¿Qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Ante esta pregunta vuelvo a quedarme en blanco. ¿Le tememos a enfrentar ese último momento?, ¿qué hacer cuando tienes conciencia de que no habrá un después? El final ha llegado y sólo esperas que tu voluntad no se acobarde y que de tus labios no salga esa frase que hará que tu propio corazón se ría de ti.

El dicho popular reza que “la tercera es la vencida”, y así fue, ésta, la tercera vez que presencié La voz humana quedé vencida por ella. Hay un encanto en seguir la evolución de un montaje, de ver cómo va transformándose poco a poco para convertirse, con cada nuevo elemento, en algo distinto. Es verdad que ninguna función será idéntica a la anterior, en esa capacidad (o defecto, juzgue usted) radica la magia del teatro, pero también es cierto que la obra misma va hablando y pidiendo modificar tal movimiento, quitar esa libreta o cambiar unas palabras por otras. El teatro está tan vivo como las personas que lo hacen.

Fotografía de Comedia sin título
Batas Blancas (scenic lab) lleva algunos meses presentando un fragmento de la performance La voz humana, original de Jean Cocteau, en distintos espacios de la ciudad y bajo diversas direcciones, no obstante ser el mismo equipo de trabajo. Conservando como única coincidencia, la aparición en escena de Alejandra Galaviz. La primera vez que tuve la oportunidad de verla fue en abril de este año, dentro de un espacio destinado a la venta de alitas, boneless, papas y cervezas. La segunda ocasión ocurrió en una cafetería, allí no había bebidas alcohólicas, pero se trataba de un espacio con menor aforo y mayor luz natural. Finalmente, asistí a La voz humana en un bar que cuenta con un espacio escénico, pues presenta, de manera regular un espectáculo de dragas e imitadoras de cantantes.
El Palacio de las Estrellas, ubicado en la zona centro de Ciudad Juárez, fue el recinto elegido para presentar la tercera versión bajo la dirección de Andrea Lucía. Cabe destacar que Ale Galaviz es impecable en su desempeño, desde su expresión facial hasta la modulación de su voz. No me detendré para hablar de estos aspectos -me gustaría que los pudiéramos discutir en las diversas plataformas donde se comparte esta reseña, juzguen ustedes-. Lo que ahora me interesa poner sobre la mesa es la forma en que el espacio transforma lo que recibe el espectador.

Fotografía de Comedia sin título
Sin afán de adelantar nada al público, mencionaré que la introducción al espectáculo ocurre como en las ocasiones anteriores y que, antes de comenzar, un presentador (Miguel Stone) nos anuncia la temática de la obra. Entonces, entra en escena una mujer, a quien, aparentemente no ocurre nada hasta que la inercia de la escena se rompe con el timbre de su teléfono.
Aquellas personas que estén familiarizadas con la obra de Cocteau deberán imaginarse ya, de qué va la presentación, sin embargo, no es sólo la trama, sino la manera de contarlo, aquello que la hace digna de apreciar. Galaviz sabe aprovechar el espacio, se desplaza en las direcciones necesarias, no sólo para mostrarnos que es dueña del escenario, también para mantener la atención de su público. Pues al tratarse de una obra unipersonal, sabe que es indispensable valerse de todo aquello que esté a su mano para cautivar al espectador.
Como ya mencioné, El Palacio de las Estrellas, cuenta con condiciones distintas a un restaurant-bar o un café. Todas sus paredes son negras, esto permite que la luz natural del espacio, aunque casi inexistente, sea constante, además, cuenta con equipo de sonido y de iluminación. Quien presencia la obra, no tiene que pedirle a su ojo que ajuste constantemente la degradación de luz que naturalmente sucede en espacio con ventanales, sino que puede, sin preocuparse, atender a los amarillos, azules o los flashazos con que se nos sugieren cambios en el estado de ánimo e, incluso, traslados al interior de la mente de nuestra protagonista.
Cabe destacar, que se incluyeron, en esta última versión, efectos de sonido, ausentes en las anteriores. Toda comunicación tiene interferencia, incluso aquella que sucede cara a cara. Pero los efectos de sonido ayudan al espectador a compartir la desesperación que siente ella, cuando la señal se pierde y, por momentos, no puede escuchar la voz de aquel que es el amor de su vida.

Fotografía de Comedia sin título
¿Qué hace distinta a esta versión? La respuesta está bosquejada en los párrafos anteriores, el espacio de representación, sin duda. Pero también entran en juego todos los artefactos que el mismo puede aportar. ¿Existe un espacio ideal para la presentación de una obra? ¿Vale la pena seguir proyectando obras en espacios no acondicionados con este fin? ¿Es mejor esperar a tener un escenario, aunque pequeño, para presentarse? ¿Qué opinan los espectadores?
Tres, la tercera, la vencida. Al concluir esta función pensé -esta es otra obra, todo mundo debería verla-. Mientras escribo estas líneas, lo sé, La voz humana, fue para mí como ese sobrino al que ves crecer, poco a poco, con cierta distancia, pero cuando lo ves triunfar deseas que todas las personas sientan lo que has sentido tú. Por eso, les pido, vayan a verla. No, no sé si es ya “la mejor versión de sí misma”, pero esto segura que es, la mejor versión hasta hoy.
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La voz humana, bajo la dirección de Andrea Lucía, se presentará los sábados de septiembre a las 20:00 en El Palacio de las Estrellas (Av. 16 de septiembre). Cuenta con Alejandra Galaviz como elenco, la coordinación audiovisual de Miguel Stone y como técnico en iluminación a Laboratorios Camacho.





















