro hombre. Cabe mencionar que los entremeses son piezas cortas que se ejecutaban entre obras de mayor duración. En entrevista con los directores de Hybris Teatro, me comentaban que incluso tenían pensado presentar tres entremeses pero que finalmente se quedaron solo con dos. 

Fotografía de Edel Méndez

Hubo un elemento que me pareció complejo de resolver: el lenguaje. Al inicio, cuando se presenta la lotería mexicana, el habla es totalmente coloquial. Sin embargo, al término de este primer momento y de dar pie al entremés, el lenguaje empleado es el propio del siglo de oro español. Esto al principio generó extrañamiento, ya que como se había presentado un lenguaje mexicano e informal, se pensó que así sería el resto de la obra. Honestamente, yo imaginaba que entonces nos presentarían una versión libre de las piezas de Miguel de Cervantes. ¿Podría tomarse como un choque entre la propuesta? No se puede negar la dificultad que conlleva montar teatro de hace cinco siglos y esa dificultad se hace presente en el oído de las y los espectadores, aunque el público termina por acostumbrarse y también termina por entender. 

Respecto al diseño del espacio, este se vio decorado por papel china y luces en la parte superior del escenario. Fuera de eso, la dirección propuso cuatro bancos de diferentes colores y tamaños que permitieran jugar con las situaciones. Como bien puede observarse en las fotografías, el diseño de vestuario también fue propio de los personajes característicos de lo mexicano, como el pachuco. Fue interesante espectar entremeses españoles con un vestuario tradicional mexicano. Otra función importante de la vestimenta se dio a través del cambio en los roles de género, si bien en el El vizcaíno fingido Jéssica Hernández interpretó a un personaje masculino; en El viejo celoso, los actores interpretan todos los personajes femeninos y las actrices a todos los personajes masculinos. Esta propuesta fue divertida y aunque claramente algunas actuaciones caían en el estereotipo, no afectaron la trama. Otro elemento de gran importancia fue la música, entre trova y bohemia, que acompañó durante todo el espectáculo. Según la directora y el director del montaje, “los entremeses se cantaron con arreglos originales, así como una canción original de Lalo Jasso”, gran acierto de la dirección. En la música, también acompañó la dulce voz de la actriz Mariana Ruacho.

Finalmente, vuelvo a confirmar lo mucho que disfruté Feria Cervantina. No es sencillo montar teatro áureo español, mucho menos respetando el texto original. De la premiación se llevaron el reconocimiento a “Mejor dirección”,  “Mejor actor” para Christian Valenzuela y el segundo lugar en la categoría profesional. Así que les celebro y espero que también puedan presentarse en el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro del próximo año. ¡Cómo no, con una obra cien por ciento juarense!

Otra de mis alegrías, producto de la última edición del festival, es ver el compromiso de la misma comunidad teatral. Como algunas personas sabrán, se otorgan premiaciones económicas al primer lugar en la categoría amateur y a los tres primeros lugares en la categoría profesional. Sin embargo, hubo cambios en la distribución de los incentivos económicos. Angélica Pérez (Bethlem Teatro e Independiente) comenta lo siguiente:

“Pero este año hicimos algo diferente… Al final del sorteo de participación, las compañías nos unimos, firmamos un acuerdo y unificamos el total de los premios para dividirlos a partes iguales entre los 8 montajes, sin distinción alguna, decidimos hacer una fiesta toda la semana pasada y celebrar la escena. Decidimos que la competencia tuviera otras reglas y logramos de este Festival de Teatro #40 un encuentro distinto. Apostamos por la comunidad teatral y por una nueva mirada”. ¿Qué opinan? Yo les celebro.

Pandora: Nota sobre una telefonista erótica

Fotografía de Aurora González

Pandora, nadie puede tocar tu cachondez. Alumbrada frente a la cámara te abres, te exhibes para nosotros. 

Money is power and by capitalizing on my sexuality I have money.

Muñeca intangible. Tus sueños socavados de ser una gran actriz renacen en este espacio donde, fraccionada en múltiples mujeres, eres venerada por la debilidad de los hombres. 

The whole system is corrupt and anyone who participates is just as guilty as I am. What am I going to do? Go live off the grid?

Tu cuerpo (el solo espectáculo de tu cuerpo detrás de la pantalla) es una moneda erótica. Sigues las reglas del juego, el intercambio, la compra de tu valor sexual, es realizada con satisfacción. 

I have to make a living somehow.

¿Qué más habremos comprado inadvertidamente? 

Texto intervenido con una cita en inglés de My Body, un ensayo de la supermodelo y activista Emily Ratajkowski (2020). 

Fotografía de Aurora González

Confesiones sobre la seducción de una obra: la Telefonista erótica de Christian Valenzuela

Empezando por la publicidad, imaginaba que la obra sería justo lo que su nombre me anunciaba: un entretenimiento superficial que explotaba los cuerpos bellos de las actrices. En realidad, el título, más que atraer, me disuadía de enterarme en serio sobre el contenido de la obra o siquiera quiénes la presentaban. Error no darme cuenta del juego evidente.

Fotografía de Aurora González

El debate sobre la dignificación del trabajo sexual, al mismo tiempo que me parece urgente, creo que recae —cuando no se piensa con cuidado—, en una nueva objetificación de sus sujetxs. Muchas veces, se fracasa en lograr que el público respete los valores de quienes ejercen dicho trabajo por elección; el patetismo no suele hacerse esperar y así más que respeto se obtienen morbo y condescendencia. Pero, ¿por qué resulta tan importante abordar desde el arte el tema de la prostitución y otras formas de lucro que escandalizarían a cualquier madre? La dramaturgia y dirección de Confesiones de una telefonista erótica son bastantes directas al darnos la respuesta: entre las butacas, con o sin vergüenza de ello, nos encontramos muy posibles consumidores de pornografía. No solo estamos dispuestos a devorar imágenes estáticas, en movimiento, voces, muchos queremos (debo decir, quieren) el cuerpo entero.

En Confesiones, el primer tema se intersecta hábil y sigilosamente con otro: el trabajo actoral, ¿no es en alguna manera cercano al sexual? Si bien, con limitantes, la analogía recae en que en ambos se debe poner el cuerpo para complacer a otro, otro que paga por ver, a veces tocar, y que la mayor cantidad de veces espera salir satisfecho a costa de una performance convincente. Hasta poco antes de acudir al foro, yo pensaba encontrarme un vodevil, una historia de cabaret intrascendente. La carne, como carnada, tenía un fin: sentarnos, aunque no a ver con lascivia (la lencería pronto se escondió bajo batas oscuras). El objetivo consistía en presenciar atentos el desenvolvimiento de un problema terriblemente tangible: el artista necesita abaratarse, transformarse en algo diferente a sí, venderse y hacer de todo, sí de todo lo que tú quieras, porque ¿de otra forma cómo se mantiene la o el artista?

Fotografía de Aurora González

Confieso que no he leído, ni creo llegar a leer el texto de Hugo Salcedo, por lo que en este párrafo digo cosas que pueden estar equivocadas. Pero, me parece que está diseñado como un monólogo, el cual bajo la dirección de Christian Valenzuela y gracias a las actuaciones de Laura Galindo, Tania Hernández y Daniela Gutiérrez, pudo desglosarse en un lúdico ir y venir de voces distintas. Por momentos, parecía que la unidad textual, como la fragmentaron, correspondía a tres personajes en situaciones semejantes, mas con trasfondos, deseos y personalidades únicas. Cada actriz imprimía en sus gestos, en la cadencia de sus diálogos, en el carácter, un porte único: una más sensual y fuerte, una más juguetona y entregada; otra, a causa de sus propios duelos, conflictuada entre la rebeldía y la sumisión. Considero este un gran acierto, no son pocas las dramaturgias y montajes que hoy en día optan por el desdoblamiento; mas casi siempre, considero, las y los intérpretes resultan meros coros, ecos, entre sí; no en este caso.

Al centro del escenario un triángulo de luces LED iluminaba los tres frentes, sillones listos para grabar, aros de luz dispuestos con cámaras y pantallas. Las y los espectadores conocíamos caras distintas de “Pandora”, Mara. Únicamente al inicio, todos miramos al mismo lugar: una proyección previamente grabada al fondo de la caja negra de la Sala Experimental Octavio Trías, graciosa y provocativa, nuestra llamada. El resto de las imágenes digitales las vimos en vivo; dependiendo de la cara de la pirámide que nos tocara mirar, por más que escucháramos a las otras actrices, nuestra visión de la representación siempre sería parcial —como de cualquier situación en la vida real—.

Fotografía de Aurora González

A propósito de las visiones incompletas, la trama de Confesiones termina de cerrarse no sin menos conflicto: Mara, no solo como artista, como mujer, debe confrontar el contexto del México contemporáneo tanto como de las academias (y centros de profesionalización) hasta la actualidad. A la mujer se le explota como cuerpo sexuado: antes de dedicarse de lleno al erotismo como medio de subsistencia, ella debe soportar —porque así se nos muestra que lo vivió ella— que sus maestros y guías la reduzcan a su sexo y busquen consumirla así también, aunque sin remunerarla, a cambio solo de lo que por obligación debieran darle, educación y oportunidades de desarrollo (La parcialidad: aunque tantas historias así conocemos en instituciones locales, foráneas, públicas y privadas, cuando se las aborda, es común el reclamo de que “no se puede hablar sin conocer bien a las personas involucradas o los términos de sus relaciones”). En fin, ese tercer tópico se abre y a cada espectador y espectadora tocará juzgar lo adecuado, moralino, crítico, acrítico, mal o bien ejecutado con que se hace; para mí, para Salcedo, para quienes decidieron emprender este montaje, tan solo pareciera evidente y necesario.

Fotografía de Aurora González

Para cerrar, retomo que la puesta me ofreció más que un rato agradable con una buena producción. Al salir, mi pulso se había acelerado, había reído gozosa, me agité, me sentí incómoda, recordé situaciones propias y de otras personas que trabajan en las diferentes artes, enumeré triadas (humanas, amorosas, religiosas, temáticas, geométricas) y agradecí no haberme quedado esa noche en casa.

Grecia Márquez

Entre las sombras

El teatro es experiencia. Nunca una segunda función será igual que la anterior. Y, es que, la belleza del teatro está ahí, en lo efímero. Como la vida, en que, aunque rutinarios, los días se suceden con cierta singularidad. Así, pues, hablaré de Lados Oscuros, desde mi experiencia, mi visión y, ¿por qué no?, mis miedos. Finalmente, de eso va la obra, del temor a que otros descubran nuestro más sombrío secreto.

La sede fue el Auditorio Benito Juárez. Llamó la atención de todos los asistentes el aviso que hiciera en voz alta la persona encargada de recoger nuestros boletos –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares, y les vamos a dar una bolsita para asegurarlos–. Esto provocó el extrañamiento de la concurrencia, Mensajes enviados a prisa, con nerviosismo, incluso escuché a una persona decir que le daba ansiedad, ¿era esto parte del espectáculo?

Una vez cubierto el requisito, el ingreso a la sala fue el habitual. Se trataba del segundo día del Festival de Teatro de la Ciudad. La obra dio comienzo poco después de las 19:00, pero ya desde la segunda llamada podía verse en el escenario al personaje principal, interpretado por Abraxas Trías (quien dirige y actúa), caminando de un lado a otro y acomodando algunos elementos.

La escenografía estaba compuesta por una enorme mesa de madera pintada de blanco, sobre la que descansaba una máquina de escribir. No era el único elemento escenográfico, pero, probablemente, sí el más importante; fungiría como escritorio, altar, mesa de trabajo, y plancha para cadáveres. Mostrándonos que, en el teatro, el aprovechamiento y la resignificación de los elementos es primordial para el desarrollo de una puesta en escena.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Música en vivo (por Andrea González) y un hombre en calzones es lo primero con lo que se enfrenta el público. ¿Por qué se expone de esa forma? Intimidad, pienso que el hecho de mostrarse desde el inicio de la representación en ropa interior se debe a que nos está invitando a su espacio más privado, en donde sólo están el escritor, su máquina y sus ideas. La ropa no importa, pues no quiere revelarnos nada más de su identidad. ¿Por qué?, ¿qué esconde este personaje que aparentemente nos está mostrando todo?

El tiempo de la historia se mide en el número de páginas que va escribiendo: –¿ya casi terminas? –, lo cuestionan, –sí, ya voy en la página 32–, contesta. Si bien la iluminación revela algunos signos que podemos interpretar como el día y la noche, no es claro, pero carece de relevancia, lo realmente importante son los saltos hacia las historias que van plasmándose por medio del clac… clac… clac… de la máquina. La escritura sirve para guiarnos, pues las anécdotas no son contadas de manera secuencial, no sabemos cuál sucedió primero, sin embargo, junto con el escritor lo que nos obsesionará será conocer el gran secreto de cada personaje, su lado oscuro.

Pareciera, por momentos, que el tema transversal es la muerte. La casa de un panadero donde encuentran cadáveres enterrados, una joven de catorce años víctima de una vieja en soledad, la morgue. Lo que sucede es que la muerte es sólo parte de la vida, es un pretexto que utiliza el dramaturgo para hablar de algo más profundo. Y llegados a este punto, pido a cada persona que decida cuál es su tópico, pues esto también es el teatro, subjetividad.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Conforme va escribiendo las historias en su máquina, los personajes van tomando conciencia de lo que se dice sobre ellos, algunos se enojan, otros se sienten expuestos, uno de ellos se atreve a dar consejos en el proceso de creación al que se enfrenta el dramaturgo, ¿cuál es el sentido de contar historias?, ¿a quién interesa escucharlas?, lo que conocemos, ¿es la verdad?, ¿importa, en el teatro, decir siempre la verdad?, ¿qué oculta un escritor sobre la historia que nos cuenta para no exponerse a sí mismo?

***

Al entrar en la sala se nos advirtió –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares–. ¿Para no tomar fotografías?, ¿para prestar toda la atención?, ¿para…? Yo lo tomaré como una invitación para no revelar más sobre esta puesta en escena, y que cada persona reciba lo que vaya buscando. Ese es el asunto con las sombras, nos muestran lo que llevamos dentro. ¿Cuál es tu lado oscuro?

Obra: Lados oscuros
Dramaturgia: Edeberto «Pilo» Galindo»
Dirección: Abraxas Trías
Compañía: 1939 Teatro Norte/Movimiento O.T.
Fecha: 25 de julio de 2022, 40 Festival de Teatro de la Ciudad

Doble dirección en Las cortes de la Muerte

Fui afortunada de presenciar el auto sacramental Las cortes de la Muerte, obra atribuída a Lope de Vega, en el Víctor Hugo Rascón Banda. Primero, porque un recinto como ese cuenta con todas las facilidades para exhibir un gran espectáculo; y segundo, porque se mostró durante el 46 Festival Internacional de Drama Español Siglo de Oro, uno de los eventos más esperados por la comunidad juarense.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de Facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Las producciones del Centro Municipal de las Artes son conocidas por mantener la “originalidad” de los textos del Siglo de Oro que presentan. A diferencia de las propuestas realizadas por otras compañías donde la cercanía con el texto se realiza a través de la “versión libre” o la adaptación (con el propósito de facilitar la comprensión del público). Ambas formas tienen sus retos, pero mantener el tono y estructura de una obra del siglo XVI es muchísimo más complejo.

Las cortes de la Muerte es un auto sacramental. Este tipo de piezas dramáticas constaban de un solo acto y eran, evidentemente, de índole religiosa pues se presentaban durante las fiestas más relevantes de la tradición católica. En los autos sacramentales regularmente se presentaban personajes de tipo alegórico, como el Amor, la Envidia, el Pecado, entre otros. En la representación de la Compañía Teatral del Centro Municipal de las Artes hay una búsqueda por “privilegiar” el texto sobre la composición escénica. Sin embargo, este tipo de decisiones generan ciertos vacíos en la ejecución del montaje. Me parece que aún cuando algunos de los personajes contaban con una gran apariencia (vestuario y maquillaje), otros se encontraban apenas caracterizados. De la misma manera, la ejecución actoral deslumbró en las máscaras del Diablo (Roberto Escareño) y la Locura (Edwin Guardián), quienes lograron a través de su voz y corporalidad, atraer la atención del público. Y es que al ser alegorías, las expresiones pueden exagerarse por completo: son figuras totalitarias. Por eso fue tan impresionante ver el trabajo de Escareño al mostrarse, desde sus movimientos corporales, como un macho cabrío: una de las tantas encarnaciones de Lucifer.

 Como mencionaba, no es sencillo el auto sacramental, en él hay monólogos y por eso es relevante que la ejecución del resto de los personajes no se agote cuando no hablan. ¿Qué estaría haciendo en silencio el Pecado, el Tiempo, la Envidia o el Amor?

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

La obra presentada contó con el montaje original de Claudia Gutiérrez y con la posterior dirección de Ángela Gastelum. Desde el principio del evento se dedicaron palabras a la trayectoria de la maestra Gutiérrez quien se desempeñó como directora del CMA y quien murió a inicios de este año. En realidad, tanto la presentación, como la función y la entrega de una placa en su honor, fueron en conjunto un bello homenaje. Comento estos detalles porque considero que mucha de la dirección de la maestra Gutiérrez se quedó en la versión presenciada la noche del martes 12 de abril. Y que, a pesar de contar con una propuesta por parte de Ángela Gastelum, el momento no era idóneo para realizar grandes modificaciones. Para comprender más sobre el proceso de dirección, así como para averiguar si mis impresiones eran correctas, me atreví a preguntarle a la responsable del montaje visto: ¿Cuál fue el mayor reto que tuvo al dirigir un proyecto que ya tenía una dirección previa? 

El mayor reto fue tratar de respetar las ideas de la maestra Claudia, que en paz descanse. Ya que era muy poca la información brindada. En cuanto a que ni ellos (el alumnado) entendían la visión que ella tenía para este montaje. Fue tratar de descifrar ¿por qué cortó partes del texto?, ¿por qué no trabajó alguna adaptación?, ¿por qué dejó tal cual algunas partes del texto? Otro de los retos fue que el elenco original no estaba y los nuevos alumnos no tenían claros los trazos. En tres personajes tuve que intervenir, ya que no tenían idea de qué hacer ante un texto únicamente aprendido. Es difícil porque en la compañía había chiquitos de segundo semestre de la carrera como el Ángel o el Hombre, y también egresados con amplia experiencia como la Locura. Entonces no se puede acelerar el proceso de formación. Y en realidad fue muy poco el tiempo que tuve con este montaje: 2 meses. 

¿Cuáles fueron las modificaciones que realizó de acuerdo a su nueva propuesta de dirección?

Traté de mover lo menos posible el montaje. Pero de las cosas que más destacan son:

  1. Subir a la Muerte al trono, separándose de las pasiones.
  2. Montar trazos específicos en algunos personajes.
  3. La iluminación (pues no se contaba con algún antecedente propuesto por la maestra Claudia).
  4. Crear la coreografía del final.
  5. Y trabajar aspectos técnicos en los actores, como el acondicionamiento físico, la dicción, la expresión corporal y la comprensión profunda del texto. El conectar con el otro a pesar de que no tengo interacción con él, pero sí comprendo lo que dice el otro en su monólogo. Ya que las interacciones eran contadas.

Como podemos leer, no es sencillo asumir la dirección de un montaje ya trabajado. Sobre todo cuando no se tiene el interés de borrar la huella de quién antecede. Esta disposición y entrega también son parte del homenaje. Finalmente, debo confesar que Las cortes de la Muerte me ha parecido una de las mejores representaciones de la compañía del CMA. Me pregunto: ¿Qué nos entregarán para la siguiente edición del Festival?

¿Y si nos juntamos para Navidad? 

Por lo general no me entusiasma leer que una obra se presentará en una locación secreta. Pienso: ¿dónde será? ¿quedará muy lejos? ¿y si no logro llegar? Y es que la ubicación se confirma hasta después del pago (transferencia bancaria). En fin, mi querida amiga Grecia y yo nos organizamos para asistir. La cita se dio en la Ramón Corona, cerca del Malecón. Si bien, la escena teatral juarense ya había experimentado en una ubicación cercana (el Laboratorio Escénico Teatro de Fronteras), la propuesta dirigida y escrita por Cabe Tejeda, apuesta por proveer a las y los espectadores la oportunidad de presenciar una obra basada en hechos reales en el sitio donde ocurrieron dichos sucesos. Me parece que este capricho o virtud del director nace de su quehacer cinematográfico como actor, cineasta y creador. Es latente la búsqueda de una locación real y natural, algo que el teatro, al ser artificio, pocas veces puede ofrecer. 

Fotografía de Comedia sin título

Al entrar a la casa, se nos explicó que en algunas paredes y objetos se habían colocado fragmentos que contaban anécdotas de la familia. Este detalle me parece muy interesante, sobre todo si se releen al finalizar la función, ya cuando se haya empatizado con los personajes. Como público, pudimos atestiguar el paso de los años en la decoración, muebles y paredes: figuras de porcelana en los estantes, sillones viejos en tapiz floreado, una decena de ollas y recipientes por toda la sala y comedor. Se avisa la tercera llamada, inicia con ruido de lluvia, detalle coherente para dar paso al sonido de las goteras, realizado por los mismos ejecutantes durante la mayor parte de la obra. 

Goteras en la casa es la historia de tres hermanos distanciados a los que la enfermedad de la madre vuelve a unir. Cada uno de ellos expone sus conflictos, intereses y necesidades a través de un monólogo que se intercala con el de los otros dos ejecutantes. Esta estructura enriquece la puesta en escena, pues logra generar distintas formas de narrar las vivencias personales, diferenciándose su estatus social, económico y emocional. La naturalidad, ya antes mencionada, es palpable en la ejecución actoral de Alan Escobedo (Chava), Mayra Mejía (Alina) y, sobre todo, de Óskar Morr, quien generó en “Andrés” un personaje entrañable. 

“Lo que le pasa a esta casa, le pasa a nuestra familia”. Y es que el agua que se drena del techo, las paredes amarillas y el desgaste de los años, son un reflejo del abandono en el que tienen a la madre. ¿Cuántas familias pueden estar en la misma situación? ¿Cuántas y cuántos no nos hemos distanciado de personas que amábamos? ¿Y cuántas de esas personas, ahora resultan extraños y ajenos a nuestras vidas? Es así que la puesta en escena revela su propósito: conectar con las y los espectadores a través de la nostalgia. 

Fotografía de Comedia sin título

En conversación con uno de los actores de Goteras en la casa, me comentó que la invitación para participar surgió a inicios de 2020, que la mayor parte del trabajo de mesa se tuvo que realizar de manera virtual debido a la pandemia, por lo que incluso, la puesta en escena se pensó para el formato digital. Afortunadamente, no desistieron de la propuesta presencial y después de una gira por el estado (Red de teatros, 2020), y ya tres temporadas presentadas, puedo recomendar ampliamente la experiencia teatral en la casa azul de la Ramón Corona. 

La experiencia del espectador. Apuntes sobre Madre Coraje y las guerras

Fotografía de Comedia sin título

El pasado domingo finalizó la segunda temporada de Madre Coraje y sus hijos, obra escrita por Bertolt Brecht hace ocho décadas y dirigida por Luis de Tavira. Los habitantes de esta ciudad pudieron ser espectadores de cómo la guerra modifica los destinos, atestiguarlo desde la comodidad de una butaca y salir de la sala tarareando melodías que recordaban a cantos marciales.

Ver una obra teatral comienza con la expectación, no importa qué tanto sepamos sobre ella, siempre se experimenta cierta emoción por saber qué elementos utilizarán en el escenario, qué actores o actrices interpretarán a los personajes, incluso, a quién nos vamos a encontrar en el recinto. Ya que esas personas se han de convertir en nuestras interlocutoras, en la mirada cómplice cuando suceda algo que nos haga reaccionar.

El foro de Telón de Arena fue el espacio dónde se presentó el espectáculo, esta espectadora acudió la noche del viernes 11 de febrero a las 19:00 horas. Al adquirir las entradas por internet se nos conminaba a estar en las instalaciones quince minutos antes de que comenzara la función, sin embargo, aquel día hubo fallas con el sistema de taquilla y la tercera llamada llegó alrededor de las 19:15. No tengo la certeza de que se hayan agotado los boletos, pero el auditorio parecía lleno, salvo por las butacas que obligatoriamente debían quedar vacías debido a las restricciones sanitarias.

Al entrar en la sala, lo primero que llamó mi atención fue que la mitad del foro estaba ocupada por el escenario (para quienes no han tenido la oportunidad de asistir a Telón, el espacio se trata de una pieza de tipo experimental y las filas de los asientos se acomodan de acuerdo con las necesidades del espectáculo en turno). Un enorme telón negro marcaba la línea divisoria entre espectadores y reparto. Minutos después de la invitación a silenciar nuestros dispositivos móviles, a mitad del escenario se abrió una ventana desde la que se dejan ver un par de soldados. La acción ha comenzado.

Fotografía de Comedia sin título

La guerra

“La paz es inmoral”, serán las palabras que durante días ronden en mi mente, y que de apoco irán tejiendo redes con tantos otros pensamientos que viven en mi cabeza. Entre todas ellas ahora rescato la semejanza con la idea de Orwell: “la guerra es la paz”. Es como si, de alguna manera, la única forma de que el mundo siga funcionando sea por medio de los conflictos, ¿no es esto lo que nos dicen los personajes de Madre Coraje?

Es evidente que el tema central de la obra de Brecht es la guerra, ¿de cuál guerra estamos hablando? El texto se sitúa en un contexto específico, la Guerra de los Treinta Años, conflicto político-religioso acaecido durante el siglo XVII en Europa. Sin embargo, este tópico no nos es ajeno, hoy mismo está en boca del mundo la pugna entre Rusia y Ucrania, no se trata ahora de un asunto religioso, pero sí político, porque la guerra, como casi todas las acciones humanas, son de esta índole.

Uno de los cuestionamientos que como espectadora podría hacerle a la compañía teatral es: ¿por qué respetaron el tiempo histórico que propone el texto? Telón de Arena en otras ocasiones ha jugado con la temporalidad de sus propuestas escénicas. Más aún porque en las cápsulas promocionales que pueden encontrarse en plataformas como Facebook, Instagram y YouTube, se interpela al público a pensar qué tiene para decirnos hoy, como juarenses, esta obra de Brecht.

La guerra que se vive en Juárez es distinta a la europea de hace cuatro siglos (o la actual), sin embargo, figuras como la de Madre han emergido, ya no representadas en mujeres que venden cosas por las calles, sino en empresas que, a consecuencia de las muertes o la inseguridad ofrecieron servicios a los ciudadanos. Condición necesaria fue la guerra, pues en la paz, no hubieran podido acumular ese capital.

Madre Coraje…

No obstante, las guerras del mundo, ésas que acaban con vidas humanas y destruyen ciudades, cada persona batalla, dentro de sí, las propias, ¿cuáles son nuestras guerras internas? En Madre Coraje, Brecht nos presenta a tres personajes femeninos, cada uno con una historia de vida distinta, llena de conflictos y frustraciones que, sea por la situación del mundo, sea por su condición, no pueden expresarlas.

El primero de ellos y por quien lleva nombre el texto es Anna Fierling, conocida como Madre Coraje, interpretado por Perla de la Rosa. Su guerra son sus hijos, estos le serán arrebatados por un conflicto bélico sin el cual no podría mantenerlos. Esa es su paradoja. Luego viene Catalina, a quien da vida Saura Zubiate; su hija, la menor, la muda, la niña que nació en la guerra, la que no conoce otra cosa que la incertidumbre.

Madre es todo ruido, debe serlo, para vender y persuadir es necesaria la palabra; mas no cualquier palabra, sino la que convence, la palabra precisa, el tono correcto. Madre debe callar cosas a propósito para sobrevivir. Cata, por otro lado, no puede hablar. Su silencio, provocado por la guerra misma, cuesta vidas, ella quisiera gritar, advertir, pero no puede. Ambas sufren por el silencio, ambas sufren porque no pueden comunicarse.

El tercer personaje femenino es desarrollado por Guadalupe de la Mora, Yvette. La prostituta, la mujer que amó y fue traicionada. Ella ya no tiene miedo de hablar, la guerra también le quitó cosas: la inocencia, la fe en el amor. Esto, pienso, nos es arrebatado por las disputas, las que vienen de fuera, pero también esas que vivimos en el silencio.

Fotografía de Comedia sin título

Reflejo y distanciamiento

Se ha hablado de que uno de los recursos utilizados por Brecht en sus obras era el distanciamiento, se trataba de que el espectador no lograra la catarsis, que no pudiera sentirse liberado de las cargas que le imponían las acciones de los personajes en escena, de que el teatro invitara a la reflexión y a la acción.

Me parece que, aunque sí invita a pensar sobre el tema ya expuesto anteriormente, no logra ni la catarsis ni ese distanciamiento. Sí, hay dolor, pero una se siente liberada conforme la guerra, que se antoja interminable, les va arrebatando la vida a los personajes más jóvenes, pues pareciera que no hay más esperanza, que no volverá. No hubo, para mí, un sentimiento de empatía con Madre pero tampoco necesidad de juzgarla, fue un personaje de su tiempo, actuaba conforme a sus circunstancias.

Es complicado hacer un recuento de todos los elementos presentados en escena. Sin embargo, se pueden resaltar algunos de los que hace mucho no se dejaban ver en esta frontera, es decir, desde compañías locales. La duración: tres horas separadas por un intermedio de quince minutos que es anunciado desde la tercera llamada –para sanitizar la sala–, se nos avisa, pero que obedece más a la necesidad de un descanso para el público y un cambio en la temporalidad del relato. Claro, éste fue aprovechado por muchos de nosotros para salir a atender las necesidades naturales del cuerpo, fumar o mirar en silencio al resto de los espectadores. Nadie quería dar una opinión pues el espectáculo aún no terminaba.

Desde la primera fila, en la que elegí sentarme, pude apreciar muchos de los elementos que hicieron de esta ambiciosa producción algo digno de recordar. La acción en dos planos. Unas vías ferroviarias al fondo que durante las escenas cumplían distintas funciones. Al frente, el espacio abierto donde se desplazaba el carro de Madre Coraje y sucedían el grueso de las acciones.

Es de destacar que la música estuvo a cargo de una pequeña orquesta en vivo. Y no sólo eso, se combinaba con canciones interpretadas por los personajes, con momentos solistas y corales. Práctica que debido a la falta de preparación vocal o los pocos recursos económicos con que se cuenta en la ciudad no se ve tan a menudo. Se descubre en el desempeño de los actores y actrices, algunos de ellos interpretando múltiples personajes, el largo proceso por el que atravesaron para llegar a ese resultado.

La segunda parte se sintió un poco más corta que la previa al intermedio, aunque al conversar con una de las actrices que participaron en la representación, supe que ambas tenían exactamente la misma duración, pero supongo que no todos la percibimos de esa forma, pues mi compañera de butaca no sólo abandonó la sala antes de que finalizara, sino que la descubrí revisando constantemente su dispositivo móvil.

Salí del recinto sabiendo que había visto algo distinto, planeado, algo grande; pero sin entender a cabalidad por qué. No, nunca pensé en irme a medio espectáculo, la duración me pareció adecuada y considero que todos los elementos estuvieron bien colocados. Sin embargo, no me tocó profundamente, ni la historia de Madre Coraje, ni la de Yvette o la muerte de los hijos. No se culpe a nadie, probablemente es momento de cuestionarnos sobre la manera en que, como espectadores, estamos recibiendo las propuestas teatrales, ¿qué les pedimos?, ¿qué esperamos ver?, ¿qué queremos encontrar? Tal vez, en la siguiente ocasión, será mejor no elegir la primera fila.

La estirpe de los titanes, un acto circense fuera de la carpa

Fotografía de Comedia sin título

El domingo 5 de Diciembre, en celebración del 24vo Festival de la Ciudad, se dio invitación gratuita a la puesta en escena: La estirpe de los titanes.  Muchos, entre niños y adultos esperaban expectantes el acto de circo prometido por las imágenes que promovían el evento, sin imaginar el recorrido histórico que nos sorprendería junto con el espectáculo. 

En el templete, además de la banda sonora, una configuración circular sujeta con retazos de piel y manta hizo de fondo, para pronto descubrir, lo que sería la carpa de circo, en la que también veríamos proyectadas constantemente imágenes emblemáticas del tema principal de la puesta: la vida y obra de José Clemente Orozco, dentro de las cuales podemos resaltar: Cortés y la Malinche, La justicia, El hombre en llamas, La rueda, Clowns, entre otras.

Ocasionalmente, encontramos el personaje de José Clemente Orozco, quien anunciando la próxima escena, nos daba una pequeña reseña de su obra, siempre aclamado por la multitud y acompañado por dos bufones quienes, tal como un circo, condujeron el espectáculo y se encargaron de guiar la participación de los demás artistas y de romper, a punta de risas, la profundidad de las temáticas que a través de sus obras toca el pintor, sin embargo, bastó con ver las obras representadas en vida por estos artistas de circo para entender y sumergirnos en la puesta a través de sus imágenes artísticas y música circense, invitándonos a replantearnos la posición del arte como un espacio de emancipación del ser humano que une, desencadena, nos levanta y arde. 

De este modo, la compañía Bravísimo, se encargó de llevarnos de extremo a extremo entre el humor y la conciencia social con la precisión y pasión que cada uno de sus actores mostró en la puesta, tomándonos uno a uno de la mano por el entendimiento más profundo a través de la sencillez de la comedia y la sátira de cada elemento visual e idea del autor homenajeado, cumpliendo con el dicho “al pueblo, pan y circo”.

Fotografía de Comedia sin título

Es imprescindible mencionar que, para decepción de los payasos codiciosos, fue la banda sonora la que se llevó gran cantidad de aplausos y ovaciones por el público. La mezcla entre jazz y música circense tomó un papel muy importante, al ambientar con oscurantismo y melancolía y otras con júbilo, cada actuación, permitiéndo al público realizar una interpretación más precisa del mensaje que debíamos descubrir. 

Así sea por la crítica social o el circo, La estirpe de los titanes, como homenaje a José Clemente Orozco, es una muestra impecable de la rebelión cultural que sobrellevó el artista durante el tiempo de la Revolución Mexicana, que, frente a bambalinas, se enlistó en otra guerra llamada cultura e hizo cuanto sus manos tocaron para aún hoy en día introducirnos en su arte y dirigir el mensaje que en esta sociedad malinchista constantemente olvidamos: En México, somos descendencia de dioses. 

Obra: La estirpe de los titanes

Compañía: Bravísimo

Dramaturgia: Tato Villanueva, Juan Méndez y Juan Vázquez Gama

Gira por el Norte: Los habladores

Los habladores, publicado en 2006 (en 2013, primera versión digital), es un recopilado de 23 historias escritas por el dramaturgo, ensayista, narrador y director escénico David Olguín. Los textos que conforman la antología, son un entramado entre la narrativa y el monólogo, a los que Olguín definió como “historias del género baciyelmo* […] (que) pueden ser leídos y hablados”. Sin embargo, es importante aclarar que lo visto en escena (al menos lo que correspondió a esta gira en Chihuahua) fue una serie de siete monólogos que no aparecen en la citada obra literaria. 

Fotografía de Claudia Fernández

La propuesta de Teatro el Milagro, luce por la experiencia y presencia escénica de sus ejecutantes: Diego Jáuregui, Valeria Navarro, Silverio Palacios, Laura Almela y Joaquín Cosío, pues lograron la absoluta atención de quienes asistimos. Sus excelentes actuaciones nos permitieron reír y reconocer, al mismo tiempo, situaciones reales y humanas, como la avaricia, la ignorancia, la indiscreción o el exceso, sin caer en discursos moralistas. Cabe resaltar el monólogo que ejecutó Navarro. Pues aunque contenía tintes cómicos, mostró una de las muchas realidades que viven las mujeres en México: el abuso sexual.

Y es que “Los habladores” son eso, así tal cual, personas de distintos perfiles que nos cuentan sobre los momentos que marcaron parte importante de sus vidas: desde la enfermera que es acusada de inyectar Covid 19,  hasta el luchador que asume, con el mayor convencimiento, haber combatido contra sus héroes desde el más allá. También, la aparición del personaje del presidente Andrés Manuel López Obrador, interpretado por Jáuregui, permite a través del humor presentar una crítica de nuestra realidad política. 

Otro aspecto que debo reconocer, y que solo es plausible en la puesta en escena vista (ya que la antología presenta mayor diversidad de edades), es el que la mayoría de los personajes nos muestren personas que sobrepasan la mediana edad. Esto se vuelve relevante en un contexto en el que, incluso el teatro, propone constantemente producciones en las que podemos ver mayoritariamente a personas jóvenes. Donde sus historias son, comúnmente, el eje central. 

Fotografía de Claudia Fernández

En cuanto al desarrollo técnico de la propuesta, hay aspectos que mejorar, como la proyección de textos que funcionaron como preludio a cada montaje, ya que se apreciaban mal enfocados o con poca luz. Otro aspecto que afectó la visibilidad de las y los espectadores fue la colocación y nivelación de las butacas. Ignoro el por qué en esta ocasión (y en el Rally Nora) en la Sala Experimental Octavio Trías (CCPN) fue tan difícil disponer de asientos que permitieran disfrutar el espectáculo de pies a cabeza. Pienso que quienes se sientan en la fila ocho o diez deberían ver lo mismo que quienes están en la primera o segunda (quien escribe se sentó en la tercera hilera y tuvo que hacer esfuerzos mayúsculos para poder apreciar la puesta en escena).

Finalmente, me parece importante reconocer el esfuerzo de Telón de Arena y Teatro Bárbaro por colaborar y ser parte de la gestión para que obras como Los habladores pisen territorio norteño.

Fotografía de Claudia Fernández

*Según la Real Academia Española, el término baciyelmo significa “Situación o realidad caracterizada por la pretensión de conciliar, mediante una fórmula híbrida, posiciones o conceptos enfrentados”.

Rally Nora 2021: día tres

En el lobby del Centro Cultural Paso del Norte, a las 19:14 horas de un domingo típico de noviembre en Ciudad Juárez, se escucha la voz de Ricardo Aguirre dándonos la bienvenida e invitándonos a disfrutar del espectáculo que está a punto de comenzar. Se trata de la segunda edición del Rally Nora. Una “fiesta creativa”, dirá Mayra Chávez, unos minutos más tarde al anunciar la primera llamada. Mario Mesta abre las puertas y poco a poco nos acomodamos en nuestras butacas.

El Rally es, desde el punto de vista de esta espectadora, un ejercicio que busca la colaboración de la comunidad teatral juarense, el tiempo dirá si de a poco se suman artistas escénicos de otras latitudes. Ya en la primera edición, durante el pandémico y encerrado julio del 2020, pudimos presenciar el trabajo colaborativo de los antes mencionados. En aquella ocasión fue refrescante ver, aunque fuera a través de una pantalla, a tanta gente reunida en la distancia haciendo teatro.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

La primera propuesta de la noche estuvo a cargo del equipo compuesto por Ricardo Aguirre (dirección), Ivonne Chávez (producción), Michelle de la Fuente, René Magallanes y Ralph Wong (reparto). La escenografía, con un fondo negro, estaba compuesta por tres tambos de basura blancos que cumplían con distintas funciones a lo largo de la representación. Por ejemplo, durante toda la primera parte fueron utilizados como mesa de un restaurante, sobre la que reposaban dos botellas de cerveza.

Fue de mi agrado, sobre todo, el momento en que uno de estos botes de basura simula un útero, pues en el ir y venir de pensamientos, emociones y recuerdos, el personaje femenino va gestando un renacimiento hacia el final del acto. Esta obra cuenta con actuaciones fuertes y convincentes, además de armonía entre la música, la iluminación y las acciones.

La herencia parece ser el tema central de Des-hechos, más aún, las cargas emocionales y las huellas que nos dejan las heridas de aquellas personas que nos precedieron. Sin embargo, también se pueden percibir tópicos como el cuestionamiento de los roles de género y la violencia dentro de la pareja. El conflicto está en la decisión sobre la interrupción de un embarazo que debe tomar el personaje femenino, influyendo en ella los planes que para él tiene su pareja; se resuelve con la comprensión y aceptación de su pasado, dejando un halo de esperanza en la línea de cierre: “¿qué nos traerá este nuevo camino?”.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

¿Te gusta el helado? Fue la segunda propuesta de la noche, y con ella llegó el cierre del Rally Nora 2021. ¿El tema? Como en la obra anterior, quedaba un poco desdibujada, ¿el dolor de no ser aceptado como homosexual? ¿los recuerdos de un amor perdido?, ¿la pederastia?, ¿las noticias falsas?, ¿el suicidio?

Este equipo estuvo conformado por Abraxas Trías (dirección), Isaac Uribe (producción), Nahomi Ochoa, Valery Fausto y Cabe Tejeda (reparto). La escenografía consistía en un blanco casi total, en el fondo, piso y vestuarios que me recordó un poco a la hace poco presentada Soy espejo. La blancura que reinaba hacía resaltar el rosa, amarillo y azul en los delantales de los vendedores de nieve (¿el vendedor?).

La acción inicial es una interacción con el público, pues mientras se nos habla del helado sabor vainilla, los recuerdos que evoca y las funciones de las papilas gustativas, también se reparten conos de nieve entre la concurrencia. El personaje, representado por las dos actrices y el actor, nos va contando detalles de su vida relacionados con su oficio y con un sabor particular de nieve de garrafa: vainilla con cerezas.

El primer amor, la imposibilidad de confesarlo, su empleo en una escuela y la ¿falsa? acusación de haber abusado de niños, o cometer actos inapropiados que le valieron la pérdida de su estilo de vida y le arrebataron la posibilidad de seguir vendiendo helados. El punto álgido se da cuando los tres actores estallan en gritos para mostrar la desesperación que provoca perder el control de aquello que suponíamos nuestro.

Aunque no tuve la suerte de asistir los días previos, llamó mi atención un par de coincidencias en las temáticas de ambas escenificaciones: la violencia y los recuerdos. Me parece que también se puede señalar, como bien ya lo marcó Karla Diego en su entrada sobre el primer día de este Rally, que el cambio en la manera de elaborar el texto se notó al momento de la ejecución.

Momentos antes de abandonar el recinto me encontré con Fabián Villalpando quien, con la amena actitud que lo caracteriza, me preguntó qué me había parecido la segunda edición, y un poco más emocionado agregó –ahora presencial–. A mí me hubiera gustado vivir la experiencia de los tres días, pero comparto la esperanza de Grupo Nora, que esta fiesta creativa se convierta en tradición.