El verano juarense suele llamar por las tardes a la reunión, al convivio; ahora desde los confinamientos sociales se apela a nuevas formas de cercanías. Es el caso del teatro, a través de las plataformas virtuales. Esta tarde resulta alentador ver en la página de Facebook del Grupo Nora a 73 personas esperando que inicie la puesta en escena de Aquí termina todo de María Rascón, bajo la dirección de Jorge González. Los segundos se tornan muy largos… Aparecen en la pantalla anuncios de primera, segunda y tercera llamada… Al fin, comenzamos.
¿Qué historia inicia en el escenario? La de una novel dramaturga en la frontera: María Rascón. Ella es una joven investigadora de literatura chicana y fronteriza, creadora y promotora cultural. Recién inició su blog: Las cartas de amora, a la vez que su inserción en el género teatral. Un texto de su autoría: Así giran las cosas se estrenó el 12 de julio de este año, a través del proyecto Teatro Virtual Fronterizo.
Hoy, asistimos a su segunda propuesta: Aquí termina todo, bajo la dirección de Jorge González (dramaturgo, actor, promotor cultural). La historia recrea un triángulo amoroso en tiempos de confinamiento. ¿En dónde se halla el aporte de la autora? En su compromiso con la Otredad. Su texto alude a relaciones sexoafectivas pansexuales, colocando en la mesa de la discusión a la diversidad sexual. Temática que la sociedad conservadora prefiere mantener en el closet (confinada), como bien sabemos.
A pesar de estar en el siglo XXI, la dramaturgia del norte explora muy poco este filón de lo humano. Otro rasgo que destaca en el tratamiento del tema corresponde al ejercicio de los modelos heteronormativos en las relaciones que entablan los personajes: la celotipia se entrona, dando pie a un acto feminicida. La pregunta surge de inmediato: ¿acaso no hay forma de romper con las violencias de género? La obra, no ofrece una solución, y no tiene por qué hacerlo; más bien, ustedes y yo, tendríamos que inquirir, en caso de estar en la situación de los personajes, qué haríamos.
Si a la puesta en escena nos referimos, el escenario virtual abre con la imagen de dos actores (hombre y mujer), cada uno en la cama de su habitación, ambos tienen la puerta abierta; sin embargo, no se encuentran en la misma casa. Esta decisión del director, Jorge González, permite que de entrada habitemos el mismo espacio que los personajes. Asistimos a su conversación a través de las pantallas de las computadoras. Nos inmiscuimos en su encuentro amoroso, en donde el juego erótico no se hace esperar: “No sé qué tiene tu voz, me eriza la piel.” “Me hubiera gustado que vinieras a la casa, quiero tocarte.” “Hay toque de queda.” “¡Te mordí las tetas, mientras nadie nos veía!” De tal forma que elidimos que el escenario es virtual, porque en ese momento como espectadores, ya estamos dentro de la ficción. El tecnovivio teatral nos copta.
Además de la historia, la puesta en escena destaca por los siguientes aspectos:
La puesta en escena, bajo el experimentado trabajo de Jorge González, refuerza los abismos de la imagen y, por supuesto, de lo que más interesa: la convivencia humana. El director juega con el espacio escénico; los actores se encuentran cada uno en su habitación, cada quien en su casa; nosotros vemos dos puertas contiguas abiertas, que emulan lo que cada uno ve en su pantalla. Aparece el tercer personaje, quien desde la sala de su casa le llama a uno de los actores. De nuevo, el juego de perspectivas en el manejo de los espacios se impone. El actor responde la llamada desde el marco de la puerta de su habitación, mientras que el otro actor se halla en la sala, pero la impresión que tenemos es que se encuentra en su propia casa. Los receptores, en un acto voyerista, habitamos la intimidad de los personajes; si bien al principio somos copartícipes del juego amoroso, caeremos en el espiral de violencias que se desatan.
Otro aspecto significativo es la decisión del director de privilegiar el plano general en la toma del video; a partir de ello, apreciamos el trabajo actoral de Claudia Rivero, Gisela Moreno y Mario Vera. Los tres actores con amplias trayectorias en Ciudad Juárez, de donde el trabajo corporal, de la voz, el manejo gestual nos la oportunidad de acceder a una propuesta estética de gran valía, al observar un manejo lúdico y plástico de la corporeidad. Como ejemplo, baste la escena del primer encuentro amoroso que se rememora en la obra.
En relación al formato breve de esta pieza y su representación virtual, me lleva a pensar en uno de los rasgos del significado de la palabra teatro; me refiero a la contemplación. Al mirar en un escenario a alguien que tiene algo que decir a alguien (público). Con base en ello, la discusión actual, en relación a sí las propuestas escénicas virtuales son o no teatro, me parece que la respuesta es evidente: estamos ante una nueva –no porque antes no se haya experimentado- experiencia estética y ética del quehacer teatral. Que además de favorecer la continuidad de los espectáculos teatrales, los democratiza al dar oportunidad de que un público amplio acceda las puestas en escena. De esta forma nos demuestra que los espectáculos teatrales lejos de verse amenazados por la pandemia ocasionada por el COVID-19 y el confinamiento social, posee una presencia relevante para quienes habitan el teatro: hacedor@s y receptor@s.
No cierro, sin aplaudir la presencia de noveles dramaturgas en nuestra frontera teatral.
Aquí termina todo, autoría de María Rascón y dirección de Jorge González. Actuaciones de Claudia Rivero, Gisela Moreno y Mario Vera. Estreno virtual, Ciudad Juárez, 25 de julio de 2020.

















