Hay dos cosas que disfruto como nada en el mundo: hacer teatro y ver teatro. Y en Ciudad Juárez existen dos festivales que ya cuentan con una enorme tradición, uno de ellos es el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro y el otro es el Festival de Teatro de la Ciudad. Yo juro que desde que los descubrí, he hecho mi mayor esfuerzo por asistir a cada una de las obras que se presentan. Me encanta poder analizar cada momento, desde que se entra al auditorio para comprar un boleto, hasta las expectativas que se generan cuando se observa la escenografía por primera vez o la música que cada compañía selecciona para que suene entre llamadas. Sin embargo, este año fue la excepción, me quedé sin poder disfrutar de la mayoría de las obras seleccionadas (y debo decir que este año hubo una excelente elección, para muestra las ya analizadas en este espacio: Soy espejo, dirigida por Fabián Villalpando; y Quisiera ser, unipersonal de Ricardo Aguirre). Y aunque triste por mi suerte, también estaba muy segura de que, al menos, la obra con la que cerraría el festival no me iba a decepcionar.

Hybris Teatro es uno de los grupos que más ha crecido en los últimos años (desde 2013 a la fecha). Ha participado activamente en el Festival de Teatro de la Ciudad, así como en la Muestra Estatal de Teatro, llevándose el reconocimiento y cariño del público. Y vaya, lo confirmaron durante la presentación de Feria Cervantina, la tarde-noche del domingo 31 de julio. Iniciaré, entonces, con mis impresiones sobre el montaje: mientras el público hacía la fila para acceder al recinto, ahí mismo en el lobby del Auditorio Benito Juárez, aparecieron comerciantes callejeros, anunciando y “vendiendo” globos, pepitas y aguas. Llamaba la atención su vestuario: cada ejecutante tenía un mandil alusivo a la lotería mexicana. Aquí debo hacer una pausa, disfruto que la agrupación se tome la libertad de comenzar el espectáculo incluso antes de las primeras llamadas, para ir creando ese ambiente propicio que necesitará a la hora de que comience, oficialmente, la función. Pues bien, ya ingresando a la sala, las y los comerciantes continuaron invitando al público a consumir sus productos, así como a participar del famoso juego mexicano: la lotería. Y por supuesto, las cartas que se mencionaban hacían alusión a los personajes de cada entremés.
Feria Cervantina, dirigida por Jéssica Hernández y Marco Martínez, (y con elenco de lujo: Christian Valenzuela, Estefanía Estrada, Mariana Ruacho, Marco Martínez y Jéssica Hernández) se compone de dos entremeses cervantinos: El vizcaíno fingido y El viejo celoso. El primero trata sobre cómo Solórzano y Quiñones buscan burlar a Cristina a través del empeño de una cadena; el segundo, de la desesperación de Doña Lorenza al tener un marido celoso y viejo. Por lo cual su vecina Hortigosa, cual celestina, burlará al marido de ésta para que pueda conocer a otro hombre. Cabe mencionar que los entremeses son piezas cortas que se ejecutaban entre obras de mayor duración. En entrevista con los directores de Hybris Teatro, me comentaban que incluso tenían pensado presentar tres entremeses pero que finalmente se quedaron solo con dos.

Hubo un elemento que me pareció complejo de resolver: el lenguaje. Al inicio, cuando se presenta la lotería mexicana, el habla es totalmente coloquial. Sin embargo, al término de este primer momento y de dar pie al entremés, el lenguaje empleado es el propio del siglo de oro español. Esto al principio generó extrañamiento, ya que como se había presentado un lenguaje mexicano e informal, se pensó que así sería el resto de la obra. Honestamente, yo imaginaba que entonces nos presentarían una versión libre de las piezas de Miguel de Cervantes. ¿Podría tomarse como un choque entre la propuesta? No se puede negar la dificultad que conlleva montar teatro de hace cinco siglos y esa dificultad se hace presente en el oído de las y los espectadores, aunque el público termina por acostumbrarse y también termina por entender.
Respecto al diseño del espacio, este se vio decorado por papel china y luces en la parte superior del escenario. Fuera de eso, la dirección propuso cuatro bancos de diferentes colores y tamaños que permitieran jugar con las situaciones. Como bien puede observarse en las fotografías, el diseño de vestuario también fue propio de los personajes característicos de lo mexicano, como el pachuco. Fue interesante espectar entremeses españoles con un vestuario tradicional mexicano. Otra función importante de la vestimenta se dio a través del cambio en los roles de género, si bien en el El vizcaíno fingido Jéssica Hernández interpretó a un personaje masculino; en El viejo celoso, los actores interpretan todos los personajes femeninos y las actrices a todos los personajes masculinos. Esta propuesta fue divertida y aunque claramente algunas actuaciones caían en el estereotipo, no afectaron la trama. Otro elemento de gran importancia fue la música, entre trova y bohemia, que acompañó durante todo el espectáculo. Según la directora y el director del montaje, “los entremeses se cantaron con arreglos originales, así como una canción original de Lalo Jasso”, gran acierto de la dirección. En la música, también acompañó la dulce voz de la actriz Mariana Ruacho.
Finalmente, vuelvo a confirmar lo mucho que disfruté Feria Cervantina. No es sencillo montar teatro áureo español, mucho menos respetando el texto original. De la premiación se llevaron el reconocimiento a “Mejor dirección”, “Mejor actor” para Christian Valenzuela y el segundo lugar en la categoría profesional. Así que les celebro y espero que también puedan presentarse en el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro del próximo año. ¡Cómo no, con una obra cien por ciento juarense!
Otra de mis alegrías, producto de la última edición del festival, es ver el compromiso de la misma comunidad teatral. Como algunas personas sabrán, se otorgan premiaciones económicas al primer lugar en la categoría amateur y a los tres primeros lugares en la categoría profesional. Sin embargo, hubo cambios en la distribución de los incentivos económicos. Angélica Pérez (Bethlem Teatro e Independiente) comenta lo siguiente:
“Pero este año hicimos algo diferente… Al final del sorteo de participación, las compañías nos unimos, firmamos un acuerdo y unificamos el total de los premios para dividirlos a partes iguales entre los 8 montajes, sin distinción alguna, decidimos hacer una fiesta toda la semana pasada y celebrar la escena. Decidimos que la competencia tuviera otras reglas y logramos de este Festival de Teatro #40 un encuentro distinto. Apostamos por la comunidad teatral y por una nueva mirada”. ¿Qué opinan? Yo les celebro.






















