Cruzar el aire de la noche

0.

Es 20 de noviembre del 2021, se cumplen 111 años de la Revolución según los libros de texto, se cumplen también tres días desde el eclipse lunar. He bebido antes lo suficiente como para sentirme ligera y bienvenida en el lugar a pesar de coordinarme torpemente. 

Apenas alcanzamos a sentarnos cuando una voz conocida da la tercera llamada. Todas las obras que conscientemente y con algo de angustia he decidido perderme no importan, en este momento las luces se apagan y se reinicia el juego. 

Y es un juego sobre los deseos de atravesar la casualidad en el momento preciso, de decir las palabras mágicas, angélicas o demoniacas, de atrapar al cielo y a los astros en el momento exacto e imaginarse en un mundo distinto, con otro gesto. 

Es un juego, pues, sobre lo místico, sobre querer cambiar el pasado y el presente. Un juego que a la expectativa vamos probando de a poquito. El pasado no cambia, cambian los sentidos con que lo evocamos. 

Sobre lo sucedido puedo enumerar los siguientes hechos: dos veces se presentaron tres personas sobre el escenario (1+1+1, no dejemos de buscar coincidencias, por más absurdas, en la noche), otras dos aguardaron detrás de cabina coordinando su propia función y la audiencia se posicionaba como tercer jugador, cuerpo de múltiples ojos. Segundo día del segundo Rally de Nora Lab, dos puestas en escena.

Lo que realmente importa:

No retornable

Fotografía de Comedia sin título

No hay vuelta hacia atrás. En la oscuridad no hay regreso otro que la imaginación, más allá solo se puede seguir avanzando. 

1.

Unas luces naranjas revelan niebla sobre el escenario. Una persona (Jessica Hernández) entra con una vara al hombro por el lado izquierdo, por el derecho otra (Christian Valenzuela) carga una escalera, ¿a donde quiere ascender en medio de un espacio por lo demás vacío? Comienzan a charlar ahí, desde la mínima altura. Comparten humo a su alrededor y después dentro de sus bocas, fuman: “si pudieras regresar en el tiempo, ¿qué cambiarías?”, la respuesta inmediata pareciera ser el espacio. 

En ese primer diálogo, el atardecer aparece para contrastar con lo deshecho; “Pinchi Juárez”, hasta arriba en la frontera y hasta abajo en lo demás. Toda altura, lucen con su escalera, es relativa.  

Entra la tercera actriz (Alejandra Magadán). Hay intercambio. De intercambiar su suerte y su confianza con algún descuidado intercambia instrucciones el segundo personaje con ella. Sobre su cabeza, Jessica Hernández interpreta con sus manos y una bolsa de plástico una danza que representa el viaje y la transformación. Christian hace lo propio por lo bajo. 

Arriba y abajo yendo y viniendo mientras la otra se queda estática en medio. Los trajes que llevan, sencillos y negros pero con una puerta brillante dibujada sobre todo el cuerpo, tres líneas que recorren sus hombros y costados, semejan el portal que quisiera abrirse desde adentro.

Las luces, el humo, los gestos, la escalera y la danza dibujan un ambiente de confusión. Los textos agolpan frases sobre lo chusco, gracioso y grotesco cotidiano y material con lo metafísico. Para cambiar una vida larvaria en una ciudad larvaria, qué tal abrir un hueco y salir derramado de la pupa: “Ojiva tullida”, “Santa sarna”. 

El rito final tiene ritmo anfíbraco: dos golpes suaves envuelven acentos funestos. Luego de una plática en apariencia tranquila y chusca Christian Valenzuela, grita su conjuro desaforado; pero el final, por más energía que haya puesto en romper con el camino anterior, no termina como promete, la decepción es lo único que retorna. 

2.

Está negro el cielo

Fotografía de Comedia sin título

Por un momento siento alivio de retornar a la sala y encontrar contornos diáfanos de luz. No es sino hasta unos momentos después que los veo tajantes. 

Tres marcos rojos penden a altura del rostro frente al proscenio; las actrices yacen acostadas cada una sobre una tarima que simula ser cama. Detrás, a los lados, los contornos dibujados de un par de ventanas y una puerta rematando el centro. Sobre todo lo demás, una vara larga que cuelga horizontal sujeta de sus extremos. Todo, menos los marcos, está trazado en blanco sobre un fondo negro, incluido el vestuario de las actrices que veremos poco después, ropa de cama.

Empieza la coreografía. Las mujeres cobran vida, retiran de un movimiento las cobijas que las ocultaban, se ponen de pie y vienen hacia los que ahora veo que no pretenden ser simples marcos sino también espejos. Se observan con detenimiento. Después dan un cuarto de vuelta hacia su derecha, caminan y cambian de lugar con la otra. Se acuestan. Se repiten sus movimientos una, dos, tres veces más. Los recuadros las enmarcan en cada ciclo. Se descubren reflejo de las demás. 

Y arranca el problema. Verbalizan lo que veíamos repetirse: “Todos los días me levanto a las 6:30”, “Suena mi teléfono y apago la alarma”, “Veo mi celular y entonces” … entonces llega el quiebre: la rutina se rompe a través de diferentes mensajes de texto que han llegado a sus teléfonos, en el caso de dos de ellas, o que falta, en el caso de la otra. Hay desconcierto. El cielo que revelan las ventanas sigue y seguirá oscuro. La única luz que las baña tiene el tinte blanquecino de lo artificial. 

A diferencia de la puesta previa, las mujeres desearían retornar las cosas a como estaban antes, mas se mantienen realistas. Para ellas, en este momento nada tiene que ver el firmamento con sus vidas y les inquieta que a sus interlocutores sí: “no te pongas paranoica […] preocupada por una nube negra”.

La actitud de las protagonistas marca para la obra un tono y estructura distintas de la anterior: si en No retornable de Manuel Herrera se nos mostraba una situación cotidiana que paulatinamente caía en lo ritual y chamánico –con frases ininteligibles, luces y bailes abstractos–, en Está negro el cielo de Óskar Morr nos mantenemos dentro del melodrama, en una lucha por no caer en lo absurdo de las supersticiones, donde la significación de cada elemento se muestra clara. Ellas persisten en actuar pragmáticas. Al mencionarse las ventanas, en el fondo se ubican dibujadas.

Las situaciones que enfrenta cada una se amparan en ámbitos diferentes de la vida: Estefanía Estrada encarna a una universitaria que va perdiendo a su madre; Ivette Villalobos interpreta una ruptura amorosa; y Abril Badillo asume el papel de mujer de negocios cuya vida ha sido absorbida por el trabajo. Violencias cotidianas con las cuales las y los espectadores podemos identificarnos con facilidad. 

Al final, se retoman los espejos: todas son la misma en una edad distinta, o al menos comparten la historia de un mismo nombre. El estiramiento de los lazos familiares enmarca la juventud, el desencanto de las relaciones sexoafectivas la madurez, y la reflexión sobre todo lo perdido en la búsqueda obsesiva del desarrollo profesional la ofrece en retrospectiva  una René de cincuenta años. Para todas las que ha sido, la atmósfera se ha renegrido múltiples veces. 

Súbitamente una proyección se enciende desde un costado de la sala. El noticiero de último minuto: no es superchería buscar refugio, sí se cae la bóveda. Y, a pesar de todo, solo les queda continuar.

3.

No debiera decirlo, el año pasado tuve la oportunidad de participar como escritora para el mismo evento y en esta ocasión me desconcertó que se eliminara totalmente el papel: puro gremio actoral y performancero, con la excepción de Marco Antonio López, productor (no dramaturgo, claro) de No retornable. Si hubo problemas entonces, y si bajo estas nuevas condiciones me sorprendió más no escuchar la voz de Marco Antonio, igual me enseñaron a no llorar por las manchas de tinta derramada y dejarlo atrás, ya que la narración y estructura de ambos textos, colectiva, me pareció bien lograda, distintas y coincidentes. 

Mientras que tuve ventaja por conocer a Manuel Herrera, director de No retornable, fue obvia la extrañeza de las palabras que profería a momentos el elenco, sobre todo durante el cierre. De inconfundible huella, los vocablos seleccionados por Herrera se enfocan en la búsqueda de sentidos extraños habitando cuerpos incómodos de pronunciarlos.

Por el contrario, bajo la dirección de Óskar Morr con producción de Krystel Sóforo, Está negro el cielo se sintió natural, un ambiente creado por los impulsos más lógicos del colectivo. Pese a tratarse de la pérdida, como espectadora me sentí más libre y holgada, con mayor permiso para confundir a consciencia ficción y realidad. Destaco aquí la actuación de Estefanía Estrada quien con su naturalidad en esta ocasión compartió una historia con la que pude dolerme hondamente a pesar de saber que no era mía y muy probablemente tampoco suya.

 Para cerrar, retomo que quise hablar primero sobre mi estado predispuesto a participar del juego teatral y mis lecturas de ambas obras fueron así altamente subjetivas, como las de todos y todas. Quizás los textos tengan menos en común de lo que intenté sugerir al inicio, lo que es verdad es que por lo menos en el teatro pudimos experimentar otras versiones de mundo totalmente distintas en espíritu, pero nacidas de algunas angustias que compartimos, encontrarnos frente a muros altos y sombríos, querer cambiar el rumbo de las cosas. Este par de equipos formados por el Rally de Aniversario de Grupo Nora Lab nos entregaron un trabajo completo que en solo unos pocos días imaginaron, vistieron y encarnaron.

Rally Nora 2021: Emilio y Día de descanso

Después de una exitosa primera edición, Grupo Nora arrancó el rally 2021 en el que 30 artistas escénicos formaron equipos para crear, en menos de una semana, una obra de teatro. Si bien, la dinámica para generar las propuestas fue muy similar a la entrega anterior, en esta ocasión no hubo textos creados, con anticipación, sino que los mismos equipos los escribieron colectivamente. Otro de los cambios más notorios, se dio en la organización de las agrupaciones, ya que el año pasado se logró apreciar una clara igualdad de género en cuanto al número de directoras y directores que participaron (lo mismo con la cantidad de ejecutantes, escritores y escritoras). Curiosamente, en esta ocasión, solo dirigieron varones. ¿Será que las mujeres no tienen interés en la dirección escénica? Por otro lado, se le otorgó importancia a la figura del productor y productora. También es importante mencionar que, finalmente, el Rally Nora pudo vivirse de manera presencial en la Sala Experimental Octavio Trías. 

Imagen de la página de Facebook de Nora Lab

Viernes 14 de noviembre

Emilio

Emilio inauguró el Rally Nora 2021, bajo la dirección de Humberto Morales y con la producción a cargo de Jorge Rodallegas. En el espacio escénico se encontraba un sillón frente a un televisor de gran tamaño que proporcionó una lúgubre iluminación, adecuada para sumergirnos en la ansiedad del personaje principal, Karla (Tania Hernández), quien aparece de pie en medio de una crisis. Debo mencionar que, al tener un gran número de acciones en el piso o en el sofá, la visión, para quienes nos encontrábamos en las últimas filas, no fue la mejor. Por lo que tuve que cambiarme de lugar.

La claridad del argumento careció de lucidez. “¿De qué trata?” me pregunté varias veces. Apareció entonces, entre sueños, el monstruo demoníaco (Juan Barragán) retorciéndose, junto a Karla, en una perturbadora y brillante coreografía, por mucho, lo mejor del montaje. ¿Pero dónde está Emilio? ¿Por qué su importancia? El personaje interpretado por Victoria Valles lo menciona: “Hubiera preferido que me engañaras con una persona con vagina”. Queda claro que ambas se enfrentaban al duelo de su relación. Sin embargo, no hubo fluidez entre las actrices, por lo que la relación lésbica se apreció forzada.

Es de reconocerse el interés por incorporar elementos del terror, sobre todo porque sí se logran instantes muy tétricos, sin embargo, la composición de su argumento no permitió una mayor claridad en la propuesta.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Día de descanso

¿En qué momento el trabajo puede convertirse en lo más importante, al punto de desprenderte de tu propia vida? En Día de descanso, nos encontramos con Azul (Ivonne Rosas), una periodista dedicada a su labor, a la que su jefe (Aarón Ríos) le otorga un proyecto sobre los planos del Bravobus. Este suceso, principal en la trama, tiene como paralelo una extraña enfermedad que paraliza al mundo: las personas caen en estado de coma de manera aleatoria. Esta premisa, por demás interesante, pasa a segundo plano. No interesa el estado de emergencia sino trabajar, trabajar y trabajar. 

La composición del espacio escénico fue atrevida y bien lograda pues el equipo 2, dirigido por Alan Posada y producido por Elizabeth Ricalday, escenificó Día de descanso desde uno de los palcos laterales del Trías. Esto permitió que la obra, cuál formato de río, se apreciara claramente. De esta manera, por un lado se podía observar a Azul trabajando, tomando café, ansiosa por encontrar los planos y, por el otro, a su jefe haciendo ejercicio, bronceándose, tomándose selfies y hasta grabando un Tik Tok. Momentos que generaron risas y aplausos entre las y los asistentes. Finalmente, la historia muestra a la pareja (Laura Galindo) de Azul, quien practica la meditación y lanza frases reflexivas que, lograrán que la protagonista se aleje del trabajo y disfrute la sensación de calma, todo antes de darse un beso que sellará su amor y que la situará en un estado vegetativo. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Aquí todos somos ladrones

El sábado 6 de noviembre, asistí a la segunda función de La casa del Senador, con texto del argentino Hugo Daniel Marcos y con la producción y dirección de Juan Pablo Cajero. El argumento principal es el de dos ladrones: Cacho y Pipo (interpretados por Jorge Huerta y David Hernández), que han decidido robar la casa del Senador (Osvaldo Esparza). Sin embargo, su propósito se verá interrumpido por una serie de visitas inesperadas que dejarán en claro que la avaricia de los dos ladronzuelos es nada, comparada con la del  político y su gabinete.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

El espacio escénico se compuso por una serie de mamparas que formaron las paredes, entradas y salidas de la sala, en la cuál toda la acción se desarrollaba. La escenografía, bastante tradicional, cumplió con su objetivo: todos los elementos del decorado y utilería fueron imprescindibles para facilitar y mantener los conflictos. Por otro lado, la música elegida figuró únicamente para presentar personajes o situaciones. En cuanto a los personajes, cabe destacar la actuación de David Hernández y de Frida Araujo, quien interpretó a la secretaria Lucía. Ambos me parecieron naturales y divertidos, al contrario del resto del elenco que se apreciaron más dubitativos. Por su parte, el personaje del Senador no es lo mejor que ha interpretado Esparza, quien cuenta con una amplia trayectoria teatral. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

Cabe mencionar que es la primera vez que veo una obra de Hugo Daniel Marcos, sin embargo, Producciones Cajero ya había presentado “Un mal día”, también con la dramaturgia del autor argentino. La comedia de Marcos, tiene la estructura de una comedia de enredos, aunque como bien menciona Frederic Serralta: “Todo teatro es enredo”. Sin embargo, en La casa del Senador este elemento es lo más presente e importante que hay en toda la obra. Sin los nudos, no hay conflicto ni situaciones enrevesadas: desde los chicles laxantes hasta la ignorancia respecto a las identidades de los personajes. También, Pipo recuerda a la figura del “gracioso” en la comedia del Siglo de Oro, aunque ciertamente, este personaje “bajo” no es tan contrario (a excepción del nivel social y económico) del resto. Y es que la política representa, a lo largo de toda la historia, lo más grotesco y vil: desde las malas digestiones hasta las injustificadas transacciones millonarias. 

Si bien, no es el tipo de humor que disfruto, no puedo negar que la audiencia mantuvo la risa durante toda la función. 

*Se espera una tercera y última temporada de La casa del Senador para el mes de febrero del 2022.

Vivir mil vidas en la misma ciudad: Este título fue acribillado

Recuerdo la primera vez que miré a Manuel Bonilla durante el Festival de Teatro de la Ciudad del 2014. Lo mantengo en mi memoria porque él se veía muy emocionado con la presentación de Este título fue acribillado, texto con el que inició en la dramaturgia. En ese entonces, también fue el debut de Marco Martínez en la dirección. En fin, lo menciono porque en aquel tiempo, la obra me pareció confusa, no comprendía qué sucedía en escena. Ahora, octubre de 2021, el texto dramático se presenta nuevamente pero con la mirada de Gabbo Reyes.

Fotografía de Karla Torres

El Ático de la Kerrus (café y foro independiente) fue un espacio ideal para la propuesta de Pathos Arte Teatral, pues generó una sensación de completa intimidad.  El espacio escénico, oscuro y levemente iluminado en verde y rojo, se conformó a partir de la división por cortinas de tela, plástico, rejas; la diversidad del material permitió que cada uno de los cuadros se apreciara distinto, así como que tuviera un doble uso: proyección de imágenes y de texturas. La propuesta de encierro, atinada, me hizo imaginarme en el bajo mundo, presenciando algo que no debía observar. Por mucho, esta me parece la mejor dirección escénica de Reyes. 

Las actuaciones de Rafa Wong, Jazmín Beistegui y Victoria Valles, siempre mantuvieron un tono fársico, adecuado para la propuesta. Sin embargo, algunos efectos sonoros (como golpes o caídas) causaron que las mismas acciones se interpretaran como sucias, por el desfase cuerpo-sonido. 

Si bien, no se escenificó todo el texto de Manuel Bonilla, los tres cuadros seleccionados embonan perfectamente en un interpretación que le confiere mayor unión a los personajes pues pareciera que tanto la prostituta como la tendedera fueran la misma mujer en el limbo. Esta figura femenina encarna el dolor y la fiereza de vivir en una ciudad como la nuestra, sobre todo en el periodo 2007-2011. Y es que Juárez no ha dejado de ser una de las ciudades más violentas del planeta. Aquí se asesina, se tortura, se violenta constantemente. ¿Te imaginas reencarcar constantemente en la misma ciudad?

Fotografía de René Magallanes

*Este título fue acribillado se seguirá presentando del 7 al 10 de octubre.

La prietty guoman: en búsqueda del final feliz

El domingo 12 de septiembre el Centro Cultural Paso del Norte se engalanó con la presentación de La prietty guoman, espectáculo original con dramaturgia, dirección y actuación de César Enríquez y con la musicalización de Álvaro Herrera. La protagonista, una mujer trans veracruzana, narró mediante un show musical la búsqueda para encontrar un amor “bonito”. Y es que desde el título mismo es evidente el paralelismo con Pretty woman (1990, Garry Marshall) película que lanzó a la fama a Julia Roberts. En el film, Roberts interpreta a una prostituta que, cual suerte de Cenicienta, enamora a un hombre rico (Edward Lewis personificado por Richard Gere). Sin embargo, en la obra de Enríquez, La prietty guoman no la tendrá fácil, pues debe luchar continuamente contra la discriminación por su identidad sexual. 

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

La Doroty, espacio ficticio donde suceden la mayoría de los acontecimientos, fue parte del público desde la tercera llamada pues La voz del presentador nos iniciaba en el viaje de La prietty guoman. Un piano, un televisor que subía y bajaba, un sillón redondo y la parte trasera de un auto (que también funcionaba como ropero) fueron el adorno del espacio escénico. De la misma forma, la iluminación (siempre justificada) jugó un papel fundamental. Otro aspecto que destacó notoriamente fue el presenciar a un ejecutante tan completo, como César Enríquez, a nivel corporal y vocal. Y es que logró emocionarnos al ritmo de Celia Cruz, Mariah Carey, Madonna y Withney Houston.

El teatro cabaret, género en el que se incluye este montaje, con su distinguida resistencia política nos sacó aplausos, por ejemplo, al mostrar el famoso pañuelo verde, después de que la Suprema Corte de Justicia de la Nación despenalizara el aborto, así como una aguda crítica ante la diplomacia de Maru Campos  y el gobierno de López Obrador. Y es que el teatro se puede valer de mil formas para hacernos sentir, a veces mediante la elevada metáfora y otras mediante el humor, ese que parte desde nuestra realidad social. La emoción del público hizo evidente la necesidad de este tipo de espectáculos que favorecen una visión crítica de nuestro mundo actual.

Fotografía de Serena Morena

La prietty guoman hace incapie en la lucha de las mujeres trans por sobrevivir en un mundo donde la precariedad laboral y la discriminación las orillan a ser parte de la lista que compone el tráfico de mujeres; también, a susbisistir en un país donde pertenecer a la comunidad trans pareciera delito y un crimen por castigar. Y es que sistemáticamente el machismo impone un panorama que replica estigmatizaciones y violencias. Según El observatorio de crímenes de odio (Reporte índigo), tan solo en el primer año de gobierno del presidente Andrés Manuel López Obrador, fueron asesinadas por su orientación o identidad sexual 117 personas pertenecientes a la comunidad LGBTTTIQ. De la misma manera que, en Ciudad Juárez durante los años de la Guerra contra el narco, las mujeres trans fueron perseguidas por el gobierno de Felipe Calderón. Y es que al igual que La prietty guoman, cientos de mujeres trans se embarcan en la búsqueda del “final feliz”, ese mismo que el personaje de Julia Roberts encontró en el de Richard Gere. Desafortunadamente, la mayoría se topa con el desenlace sorpresivo, ese mismo que la noche de ayer nos transformó la risa en un sombrío gesto.

Mexicanas que inspiran

En 2019, Alan Posada reunió a directoras y actrices para crear historias breves a partir de la memoria de mexicanas que se desempeñaron en la política, ciencia o artes y que, por su contexto histórico-social no fueron tan conocidas como sus congéneres masculinos. En aquellas presentaciones (a través de distintas rutas) pudimos conocer a Carmen Mondragón (mejor conocida como Nahui Ollín), Sor Juana Inés de la Cruz, Tessy López, María Izquierdo, Rosario Castellanos, entre otras. Ahora, en 2021, la fórmula se repite y doce nuevas historias de Mexicanas llegan al foro de Telón de Arena. 

Antes de comenzar el viaje entre los blancos tipis, cada espectador/a deberá elegir entre seguir la ruta azul, verde o roja. Es importante mencionar este dato ya que para poder conocer a cada una de las mexicanas, se tendría que asistir en tres diferentes ocasiones. En la función del viernes 3 de septiembre elegimos la Ruta verde.

Fotografía de Comedia sin título
  1. Pati Ruiz Corzo (Ecologista)

Tras vendarnos los ojos, disfrutamos de un paisaje sonoro recreado por la actriz: ¿Qué será? Un río, el viento, un susurro, rocas chocando entre sí. Este momento (totalmente ASMR) generó calma y relajación, sensaciones placenteras que permiten a la recepción encajar en un ambiente sereno y natural como el de la Sierra Gorda, lugar en el que la activista luchó por la conservación de su biodiversidad. Ya sin vendas, la iluminación verde y el decorado escénico (plantas, rocas, tierra oscura, agua) permiten aún más vislumbrar la cercanía con la naturaleza. La actriz, Gizéh Beltrán del Río, que siempre jugó con su voz (canto intermitente) dio una bella interpretación de la queretana ecologista. “Puerta de Monte” contó con la dirección y dramaturgia de Amalia Molina.

  1. Elena Garro (Escritora)

Si bien, la triste imagen de Elena Garro parece imposible de alejarse de sus representaciones, la propuesta de “No soy Elena Garro”, dirigida por Guadalupe de la Mora, conmueve y fascina por acercarnos a la infancia de la periodista y escritora mexicana. Aunado a la excelente actuación de Guadalupe Balderrama quien, entre los juegos favoritos de Garro, recorre en sus memorias los días más felices, empapados de una desoladora nostalgia.

  1. María Grever (Compositora)

En “Mi rincón en el cielo”, dirigida por Nahomi Ochoa, nos encontramos con la compositora María Grever, quien desde su blanco rincón nos cuenta sobre sus inicios en la música, el amor, la familia y la pérdida al compás de sus melodías más conocidas (“Júrame”, “Cuando vuelva a tu lado”, “Alma mía”, entre otras). La pulcritud del espacio estuvo decorada por su instrumento musical y un piso repleto de partituras musicales. La actuación de Elizabeth Ricalday fue atinada, su voz tranquila y bien modulada, además de una caracterización que siempre sorprende, nos guiaron durante el cuadro.

  1. Lola Álvarez Bravo (Fotógrafa)

La densa y roja iluminación nos guió hasta el cuarto oscuro de Lola Álvarez Bravo, la primera fotógrafa mexicana. Allí, entre retratos y químicos, dio inicio “La magia de la mirada”, con dirección y texto de Claudia Rivera. Entre la intimidad de aquel espacio, pudimos conocer la brillantez de Lola quien, pese a todo, decidió conocer el mundo por ella misma y logró retratar un México desde su visión femenina. Entre aquellas imágenes que colgaban, los rostros de madres, artistas e infantes nos sacudieron. Arely Hernández nos regaló un trabajo actoral bien ejecutado pero, sobretodo, que conmueve al recordarnos nuestro valor como mujeres que soñamos.

Fotografía de Comedia sin título

Mexicanas es un espectáculo teatral que funciona por muchas cosas, desde la cercanía con su público, el rompimiento de la llamada cuarta pared, la intimidad del espacio, la danza y el canto entre cuadros, la invitada especial, lo lúdico que puede ser recrear distintos mundos y, en especial, la resurrección de los hechos que marcaron una parte de la historia de nuestro país. De un México que de pronto olvida a esas mujeres que, con doble o triple dificultad, lograron llegar a la cima. Personalmente, agradezco profundamente este tipo de montajes, que inspiran a mi hija de ocho años. Hoy ella quiere ser activista, escritora, compositora y fotógrafa.

El tiempo para Ser

—Yo quiero ser como tú cuando sea grande—, ¿quién no ha pronunciado alguna vez estas palabras ante un amigo, un familiar o, incluso, frente a alguien que acaba de conocer?, ¿qué se esconde detrás de estas palabras?, ¿de dónde viene la necesidad de ser otros?, ¿no nos basta con ser nosotros mismos?, ¿quién soy?, ¿quién quiero ser?

La mala noticia: Ricardo Aguirre no nos da la respuesta. La buena noticia: Ricardo Aguirre no nos da la respuesta.

Quisiera|Ser es una propuesta unipersonal, no se trata de un soliloquio, pues representa en escena a diversos personajes. Es necesario que el público esté atento todo el tiempo a los cambios de tono y a los gestos para identificar a los distintos interlocutores. En el escenario conviven muchas voces: un niño, un adulto, un contador (tal vez), un trabajador, un padre… Será tarea del espectador reconocer a cada uno y entender qué le quiere decir. ¿Soy yo alguno de ellos?

Lo que sabemos al ingresar a la sala es que presenciaremos una confesión, un empleado de maquiladora se abrirá ante sus compañeros. Considero que perfilar al primer personaje como trabajador de una fábrica permite el diálogo con el público de una urbe como la nuestra, Ciudad Juárez, la ciudad de las maquilas. No es demasiado complicado llenar el espacio en penumbra con maquinaria, aunque no la podamos ver, a lo lejos, sabemos que hay procesos sucediendo, engranajes que no se detienen dentro de “un sistema que ve por nuestro bien”.

En combinación con los cambios de luces, nos vemos trasladados de una fábrica, a un baño, y a un lugar lleno de agua (¿el mar?, ¿una alberca?). Manos que no están allí, pero que se vuelven visibles gracias a la fuerza corporal de Ricardo, lo avientan, jalan o intentan ahogar, de acuerdo con lo que experimenta en cada situación. El escenario es un espacio negro y vacío que cambiará poco a poco gracias al juego de luces y sombras a cargo de Joan Andrés Buitrón, así como de los elementos que se irán desprendiendo del cuerpo del actor, transformando su indumentaria no sólo en vestuario sino en accesorio (Éricka Flores).

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

–El papeleo se entrega para ayer–, dice uno de los personajes con quien el niño se encuentra en su recorrido por la fábrica. De aquí podemos deducir que uno de los temas centrales de la obra es el tiempo, pero éste corre siempre distinto. Para el posible contador (y puede estar contando cualquier cosa, como aquél que contaba estrellas y por ello creía poseerlas) el tiempo ya se acabó, vive en un espacio entre el ayer y el mañana porque todo es urgente, todo ya expiró. Nuestro trabajador recuerda –era muy pequeño, tenía tiempo de sobra–, ahora parece que se le escapa de las manos.

Dentro de la obra el tiempo se detiene, se acelera o salta, la musicalización (Rebeca C. del Angel) juega un papel fundamental para que este efecto se logre, además de influir en el ánimo del público. La obra comienza con una pausa, el empleado se detiene –no puedo irme sin compartirlo con ustedes–, convirtiéndonos no sólo en espectadores, sino en cómplices, confesores, depositarios de la toma de conciencia que este personaje ha tenido. ¿Hace cuántos años que el trabajador ha abandonado sus sueños, su búsqueda, a sí mismo? Y viene el reclamo del niño –estás allí sentado esperando que salga el sol en lugar de buscarlo para ti mismo–.

Si ustedes, quienes han visto ya la obra (y si no lo han hecho, vayan antes de que el tiempo pase), notaron ciertas similitudes entre ese niño que recorre las salas oscuras llenas de recuerdos, y aquél otro que fue de planeta en planeta buscando un amigo; les pido que acudan a este nuevo paisaje, no dejen tan solo a un compañero de trabajo que, en un mundo que parece ya no tener tiempo para conocer, nos pregunta –¿podemos platicar?–.

Escrita, dirigida e interpretada por Ricardo Aguirre, Quisiera|Ser continúa en cartelera de jueves a domingo a las 20:00 horas en Café Teatro Telón de Arena, del 19 al 29 de agosto de 2021.

Confusiones sobre la categoría amateur y profesional en la escena juarense

Desde la edición 36 hasta la más reciente entrega, el Festival de Teatro de la Ciudad se ha propuesto incluir a todos sus artistas escénicos a través de la categoría amateur y profesional. Sin embargo, muchas dudas surgen respecto a cómo definir dicha categorización: ¿Qué entendemos por el teatro profesional? ¿Qué es el teatro aficionado? ¿En qué momento una agrupación puede pasar de amateur a profesional? Decidí, entonces, entrevistar a directoras, directores, investigadoras, técnicos, actores y actrices para conocer cómo definen ambos conceptos. Fue muy revelador encontrarme con opiniones tan distintas, por lo que, para evitar juicios, les nombraré por su papel dentro de la escena. 

-Quería preguntarte si desde la selección de su montaje les mencionaron que entrarían a la categoría amateur. Y también si les han mencionado cómo pertenecer a la profesional.

Director 1: Nosotros asumimos ser amateur y realizamos así el registro y los formularios. Lo consideramos así por cierta información que viene de otros lados pero la verdad desconozco qué divide a las categorías y los requisitos para que se considere profesional.

-¿El siguiente año seguirás participando en amateur? ¿O en qué momento te sentirás listo para contender en la categoría profesional? 

Director 1: Yo creo que en amateur todavía. Tengo 25 años y sí llevo diez haciendo teatro, pero mi proyecto tiene tres años apenas y solo dos proyectos. Me falta mucha experiencia en estos temas para enfrentarme con los equipos que se postulan en profesional.

 -¿Cuál es para ti la diferencia entre el teatro aficionado y el teatro profesional?

Investigadora 1: El profesional es el pagado. Aficionado es el que se hace sin un entrenamiento con fines de capitalizar su trabajo. Y es raro porque sé que cualquiera puede cobrar sin saber qué ni tener “un nombre”. Pero la profesión es eso.

Director 2: ¿Profesional? Hecho por aquellos cuya profesión es esa. Que estudiaron lo propio para eso. Que viven de ello. Uno da por sentado que están comprometidos con su arte.

Técnico 1: El pago. Quienes se dedican al teatro profesional, desde cualquier actividad (administración, técnicos, actores), mantienen una remuneración económica.

Investigador 2: No debería haber ninguna diferencia, es como decir literatura emergente y literatura. Aunque aquí hay un poco más de prejuicio porque quiere decir que hay un teatro serio y otro que no lo es tanto.

Actriz 1: La diferencia es el dinero y la validación del gremio.

Director 3: (Parafraseando) Para mí el teatro aficionado es como el teatro escolar que conlleva trabajar con actores y actrices no profesionales. 

Actor 2: La categoría amateur, yo la considero así generalmente (así sin tomar mucho a detalle consideraciones), que es aquel montaje que se deriva de un curso o taller, alguna escuela, un montaje escolar, por decirlo así. Y el profesional, considero que ya es con un grupo con trayectoria, integrantes con trayectoría y así. 

Directora 4:De una forma muy personal, en el caso de nuestro proyecto, nosotros tardamos muchos años sin poder participar en el Festival de la Ciudad porque nuestro elenco era joven o nuestra poética era joven. Entonces cuando se abre la posibilidad, a pesar de que consideramos que el trabajo que hacemos lo hemos hecho durante mucho tiempo y es de buena calidad, aun así tardamos mucho tiempo como en posicionarnos respecto a otras compañías que sí se denominan, sin ningún conflicto, como profesionales. Creo que para nosotros ha sido una lucha que otras compañías que localmente o en el estado, desarrollan la misma actividad que nosotros hacemos, que es el teatro, validen nuestro proyecto como profesional y no como algo… no sé, es que de pronto el mote de teatro escolar es como algo que no es válido o que está mal hecho o, incluso, cuando pensamos en lo amateur, pensamos en algo que necesariamente tendría que tener una calidad baja y para nosotros esos conceptos son completamente distintos. 

Fotografía de la obra Reversa, obra escrita al revés por el Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Esta diversidad de definiciones demuestra que no hay una certeza sobre el concepto de teatro amateur ni profesional entre teatristas, así como que la convocatoria del festival no promueve claridad (las especificaciones deben plantearse año con año). Y esto es importante debido a que la categoría grande mantiene tres estímulos económicos y la de aficionados solamente uno. También habría que mencionar que, por otro lado, aunque la Muestra Estatal de Teatro tampoco especifica en qué consiste cada rango, sí admite a ambos tipos para contender por el mismo premio: “La persona representante de cada una de las compañías recibirá un estímulo de 10 mil pesos y un reconocimiento impreso por su participación”. Curioso que ciertas reseñas e investigaciones sobre la MET asuman la categoría de cada agrupación sin que a éstas se les pidiera reconocerse como tal.

Pero entonces ¿qué es el teatro amateur? Javier Salvo (Teatro Navarro) menciona que el teatro amateur, a pesar de provenir de un término que le confiere significados despectivos, procede de la motivación, a pesar de que, al mismo tiempo, no requiera toda la preparación y conocimiento que sí tiene el teatro profesional. Por otro lado, Carlos Taberneiro (Responsable de Relaciones Internacionales de la Confederación Escenamateur) dice: “que Teatro amateur es el arte de la escena, realizado por agrupaciones teatrales que no persiguen con su actividad fines lucrativos, y compuestas mayoritariamente por personas que practican esta actividad sin hacer de ella su medio de vida”. Esta descripción, en una escena teatral como la nuestra, genera otras preguntas, principalmente porque todas las agrupaciones juarenses cobran por presentar su trabajo (¿quién lo hace gratis?) y, la mayoría, no viven de su arte. Casi todas y todos los creadores escénicos viven de otras actividades que les generan la mayor parte de sus ganancias económicas. Y ni hablar del tiempo, la muestra local y estatal considera profesionales a los grupos que tienen entre 5 y 8 años de experiencia. Entonces… ¿quién sí lo es?

Alejandra Serrano (Investigadora y crítica teatral) menciona que “el acceso de un grupo o creador a recursos públicos depende de si está dentro de lo que se determina como teatro profesional, quizá entonces la pregunta más importante es quién determina qué es lo profesional y qué pasa con aquello que no es considerado como tal”. En Ciudad Juárez ¿quién lo determina? A veces, pareciera que es el mismo círculo de artistas quienes suponen (bajo su propia estética) quiénes sí pertenecen y quiénes no, aún cuando los “amateur” lleven más de una década en la escena juarense. Creo que de pronto se olvida que la mayoría de las agrupaciones forman parte de la escena del Teatro independiente, ese mismo que surgió y se originó gracias a todo aquello que no era considerado como profesional. 

Finalmente, la confusión es relevante puesto que admite la necesidad de generar definiciones claras para participar en cualquier convocatoria (pocos estudios hay sobre el teatro amateur, por ejemplo). También es importante porque genera otras discusiones como la precarización del teatro, misma que no permite la profesionalización al faltar apoyo económico, técnico, formación artística, apoyo gubernamental y empresarial. 

Referencias

Alejandra Serrano, “¿Cómo definimos el teatro profesional? y ¿para qué?”. Teatro mexicano (3 de septiembre, 2019) [En línea]  http://teatromexicano.com.mx/8481/como-definimos-el-teatro-profesional-y-para-que/ (Consulta: 18 de agosto, 2021).

Carlos Taberneiro, “E teatro amateur ¿de qué hablamos?”. Artezblai (20 de noviembre, 2018), [En línea] http://www.artezblai.com/artezblai/el-teatro-amateur-%C2%BFde-que-hablamos.html (Consulta: 17 de agosto, 2021).

Cristina Santolaria, “El teatro no profesional en la década de los 60: El camino hacia el teatro independiente”. Teatro: Revista de estudios culturales/ A Journal of Cultural Studies. Volumen 11 (junio, 1997), [En línea]: https://digitalcommons.conncoll.edu/cgi/viewcontent.cgi?article=1120&context=teatro (Cosulta: 12 de agosto, 2021).

Javier Salvo, El teatro amateur en Navarra. Tk, ISSN 1136-7679, Nº 26, 2014, págs. 179-180, [En línea]: http://www.asnabi.com/revista/tk26/00completo.pdf (Consulta: 16 de agosto, 2021).

Staff, “Este jueves cierra el plazo para inscribirse al 39 Festival de Teatro de la Ciudad”. Página del Gobierno Municipal (14 de julio, 2021),  [En línea]: http://www.juarez.gob.mx/noticia/30888/este-jueves-cierra-el-plazo-para-inscribirse-al-39-festival-de-teatro-de-la-ciudad# (Consulta: 15 de agosto, 2021).

TEM/ Secretaría de cultura, “Convoca Secretaría de Cultura a participar en la Muestra Estatal de Teatro 2020”. Chihuahua Gobierno del Estado (22 de agosto, 2020), [En línea]: http://www.chihuahua.gob.mx/contenidos/convoca-secretaria-de-cultura-participar-en-la-muestra-estatal-de-teatro-2020 (Consulta: 17 de agosto, 2021).

Ser espejo, ser todos

Yo he sido Homero, en breve, seré Nadie, como Ulises; en breve seré todos: estaré muerto.

Jorge Luis Borges
Fotografía de Mayra Alba

Cuando uno ve una obra de teatro, a veces, puede verse a sí mismo en el escenario, hay una especie de anagnórisis que nos hace parte del elenco o que al elenco lo hace parte del público. Encontrarse en el otro, es, muchas veces, catártico.

En el montaje de Soy Espejo, por Grupo Nora, bajo la dirección de Fabián Villalpando, que se basa en cuatro textos de Henrik Ibsen, a pesar de la referencia clarísima desde el título, el encuentro con uno mismo va mucho más allá de solo reconocerse en el otro y va también más profundo.

A través de cuatro historias que se desarrollan una detrás de la otra e interponiéndose entre sí, el público enfrenta de manera simultánea el argumento del texto y el lenguaje corporal de los actores que detenta el mismo poder comunicativo de la palabra e, incluso en algunos puntos, más.

Esto se vuelve fundamental en el tejido del entramado escénico ya que mientras se expone la historia de cada personaje uno puede descubrir que no se trata solo de historias particulares, sino de la necesidad humana por resguardarse detrás de la máscara, símbolo por antonomasia de la hipocresía.

Y encontrar refugio detrás de una máscara o enfrentar las consecuencias sociales de no hacerlo, no es un problema único de Alicia (interpretada por Arely Hernández); ni de Eva Guerra (Nahomi Ochoa); ni de la señora Varela (Mayra Chávez); ni del doctor Saavedra (Jesús Piña), si no de todos y cada uno de los seres humanos dentro y fuera del escenario.

Por eso cuando uno está frente a esta puesta en escena no sólo se encuentra a sí mismo si no que encuentra a la humanidad completa, desde el principio hasta el fin, con el mismo miedo y los mismos errores, las mismas vergüenzas y los mismos dolores.

Jorge Luis Borges, en su cuento «El Inmortal», nos introduce en este problema filosófico a través de una trama sumamente inteligente y aguda: “Nadie es alguien, un solo hombre inmortal es todos los hombres. Como Cornelio Agrippa, soy dios, soy héroe, soy filósofo, soy demonio y soy mundo, lo cual es una fatigosa manera de decir que no soy”.

En el cuento de Borges, un hombre bebe agua de un río cuyas aguas brindan la inmortalidad y descubre a través de reflexiones que la vida de un hombre puede ser la vida de todos los hombres cuando no hay más que una prolongación infinita de la vida y por lo tanto de sus posibilidades.

En Soy Espejo encontramos más que la inmortalidad, la continuidad de las desgracias humanas y su reproducción en ejemplos claros como en la perpetuidad del abuso sexual en la familia de la señora Varela, destinada a un fracaso irremediable.

Así los personajes enfrentan destinos trágicos trazados a perpetuidad y que bien podrían repetirse en cada uno de nosotros ascendente y descendentemente, sin fin ni solución, como el mito de Sísifo condenado a rodar la roca cuesta arriba a perpetuidad.

Es importante también el tema del suicidio que, de acuerdo con Albert Camus, va unido sustancialmente en el origen con lo que denomina “el absurdo”, o Sartre “la náusea, que no es más que el reconocimiento de un vacío existencial frente a una vida que de pronto no tiene sentido o no el sentido que se le había dado hasta entonces y que da paso al cuestionamiento por qué, por qué se hacen determinadas cosas y por qué se hacen de determinada manera. Es de alguna manera el despertar de la conciencia en un mundo irracional. Y la idea clara de que no se puede cambiar el destino.

Frente a esto de acuerdo con Camus (El mito de Sísifo): “La continuación es volver inconscientemente a la cadena o es el despertar definitivo. Al final del despertar viene, con el tiempo, la consecuencia: suicidio o restablecimiento”.

Para Camus cuando se enfrenta al absurdo solo tiene dos opciones, suicidarse o volver a la cadena del mundo con la consciencia plena de que la vida no tiene sentido. De esta manera Alicia, despreciada por un hombre que creía era su padre y resulta no serlo, decide acabar con lo que queda de su vida después del absurdo. Mismo final de Eva Guerra. Mientras que la señora Varela y el doctor Saavedra regresan al mundo como desterrados y locos para vivir las migajas de una sociedad que castiga la lucidez y el despertar de la conciencia.

Este mensaje sería imposible de trasmitir solo con las historias que se plantean, por lo que la expresión corporal de cada una de las actrices y actor es fundamental para que el espectador conecte con la idea de que la historia de un ser humano es la historia de todos los seres humanos.

El momento clave de la obra para el juego de máscaras se da cuando Alicia se quita la suya para quedar abrumada en medio de un inmenso miedo, vulnerable y sola consciente del absurdo orillada al suicidio. Para que los demás personajes la retiren cargando ataviados con máscaras de espejos cantando: “Somos, somos todo lo mismo/ un eterno reflejo/ somos todos lo mismo”.

Soy Espejo

Reparto:

Arely Hernández – Alicia     

Nahomi Ochoa – Eva Guerra / Gina

Mayra Chávez – Señora Varela / Eva Guerra

Jéssica Baylón – Espectro de la señora Varela

Ivette Villalobos – Espectro de la señora Varela

Jesús Piña – Doctor Saavedra / Osvaldo    

La verdad perturbada

La tarde del domingo 8 de agosto dio como fin la 39 entrega del Festival de Teatro de la Ciudad. El público, visiblemente emocionado, llenó el Auditorio Benito Juárez (claro, con la restringida capacidad que se permitió bajo la denominada “Sana distancia”) para disfrutar de la función y la futura premiación en la que Revelar la fuente de 1939 Teatro Norte se llevó el primer lugar en la categoría de Teatro profesional.

Fotografía de Ruby Gómez

La última puesta en escena nos presentó una monocromática escenografía que figuraba un hogareño comedor que también funcionó como la sala de Fiscalía, un restaurante y un café. A la par del tono amarillo, el vestuario de Carolina (Laura Galindo) se camuflajeó durante toda su aparición, al contrario de los personajes interpretados por Estefanía Estrada y David Vázquez que vestían por completo de blanco. Sin duda, toda la propuesta de color resultó visualmente muy atractiva. Aunque el amarillo, por lo general, nos sitúa a emociones y momentos llenos de positividad, alegría, energía y calidez, también puede revelar la mentira, la traición y la perturbación (sensaciones por las que la protagonista atraviesa constantemente).

En cuanto a la actuación, 1939 Teatro Norte se ha caracterizado por tener un elenco estable y talentoso. En esta ocasión, Estefanía Estrada no solo destacó por una ejecución natural sino también por personificar tanto a Ruth como a Manuel y al Fiscal. Cada uno de los sujetos de acción lograron distinguirse gracias a la expresión corporal y vocal de la actriz.

Fotografía de Ruby Gómez

Por su parte, la obra (con texto y dirección de Pilo Galindo) se aleja por completo de una cronología lineal y nos presenta diferentes temporalidades que se entrecruzan. Incluso, la escena inicial muestra a Carolina narrando que ha sido asesinada. Me parece que este juego del tiempo diegético (de la ficción) requiere la atención e inteligencia de las y los espectadores, sin embargo, también demuestra que debido a la complejidad es necesario generar una mayor claridad por parte de la dirección para que el público no se pierda entre las acciones que acontecen en el pasado, presente o futuro.

Por otro lado, el asesinato anunciado resultó abrupto, tanto por la detonación de la pistola que no funcionó, así como el cambio de vestuario que, a mi parecer, rompía con el juego propuesto. Por ahí llegué a ver, en una presentación grabada el 29 de noviembre del 2020  para el IPACULT, un final con un montaje alterno que me pareció mucho más artístico y simbólico: El asesino dispara desde lejos, se da por hecho que Carolina ha muerto porque cae junto a ella un pañuelo rojo.

Finalmente, la idea dramática de Revelar la fuente atina por ser una problemática tan presente en el periodismo mexicano. El riesgo de dar a conocer información sobre el poderío del narcotráfico en la sierra de Chihuahua llevará a la muerte tanto a quien decide hablar como a quien expone la corrupción entre el gobierno y sus delincuentes. Solo en 2020, México tuvo la mayor cantidad de asesinatos y agresiones contra periodistas (según El país ). Esta alarmante situación parece no tener fin y en su camino deja a las y los comprometidos con su profesión abandonados a su suerte mientras se disputan entre ofrecer la verdad o ser roídos por los buitres.