La voz de un espacio

¿Qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Ante esta pregunta vuelvo a quedarme en blanco. ¿Le tememos a enfrentar ese último momento?, ¿qué hacer cuando tienes conciencia de que no habrá un después? El final ha llegado y sólo esperas que tu voluntad no se acobarde y que de tus labios no salga esa frase que hará que tu propio corazón se ría de ti.

Fotografía de Comedia sin título

El dicho popular reza que “la tercera es la vencida”, y así fue, ésta, la tercera vez que presencié La voz humana quedé vencida por ella. Hay un encanto en seguir la evolución de un montaje, de ver cómo va transformándose poco a poco para convertirse, con cada nuevo elemento, en algo distinto. Es verdad que ninguna función será idéntica a la anterior, en esa capacidad (o defecto, juzgue usted) radica la magia del teatro, pero también es cierto que la obra misma va hablando y pidiendo modificar tal movimiento, quitar esa libreta o cambiar unas palabras por otras. El teatro está tan vivo como las personas que lo hacen.

En Las Santas Alitas. Abril de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Batas Blancas (scenic lab) lleva algunos meses presentando un fragmento de la performance La voz humana, original de Jean Cocteau, en distintos espacios de la ciudad y bajo diversas direcciones, no obstante ser el mismo equipo de trabajo. Conservando como única coincidencia, la aparición en escena de Alejandra Galaviz. La primera vez que tuve la oportunidad de verla fue en abril de este año, dentro de un espacio destinado a la venta de alitas, boneless, papas y cervezas. La segunda ocasión ocurrió en una cafetería, allí no había bebidas alcohólicas, pero se trataba de un espacio con menor aforo y mayor luz natural. Finalmente, asistí a La voz humana en un bar que cuenta con un espacio escénico, pues presenta, de manera regular un espectáculo de dragas e imitadoras de cantantes.

El Palacio de las Estrellas, ubicado en la zona centro de Ciudad Juárez, fue el recinto elegido para presentar la tercera versión bajo la dirección de Andrea Lucía. Cabe destacar que Ale Galaviz es impecable en su desempeño, desde su expresión facial hasta la modulación de su voz. No me detendré para hablar de estos aspectos -me gustaría que los pudiéramos discutir en las diversas plataformas donde se comparte esta reseña, juzguen ustedes-. Lo que ahora me interesa poner sobre la mesa es la forma en que el espacio transforma lo que recibe el espectador.

En Mailo’s Coffee St. Junio de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Sin afán de adelantar nada al público, mencionaré que la introducción al espectáculo ocurre como en las ocasiones anteriores y que, antes de comenzar, un presentador (Miguel Stone) nos anuncia la temática de la obra. Entonces, entra en escena una mujer, a quien, aparentemente no ocurre nada hasta que la inercia de la escena se rompe con el timbre de su teléfono.

Aquellas personas que estén familiarizadas con la obra de Cocteau deberán imaginarse ya, de qué va la presentación, sin embargo, no es sólo la trama, sino la manera de contarlo, aquello que la hace digna de apreciar. Galaviz sabe aprovechar el espacio, se desplaza en las direcciones necesarias, no sólo para mostrarnos que es dueña del escenario, también para mantener la atención de su público. Pues al tratarse de una obra unipersonal, sabe que es indispensable valerse de todo aquello que esté a su mano para cautivar al espectador.

Como ya mencioné, El Palacio de las Estrellas, cuenta con condiciones distintas a un restaurant-bar o un café. Todas sus paredes son negras, esto permite que la luz natural del espacio, aunque casi inexistente, sea constante, además, cuenta con equipo de sonido y de iluminación. Quien presencia la obra, no tiene que pedirle a su ojo que ajuste constantemente la degradación de luz que naturalmente sucede en espacio con ventanales, sino que puede, sin preocuparse, atender a los amarillos, azules o los flashazos con que se nos sugieren cambios en el estado de ánimo e, incluso, traslados al interior de la mente de nuestra protagonista.

Cabe destacar, que se incluyeron, en esta última versión, efectos de sonido, ausentes en las anteriores. Toda comunicación tiene interferencia, incluso aquella que sucede cara a cara. Pero los efectos de sonido ayudan al espectador a compartir la desesperación que siente ella, cuando la señal se pierde y, por momentos, no puede escuchar la voz de aquel que es el amor de su vida.

En Palacio de las Estrellas. Septiembre de 2022
Fotografía de Comedia sin título

¿Qué hace distinta a esta versión? La respuesta está bosquejada en los párrafos anteriores, el espacio de representación, sin duda. Pero también entran en juego todos los artefactos que el mismo puede aportar. ¿Existe un espacio ideal para la presentación de una obra? ¿Vale la pena seguir proyectando obras en espacios no acondicionados con este fin? ¿Es mejor esperar a tener un escenario, aunque pequeño, para presentarse? ¿Qué opinan los espectadores?

Tres, la tercera, la vencida. Al concluir esta función pensé -esta es otra obra, todo mundo debería verla-. Mientras escribo estas líneas, lo sé, La voz humana, fue para mí como ese sobrino al que ves crecer, poco a poco, con cierta distancia, pero cuando lo ves triunfar deseas que todas las personas sientan lo que has sentido tú. Por eso, les pido, vayan a verla. No, no sé si es ya “la mejor versión de sí misma”, pero esto segura que es, la mejor versión hasta hoy.

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La voz humana, bajo la dirección de Andrea Lucía, se presentará los sábados de septiembre a las 20:00 en El Palacio de las Estrellas (Av. 16 de septiembre). Cuenta con Alejandra Galaviz como elenco, la coordinación audiovisual de Miguel Stone y como técnico en iluminación a Laboratorios Camacho.

Adaptaciones de un diario

Aprovechando el verano y las vacaciones, hace unas semanas tomé un avión con destino a CDMX. Tenía un plan, pero no un horario restringido. Sin embargo, sí tenía una meta: ver teatro. Gracias a las redes sociodigitales me enteré de la oferta para el fin de semana que coincidía con mi estadía, incluso, intentando obtener una entrada gratuita me gané un dos por uno que, debido a la solitariedad de mi travesía, no utilicé. En la publicidad para la obra que elegí se leía “un hombre con una infancia rota, un presente que lo atormenta, el amor como esperanza y porqué no, el deseo de ser un REY”. Hecho, tenía una cita con el teatro, el domingo 31 de julio a las 18:00 en el Foro Shakespeare. La puesta en escena se titulaba: “El diario de Axel P.”

Nos permitieron ingresar a la sala unos minutos antes de la hora señalada para el espectáculo. Era un espacio pintado todo de negro. En el escenario, ubicado frente a las butacas, se encontraban una mesita sobre la que descansaba un aparato electrónico, una silla al centro y en el extremo derecho una mesa con un mantel. No invitaba a pensar en la austeridad, sino en la decadencia.

Fotografía de Comedia sin título

Ya dentro, dieron las indicaciones a las que estamos acostumbrados sobre los protocolos de salud y, alrededor de las 18:10 se avisó la primera llamada (me pregunté sobre la puntualidad del teatro, ¿sólo en México?, pero eso tal vez no sea tema para otra ocasión). Las otras dos llamadas ocurrieron con mayor rapidez, pero atrajo mi atención un fenómeno que reconozco cada vez con mayor frecuencia: la acción comenzaba con la segunda llamada. ¿Se trata de un mecanismo para mantener cautivo al público?, ¿es parte de la obra?, ¿se pierde de algo aquel espectador que llega con la tercera?

Tal como lo prometía el cartel, la obra se trataba de un hombre solitario. Un oficinista que hablaba con un ente al que le narraba sus peripecias del día a día. Trabajador que, por medio de la voz, dejaba constancia de aquello que le acontecía como “Godinez”, su posible acenso en una dependencia de gobierno, sus funciones monótonas dentro de unos cubículos que se antojaban grises y oscuras como las paredes del foro que hacía las veces de apartamento, y las confesiones de cómo, en nombre del amor, se atrevió a trasgredir la privacidad de aquel ser a quién desde su entendimiento, decía profesar ese sentimiento “puro”; acompañado de la amistad de dos canes con quienes no había trabas de comunicación. ¿Reconocen, ya, la historia?

Se trataba de una representación unipersonal. Daniel García Parra interpretaba a Axel P., y a través de su narración cronológica nos enterábamos de todos los acontecimientos. Él mismo era quien daba voz a sus cánidos amigos y gracias a la mirada puesta en lontananza, para ver hacia el pasado de aquello que le contaba a su “Alexa”, es que cada persona del público podía imaginar a su manera la forma, vestimenta, tez y tono de voz de aquellos personajes que iban saliendo de su mirada. Una mirada expresiva que pasaba de la alegría esperanzadora a la rabia explosiva cuando confesaba que las cosas no habían resultado como él quería.

En escena, no hay desperdicio de los elementos. Aunque pocos, cada uno de ellos es utilizado con un propósito y de diversas maneras. Una silla que se vuelve barda, una mesa que sirve para cenar y para afilar lápices, y un mantel que… Me permito elogiar, también, los efectos de sonido utilizados, la comunicación entre la máquina y el ser humano se hacía presente a través de estos, dejando ver que, según el director, no siempre aquélla está de acuerdo con su poseedor. A pesar de todos los aciertos, considero que la duración de la obra resultó un poco excesiva. Por momentos parecía que iba a cerrar, pero un diálogo o la intervención de algún personaje traído a la memoria del narrador protagonista volvía a abrir la trama.

Fotografía de Comedia sin título

Al finalizar la obra hubo una breve interacción con el público por parte del director (Edgar Uscanga) y del actor principal. Fue en este momento en que mis sospechas, como las de las amables personas que han llegado hasta esta parte del texto, quedaron confirmadas, se trataba de una adaptación libre –así lo dijo Uscanga– del texto de Nikolai Gogol, “Diario de un loco”. Luego de tomarse una selfie con el público para subirla a las redes sociales, todos los espectadores salimos de la sala para dirigirnos a nuestro destino. Recuerdo que sentí que al salir del auditorio me dirigiría a mi hogar o platicaría a la salida con algún conocido, le agradecí a este bello arte hacerme sentir como si estuviera en casa.

Sin embargo, en el camino hacia el lugar en que me hospedaba comenzaron a llegar las dudas que siempre trae consigo una representación. Pues, para mí, el teatro es una oportunidad para re-pensar las cosas. ¿Adaptación libre?, ¿a qué se referían con adaptación libre?, ¿hasta dónde llega la libertad a la hora de tomar una historia ya existente?, ¿no se convierte en algo nuevo?

Una vez en casa (ahora sí la mía), me di a la tarea de re-leer la obra de Gogol. La primera cosa que noté fue el cambio en los nombres de los personajes. Algunos elementos se conservaron, por ejemplo, la temporalidad, inexistente; pues para la historia es importante que la mente del narrador no tenga ancla; este asunto permitió a los nuevos creadores jugar con la idea de la tecnología, lo que Ivanovich plasma en papel, Axel P. puede capturarlo con su voz, dándole así un toque futurista, y lograr un alejamiento de la historia. Sí, el personaje está loco, sí, yo también he trabajado en una oficina y me he sentido estancado, pero no hay manera de que esa historia sea la mía, ¿o sí?

Y me detengo aquí, para abrir un diálogo, porque fueron muchos los cuestionamientos que cruzaron mi mente al pensar en la adaptación “libre”, ¿por qué resolver los conflictos que presenta la historia de esa manera teniendo libertad?, ¿responden al momento de la historia o al que están viviendo los espectadores?, ¿a quién pertenece ahora la obra, a su autor original o a quienes tuvieron la valentía de darle una nueva escritura? Argüello (2016) opina que la adaptación es una invitación al diálogo, con el texto mismo y con la actualidad “no tendría sentido montar un texto si no se pregunta por su actualidad”, escribe. Sirvan, pues, estos párrafos para conversar, tal vez un día pueda responderme ¿hasta dónde llega la libertad de una adaptación?

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Cartel de Diario de Axel P.

“El diario de Axel P.”, bajo la dirección de Edgar Uscanga está por llegar a su final de temporada en el Foro Shakespeare (CDMX), si se encuentran en por aquellas tierras dense en una vuelta a la colonia Condesa para presenciar la última función este domingo 30 de agosto de 2022 y nos platican sus impresiones. ¡No se la pierdan!

REFERENCIAS

Argüello, C. (octubre, 2016). La lectura manifiesta. De la adaptación a la reescritura. Cuadernos de picadero, 30°, 5-11.

Lotería y dos entremeses: Feria Cervantina

Hay dos cosas que disfruto como nada en el mundo: hacer teatro y ver teatro. Y en Ciudad Juárez existen dos festivales que ya cuentan con una enorme tradición, uno de ellos es el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro y el otro es el Festival de Teatro de la Ciudad. Yo juro que desde que los descubrí, he hecho mi mayor esfuerzo por asistir a cada una de las obras que se presentan. Me encanta poder analizar cada momento, desde que se entra al auditorio para comprar un boleto, hasta las expectativas que se generan cuando se observa la escenografía por primera vez o la música que cada compañía selecciona para que suene entre llamadas. Sin embargo, este año fue la excepción, me quedé sin poder disfrutar de la mayoría de las obras seleccionadas (y debo decir que este año hubo una excelente elección, para muestra las ya analizadas en este espacio: Soy espejo, dirigida por Fabián Villalpando; y Quisiera ser, unipersonal de Ricardo Aguirre). Y aunque triste por mi suerte, también estaba muy segura de que, al menos, la obra con la que cerraría el festival no me iba a decepcionar. 

Fotografía de Edel Méndez

Hybris Teatro es uno de los grupos que más ha crecido en los últimos años (desde 2013 a la fecha). Ha participado activamente en el Festival de Teatro de la Ciudad, así como en la Muestra Estatal de Teatro, llevándose el reconocimiento y cariño del público. Y vaya, lo confirmaron durante la presentación de Feria Cervantina, la tarde-noche del domingo 31 de julio. Iniciaré, entonces, con mis impresiones sobre el montaje: mientras el público hacía la fila para acceder al recinto, ahí mismo en el lobby del Auditorio Benito Juárez, aparecieron comerciantes callejeros, anunciando y “vendiendo” globos, pepitas y aguas. Llamaba la atención su vestuario: cada ejecutante tenía un mandil alusivo a la lotería mexicana. Aquí debo hacer una pausa, disfruto que la agrupación se tome la libertad de comenzar el espectáculo incluso antes de las primeras llamadas, para ir creando ese ambiente propicio que necesitará a la hora de que comience, oficialmente, la función. Pues bien, ya ingresando a la sala, las y los comerciantes continuaron invitando al público a consumir sus productos, así como a participar del famoso juego mexicano: la lotería. Y por supuesto, las cartas que se mencionaban hacían alusión a los personajes de cada entremés.

Feria Cervantina, dirigida por Jéssica Hernández y Marco Martínez, (y con elenco de lujo: Christian Valenzuela, Estefanía Estrada, Mariana Ruacho, Marco Martínez y Jéssica Hernández) se compone de dos entremeses cervantinos: El vizcaíno fingido y El viejo celoso. El primero trata sobre cómo Solórzano y Quiñones buscan burlar a Cristina a través del empeño de una cadena; el segundo, de la desesperación de Doña Lorenza al tener un marido celoso y viejo. Por lo cual su vecina Hortigosa, cual celestina, burlará al marido de ésta para que pueda conocer a otro hombre. Cabe mencionar que los entremeses son piezas cortas que se ejecutaban entre obras de mayor duración. En entrevista con los directores de Hybris Teatro, me comentaban que incluso tenían pensado presentar tres entremeses pero que finalmente se quedaron solo con dos. 

Fotografía de Edel Méndez

Hubo un elemento que me pareció complejo de resolver: el lenguaje. Al inicio, cuando se presenta la lotería mexicana, el habla es totalmente coloquial. Sin embargo, al término de este primer momento y de dar pie al entremés, el lenguaje empleado es el propio del siglo de oro español. Esto al principio generó extrañamiento, ya que como se había presentado un lenguaje mexicano e informal, se pensó que así sería el resto de la obra. Honestamente, yo imaginaba que entonces nos presentarían una versión libre de las piezas de Miguel de Cervantes. ¿Podría tomarse como un choque entre la propuesta? No se puede negar la dificultad que conlleva montar teatro de hace cinco siglos y esa dificultad se hace presente en el oído de las y los espectadores, aunque el público termina por acostumbrarse y también termina por entender. 

Respecto al diseño del espacio, este se vio decorado por papel china y luces en la parte superior del escenario. Fuera de eso, la dirección propuso cuatro bancos de diferentes colores y tamaños que permitieran jugar con las situaciones. Como bien puede observarse en las fotografías, el diseño de vestuario también fue propio de los personajes característicos de lo mexicano, como el pachuco. Fue interesante espectar entremeses españoles con un vestuario tradicional mexicano. Otra función importante de la vestimenta se dio a través del cambio en los roles de género, si bien en el El vizcaíno fingido Jéssica Hernández interpretó a un personaje masculino; en El viejo celoso, los actores interpretan todos los personajes femeninos y las actrices a todos los personajes masculinos. Esta propuesta fue divertida y aunque claramente algunas actuaciones caían en el estereotipo, no afectaron la trama. Otro elemento de gran importancia fue la música, entre trova y bohemia, que acompañó durante todo el espectáculo. Según la directora y el director del montaje, “los entremeses se cantaron con arreglos originales, así como una canción original de Lalo Jasso”, gran acierto de la dirección. En la música, también acompañó la dulce voz de la actriz Mariana Ruacho.

Finalmente, vuelvo a confirmar lo mucho que disfruté Feria Cervantina. No es sencillo montar teatro áureo español, mucho menos respetando el texto original. De la premiación se llevaron el reconocimiento a “Mejor dirección”,  “Mejor actor” para Christian Valenzuela y el segundo lugar en la categoría profesional. Así que les celebro y espero que también puedan presentarse en el Festival Internacional de Drama Español del Siglo de Oro del próximo año. ¡Cómo no, con una obra cien por ciento juarense!

Otra de mis alegrías, producto de la última edición del festival, es ver el compromiso de la misma comunidad teatral. Como algunas personas sabrán, se otorgan premiaciones económicas al primer lugar en la categoría amateur y a los tres primeros lugares en la categoría profesional. Sin embargo, hubo cambios en la distribución de los incentivos económicos. Angélica Pérez (Bethlem Teatro e Independiente) comenta lo siguiente:

“Pero este año hicimos algo diferente… Al final del sorteo de participación, las compañías nos unimos, firmamos un acuerdo y unificamos el total de los premios para dividirlos a partes iguales entre los 8 montajes, sin distinción alguna, decidimos hacer una fiesta toda la semana pasada y celebrar la escena. Decidimos que la competencia tuviera otras reglas y logramos de este Festival de Teatro #40 un encuentro distinto. Apostamos por la comunidad teatral y por una nueva mirada”. ¿Qué opinan? Yo les celebro.

Pandora: Nota sobre una telefonista erótica

Fotografía de Aurora González

Pandora, nadie puede tocar tu cachondez. Alumbrada frente a la cámara te abres, te exhibes para nosotros. 

Money is power and by capitalizing on my sexuality I have money.

Muñeca intangible. Tus sueños socavados de ser una gran actriz renacen en este espacio donde, fraccionada en múltiples mujeres, eres venerada por la debilidad de los hombres. 

The whole system is corrupt and anyone who participates is just as guilty as I am. What am I going to do? Go live off the grid?

Tu cuerpo (el solo espectáculo de tu cuerpo detrás de la pantalla) es una moneda erótica. Sigues las reglas del juego, el intercambio, la compra de tu valor sexual, es realizada con satisfacción. 

I have to make a living somehow.

¿Qué más habremos comprado inadvertidamente? 

Texto intervenido con una cita en inglés de My Body, un ensayo de la supermodelo y activista Emily Ratajkowski (2020). 

Fotografía de Aurora González

Confesiones sobre la seducción de una obra: la Telefonista erótica de Christian Valenzuela

Empezando por la publicidad, imaginaba que la obra sería justo lo que su nombre me anunciaba: un entretenimiento superficial que explotaba los cuerpos bellos de las actrices. En realidad, el título, más que atraer, me disuadía de enterarme en serio sobre el contenido de la obra o siquiera quiénes la presentaban. Error no darme cuenta del juego evidente.

Fotografía de Aurora González

El debate sobre la dignificación del trabajo sexual, al mismo tiempo que me parece urgente, creo que recae —cuando no se piensa con cuidado—, en una nueva objetificación de sus sujetxs. Muchas veces, se fracasa en lograr que el público respete los valores de quienes ejercen dicho trabajo por elección; el patetismo no suele hacerse esperar y así más que respeto se obtienen morbo y condescendencia. Pero, ¿por qué resulta tan importante abordar desde el arte el tema de la prostitución y otras formas de lucro que escandalizarían a cualquier madre? La dramaturgia y dirección de Confesiones de una telefonista erótica son bastantes directas al darnos la respuesta: entre las butacas, con o sin vergüenza de ello, nos encontramos muy posibles consumidores de pornografía. No solo estamos dispuestos a devorar imágenes estáticas, en movimiento, voces, muchos queremos (debo decir, quieren) el cuerpo entero.

En Confesiones, el primer tema se intersecta hábil y sigilosamente con otro: el trabajo actoral, ¿no es en alguna manera cercano al sexual? Si bien, con limitantes, la analogía recae en que en ambos se debe poner el cuerpo para complacer a otro, otro que paga por ver, a veces tocar, y que la mayor cantidad de veces espera salir satisfecho a costa de una performance convincente. Hasta poco antes de acudir al foro, yo pensaba encontrarme un vodevil, una historia de cabaret intrascendente. La carne, como carnada, tenía un fin: sentarnos, aunque no a ver con lascivia (la lencería pronto se escondió bajo batas oscuras). El objetivo consistía en presenciar atentos el desenvolvimiento de un problema terriblemente tangible: el artista necesita abaratarse, transformarse en algo diferente a sí, venderse y hacer de todo, sí de todo lo que tú quieras, porque ¿de otra forma cómo se mantiene la o el artista?

Fotografía de Aurora González

Confieso que no he leído, ni creo llegar a leer el texto de Hugo Salcedo, por lo que en este párrafo digo cosas que pueden estar equivocadas. Pero, me parece que está diseñado como un monólogo, el cual bajo la dirección de Christian Valenzuela y gracias a las actuaciones de Laura Galindo, Tania Hernández y Daniela Gutiérrez, pudo desglosarse en un lúdico ir y venir de voces distintas. Por momentos, parecía que la unidad textual, como la fragmentaron, correspondía a tres personajes en situaciones semejantes, mas con trasfondos, deseos y personalidades únicas. Cada actriz imprimía en sus gestos, en la cadencia de sus diálogos, en el carácter, un porte único: una más sensual y fuerte, una más juguetona y entregada; otra, a causa de sus propios duelos, conflictuada entre la rebeldía y la sumisión. Considero este un gran acierto, no son pocas las dramaturgias y montajes que hoy en día optan por el desdoblamiento; mas casi siempre, considero, las y los intérpretes resultan meros coros, ecos, entre sí; no en este caso.

Al centro del escenario un triángulo de luces LED iluminaba los tres frentes, sillones listos para grabar, aros de luz dispuestos con cámaras y pantallas. Las y los espectadores conocíamos caras distintas de “Pandora”, Mara. Únicamente al inicio, todos miramos al mismo lugar: una proyección previamente grabada al fondo de la caja negra de la Sala Experimental Octavio Trías, graciosa y provocativa, nuestra llamada. El resto de las imágenes digitales las vimos en vivo; dependiendo de la cara de la pirámide que nos tocara mirar, por más que escucháramos a las otras actrices, nuestra visión de la representación siempre sería parcial —como de cualquier situación en la vida real—.

Fotografía de Aurora González

A propósito de las visiones incompletas, la trama de Confesiones termina de cerrarse no sin menos conflicto: Mara, no solo como artista, como mujer, debe confrontar el contexto del México contemporáneo tanto como de las academias (y centros de profesionalización) hasta la actualidad. A la mujer se le explota como cuerpo sexuado: antes de dedicarse de lleno al erotismo como medio de subsistencia, ella debe soportar —porque así se nos muestra que lo vivió ella— que sus maestros y guías la reduzcan a su sexo y busquen consumirla así también, aunque sin remunerarla, a cambio solo de lo que por obligación debieran darle, educación y oportunidades de desarrollo (La parcialidad: aunque tantas historias así conocemos en instituciones locales, foráneas, públicas y privadas, cuando se las aborda, es común el reclamo de que “no se puede hablar sin conocer bien a las personas involucradas o los términos de sus relaciones”). En fin, ese tercer tópico se abre y a cada espectador y espectadora tocará juzgar lo adecuado, moralino, crítico, acrítico, mal o bien ejecutado con que se hace; para mí, para Salcedo, para quienes decidieron emprender este montaje, tan solo pareciera evidente y necesario.

Fotografía de Aurora González

Para cerrar, retomo que la puesta me ofreció más que un rato agradable con una buena producción. Al salir, mi pulso se había acelerado, había reído gozosa, me agité, me sentí incómoda, recordé situaciones propias y de otras personas que trabajan en las diferentes artes, enumeré triadas (humanas, amorosas, religiosas, temáticas, geométricas) y agradecí no haberme quedado esa noche en casa.

Grecia Márquez

Entre las sombras

El teatro es experiencia. Nunca una segunda función será igual que la anterior. Y, es que, la belleza del teatro está ahí, en lo efímero. Como la vida, en que, aunque rutinarios, los días se suceden con cierta singularidad. Así, pues, hablaré de Lados Oscuros, desde mi experiencia, mi visión y, ¿por qué no?, mis miedos. Finalmente, de eso va la obra, del temor a que otros descubran nuestro más sombrío secreto.

La sede fue el Auditorio Benito Juárez. Llamó la atención de todos los asistentes el aviso que hiciera en voz alta la persona encargada de recoger nuestros boletos –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares, y les vamos a dar una bolsita para asegurarlos–. Esto provocó el extrañamiento de la concurrencia, Mensajes enviados a prisa, con nerviosismo, incluso escuché a una persona decir que le daba ansiedad, ¿era esto parte del espectáculo?

Una vez cubierto el requisito, el ingreso a la sala fue el habitual. Se trataba del segundo día del Festival de Teatro de la Ciudad. La obra dio comienzo poco después de las 19:00, pero ya desde la segunda llamada podía verse en el escenario al personaje principal, interpretado por Abraxas Trías (quien dirige y actúa), caminando de un lado a otro y acomodando algunos elementos.

La escenografía estaba compuesta por una enorme mesa de madera pintada de blanco, sobre la que descansaba una máquina de escribir. No era el único elemento escenográfico, pero, probablemente, sí el más importante; fungiría como escritorio, altar, mesa de trabajo, y plancha para cadáveres. Mostrándonos que, en el teatro, el aprovechamiento y la resignificación de los elementos es primordial para el desarrollo de una puesta en escena.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Música en vivo (por Andrea González) y un hombre en calzones es lo primero con lo que se enfrenta el público. ¿Por qué se expone de esa forma? Intimidad, pienso que el hecho de mostrarse desde el inicio de la representación en ropa interior se debe a que nos está invitando a su espacio más privado, en donde sólo están el escritor, su máquina y sus ideas. La ropa no importa, pues no quiere revelarnos nada más de su identidad. ¿Por qué?, ¿qué esconde este personaje que aparentemente nos está mostrando todo?

El tiempo de la historia se mide en el número de páginas que va escribiendo: –¿ya casi terminas? –, lo cuestionan, –sí, ya voy en la página 32–, contesta. Si bien la iluminación revela algunos signos que podemos interpretar como el día y la noche, no es claro, pero carece de relevancia, lo realmente importante son los saltos hacia las historias que van plasmándose por medio del clac… clac… clac… de la máquina. La escritura sirve para guiarnos, pues las anécdotas no son contadas de manera secuencial, no sabemos cuál sucedió primero, sin embargo, junto con el escritor lo que nos obsesionará será conocer el gran secreto de cada personaje, su lado oscuro.

Pareciera, por momentos, que el tema transversal es la muerte. La casa de un panadero donde encuentran cadáveres enterrados, una joven de catorce años víctima de una vieja en soledad, la morgue. Lo que sucede es que la muerte es sólo parte de la vida, es un pretexto que utiliza el dramaturgo para hablar de algo más profundo. Y llegados a este punto, pido a cada persona que decida cuál es su tópico, pues esto también es el teatro, subjetividad.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Conforme va escribiendo las historias en su máquina, los personajes van tomando conciencia de lo que se dice sobre ellos, algunos se enojan, otros se sienten expuestos, uno de ellos se atreve a dar consejos en el proceso de creación al que se enfrenta el dramaturgo, ¿cuál es el sentido de contar historias?, ¿a quién interesa escucharlas?, lo que conocemos, ¿es la verdad?, ¿importa, en el teatro, decir siempre la verdad?, ¿qué oculta un escritor sobre la historia que nos cuenta para no exponerse a sí mismo?

***

Al entrar en la sala se nos advirtió –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares–. ¿Para no tomar fotografías?, ¿para prestar toda la atención?, ¿para…? Yo lo tomaré como una invitación para no revelar más sobre esta puesta en escena, y que cada persona reciba lo que vaya buscando. Ese es el asunto con las sombras, nos muestran lo que llevamos dentro. ¿Cuál es tu lado oscuro?

Obra: Lados oscuros
Dramaturgia: Edeberto «Pilo» Galindo»
Dirección: Abraxas Trías
Compañía: 1939 Teatro Norte/Movimiento O.T.
Fecha: 25 de julio de 2022, 40 Festival de Teatro de la Ciudad

Soy lo inesperado de Juárez: Susana Chávez Castillo

Primera tormenta (2020), recopilación de poemas de Susana Chávez (1974-2011), es una muestra de lo que la hegemonía puede invisibilizar en la sociedad, lo que se desestima desde formas epistemológicas viejas, basadas en jerarquizaciones en donde el papel dominante en la disciplina de la poesía es el hombre heterosexual arrojado a los vicios y la bohemia (y al que se le debe admirar por eso). Pensemos en los poetas que encabezaban hasta hace menos de veinte años las instituciones culturales y los reconocimientos. Susana Chávez Castillo, a través de su poesía, y de lo que las narrativas del recuerdo de sus seres cercanas reconstruyen, se confronta a esto. Lo desestima y lucha a través de la palabra y el cuerpo. Deja para nosotras una voz distinta, que visibiliza a la mujer, a la lesbiana, a la rebelde, a la que toma lo que pretenden arrebatarle. Con su voz invita a su lectora a construir la suya también.

Portada de Primera tormenta

El poemario cuenta con tres secciones que desde su título nos muestran la confrontación a lo violento cotidiano: “Soy lo inesperado de Juárez”, “El romance es la trampa” y “Los árboles han guardado sus pájaros”. Los poemas del primer apartado hacen honor a su nombre, pues presentan una poesía que confronta a lo que antes se ha establecido como hegemonía. Es la mujer que reconoce su voz como algo importante, como parte de su identidad que ante todo debe mantener para no ser invisibilizada por no apegarse a eso que se le impone: “aun veo en el reflejo del espejo de la juventud / y con ella voy por el mundo / pisando los desabores con una sonrisa / porque me dormiré mientras viva real, / y me despierte irreal” (p. 29). Asimismo, es la mujer que no se quiere apegar a un concepto de feminidad escrito por la narrativa de extraños: “El sentido femenino no se manifiesta en mí” (p.26). Y por supuesto que canta su amor hacia otras mujeres, su deseo, sus fracasos, sus triunfos en su relación con ellas:

Secreto deshecho

Eres delirio

mágico encuentro

eres la niña que aún juega a mujer

eres la mujer que quiere ser niña.

Tú no te comparas con las nubes,

ni con el mar

ni el bello atardecer.

Tú no me complementas

pero me deshaces si te apartas […]

(p. 40)

El segundo apartado sigue trabajando con los mismos procesos identitarios que construyen a la voz de la poeta. En ella se reconoce como amante y dentro de esa relación que se forja entre poeta mujer y destinataria mujer, se confiesan características y patrones del romance que presentan aspectos violentos que han construido nuestra concepción de este: “Un día de estos voy a beber tu sangre / y te arrancaré la piel / para comérmela en trozos / con tortilla y cebolla” (p. 65). Denuncia y asume como sujeta esa violencia estructural que también nos consume y nos hace vivir y forjar una realidad de la que no siempre podemos escapar:

El recuerdo del tesoro heredado

Romance.

Romance no es femenino

como machismo masculino.

Mi vecina golpea a su marido con la lengua,

mi padre acaricia a mi madre con las rosas.

Los parques no se dividen en un beso

mucho menos cuando abrazar es lo primero.

Pero ¿qué o quién, nos ha colgado “títulos?” […]

(p. 53)
Foto de Susana Chávez sacada de la web

En la tercera sección encontramos una voz de acusación que se duele de la injusticia y la violencia del mundo, que denuncia la sangre, el grito, el dolor. Se habla de cómo las armas consumen y deshacen: la pistola. Cómo los cuerpos se convierten en nada frente a la indiferencia. Cada poema de esta sección guarda el rencor de un mundo que violenta. Es Susana Chávez Castillo diciendo “Ni una más” sin saber (pero sabiéndose víctima potencial) que engordaría ella también las cifras como cada una de nosotras o nosotros o nosotres podemos hacerlo. Pero también es la Susana Chávez Castillo que, a través de la palabra, de la palabra como cuerpo, se perpetuó: “Soy lo inesperado de Juárez, / soy lo que la gente nunca sabrá / soy la medusa que duerme / y nunca quiere regresar” (p. 123).

Primera tormenta es una manifestación de la poesía como espacio liberador, que haciéndonos conscientes de la estructura violenta que nos forja como sujetas, sujetes y sujetos, nos puede ofrecer una salida sanadora en el que la confrontación a la hegemonía dé vitalidad y sentido. Y es una manifestación también de cómo las voces que no tenían voz (sobre todo de mujeres) la están teniendo en este momento, en el que no deja de ser fundamental.

Graciela Solórzano Castillo

Susana Chávez Castillo, Primera tormenta. Canal Press, Houston, 2020, 141 pp.

Doble dirección en Las cortes de la Muerte

Fui afortunada de presenciar el auto sacramental Las cortes de la Muerte, obra atribuída a Lope de Vega, en el Víctor Hugo Rascón Banda. Primero, porque un recinto como ese cuenta con todas las facilidades para exhibir un gran espectáculo; y segundo, porque se mostró durante el 46 Festival Internacional de Drama Español Siglo de Oro, uno de los eventos más esperados por la comunidad juarense.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de Facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Las producciones del Centro Municipal de las Artes son conocidas por mantener la “originalidad” de los textos del Siglo de Oro que presentan. A diferencia de las propuestas realizadas por otras compañías donde la cercanía con el texto se realiza a través de la “versión libre” o la adaptación (con el propósito de facilitar la comprensión del público). Ambas formas tienen sus retos, pero mantener el tono y estructura de una obra del siglo XVI es muchísimo más complejo.

Las cortes de la Muerte es un auto sacramental. Este tipo de piezas dramáticas constaban de un solo acto y eran, evidentemente, de índole religiosa pues se presentaban durante las fiestas más relevantes de la tradición católica. En los autos sacramentales regularmente se presentaban personajes de tipo alegórico, como el Amor, la Envidia, el Pecado, entre otros. En la representación de la Compañía Teatral del Centro Municipal de las Artes hay una búsqueda por “privilegiar” el texto sobre la composición escénica. Sin embargo, este tipo de decisiones generan ciertos vacíos en la ejecución del montaje. Me parece que aún cuando algunos de los personajes contaban con una gran apariencia (vestuario y maquillaje), otros se encontraban apenas caracterizados. De la misma manera, la ejecución actoral deslumbró en las máscaras del Diablo (Roberto Escareño) y la Locura (Edwin Guardián), quienes lograron a través de su voz y corporalidad, atraer la atención del público. Y es que al ser alegorías, las expresiones pueden exagerarse por completo: son figuras totalitarias. Por eso fue tan impresionante ver el trabajo de Escareño al mostrarse, desde sus movimientos corporales, como un macho cabrío: una de las tantas encarnaciones de Lucifer.

 Como mencionaba, no es sencillo el auto sacramental, en él hay monólogos y por eso es relevante que la ejecución del resto de los personajes no se agote cuando no hablan. ¿Qué estaría haciendo en silencio el Pecado, el Tiempo, la Envidia o el Amor?

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

La obra presentada contó con el montaje original de Claudia Gutiérrez y con la posterior dirección de Ángela Gastelum. Desde el principio del evento se dedicaron palabras a la trayectoria de la maestra Gutiérrez quien se desempeñó como directora del CMA y quien murió a inicios de este año. En realidad, tanto la presentación, como la función y la entrega de una placa en su honor, fueron en conjunto un bello homenaje. Comento estos detalles porque considero que mucha de la dirección de la maestra Gutiérrez se quedó en la versión presenciada la noche del martes 12 de abril. Y que, a pesar de contar con una propuesta por parte de Ángela Gastelum, el momento no era idóneo para realizar grandes modificaciones. Para comprender más sobre el proceso de dirección, así como para averiguar si mis impresiones eran correctas, me atreví a preguntarle a la responsable del montaje visto: ¿Cuál fue el mayor reto que tuvo al dirigir un proyecto que ya tenía una dirección previa? 

El mayor reto fue tratar de respetar las ideas de la maestra Claudia, que en paz descanse. Ya que era muy poca la información brindada. En cuanto a que ni ellos (el alumnado) entendían la visión que ella tenía para este montaje. Fue tratar de descifrar ¿por qué cortó partes del texto?, ¿por qué no trabajó alguna adaptación?, ¿por qué dejó tal cual algunas partes del texto? Otro de los retos fue que el elenco original no estaba y los nuevos alumnos no tenían claros los trazos. En tres personajes tuve que intervenir, ya que no tenían idea de qué hacer ante un texto únicamente aprendido. Es difícil porque en la compañía había chiquitos de segundo semestre de la carrera como el Ángel o el Hombre, y también egresados con amplia experiencia como la Locura. Entonces no se puede acelerar el proceso de formación. Y en realidad fue muy poco el tiempo que tuve con este montaje: 2 meses. 

¿Cuáles fueron las modificaciones que realizó de acuerdo a su nueva propuesta de dirección?

Traté de mover lo menos posible el montaje. Pero de las cosas que más destacan son:

  1. Subir a la Muerte al trono, separándose de las pasiones.
  2. Montar trazos específicos en algunos personajes.
  3. La iluminación (pues no se contaba con algún antecedente propuesto por la maestra Claudia).
  4. Crear la coreografía del final.
  5. Y trabajar aspectos técnicos en los actores, como el acondicionamiento físico, la dicción, la expresión corporal y la comprensión profunda del texto. El conectar con el otro a pesar de que no tengo interacción con él, pero sí comprendo lo que dice el otro en su monólogo. Ya que las interacciones eran contadas.

Como podemos leer, no es sencillo asumir la dirección de un montaje ya trabajado. Sobre todo cuando no se tiene el interés de borrar la huella de quién antecede. Esta disposición y entrega también son parte del homenaje. Finalmente, debo confesar que Las cortes de la Muerte me ha parecido una de las mejores representaciones de la compañía del CMA. Me pregunto: ¿Qué nos entregarán para la siguiente edición del Festival?

Sobre los tintes románticos de un cuento de Jaime Cano: “Siela”

La portada del libro Miseónica a primera vista nos invita a preguntarnos: ¿quién es el violinista que se está desvaneciendo poco a poco?, ¿es una visión?, ¿un sueño?, ¿un fantasma? Y al momento de leer la historia de este personaje, que se encuentra específicamente en el cuento “Siela”, nuestras preguntas son respondidas: esa disipación es doble para el protagonista; literalmente su cuerpo se está desintegrando por una causa que nunca se explica y además su estado de ánimo no es el mismo desde que su amada no está a su lado, así que desea fervientemente componer una pieza musical, tanto para recordarla como para disculparse porque, aunque tampoco se dan razones, se siente culpable. Este cuento corto, que se encuentra reunido con otros seis relatos en esta antología publicada en la editorial española Oblicuas en el año 2020, me remite casi como una flecha a la literatura del Romanticismo por lo cual trataré de analizarlo bajo ciertos elementos de esta época literaria.

Portada del cuentario

Para comenzar, el escenario donde nuestro violinista toca por última vez es un cementerio, concretamente ante la lápida de su amada que no se ha cubierto totalmente de la blanca nieve porque está siendo protegida por los brazos de un árbol. Esta escena que nos describe el narrador presenta uno de los objetivos de la literatura romántica: contrastar el triunfo de la naturaleza ante las obras del hombre, es decir, me remite a lo que estudia David Viñas Piquer en cuanto cómo son consideradas la naturaleza y la civilización dentro del Romanticismo:

Fotografía del perfil de Facebook de Jaime Cano

Desde este punto de vista, la naturaleza se convierte en un bien perdido, algo de lo que el hombre ha ido alejándose y a lo que desea volver. Y hay que tener en cuenta que el proceso civilizador empieza con el dominio del hombre sobre la naturaleza, con la utilización que hace el hombre de los elementos naturales en beneficio propio. Por eso la nostalgia llevará a cantar a una naturaleza indómita, que todavía escapa al dominio del hombre, una naturaleza que se manifiesta en forma de tormentas, terremotos, océanos embravecidos, etc.

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En este caso, aunque el cementerio como tal es un lugar instaurado por el hombre con el fin de concentrar a sus muertos en un espacio gris, la naturaleza sigue presente para darle color a dicho espacio. Existe una contraposición de vida y muerte en una sola escena: las lápidas grises son pintadas de blanco por la nieve y el último recinto de la amada se acompaña del color rojo: unos tulipanes de ese mismo color cultivados por el violinista son los que se convierten en sus compañeros. El color de dichas flores pareciera no ser una elección inconsciente por el protagonista ya que representa un sentimiento que no se ha esfumado ante la ausencia física de Siela sino que, todo lo contrario, se ha fortalecido y sigue vivo sin importar las inclemencias: el amor.

Por otra parte, la caracterización del violinista es un claro ejemplo de los más comunes que se pueden encontrar dentro de la literatura del Romanticismo: es un personaje “tipo”, o sea, es uno de una sola pieza, sin inflexiones, determinado por su esencia a una sola actitud; es presentado por el narrador como un hombre profundamente enamorado, perseguido por la fatalidad ya que la amada se encuentra ausente y solo puede visitarla en sus recuerdos y, por esa razón, siempre tiene una actitud melancólica.

Esto último me conduce al tema del cuento: se representa un amor sentimental idealista. Un amor que el protagonista desborda desde el principio hasta el final, pero desde la lupa de la melancolía. Este sentimiento, como bien lo indica Viñas Piquer con palabras extraídas del ensayo Defence of Poetry (1821) de Percy Bysshe Shelley, uno de los principales teorizadores platónicos del Romanticismo, será uno de los más utilizados y retratados por los románticos:

la melancolía es también ―según Shelley― fuente de placer, un placer semejante a la catarsis que se experimenta tras una representación trágica (1978: 63). Estas palabras lo dejan bien claro: «El placer que está en la tristeza es más dulce que el placer del placer mismo» (1978: 63). La melancolía está estrechamente vinculada al recuerdo y de ahí que afirme Shelley: «la poesía es el recuerdo de los momentos mejores y más felices gozados por las almas mejores y más felices» (1978: 70).

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El violinista solo puede reencontrarse con su amada a través de la melancolía; los recuerdos pueden ser dolorosos, sin embargo, es lo único que tiene para poder escucharla nuevamente, por ese motivo, sin importar que tocar el violín le esté destruyendo una de las manos, sigue insistiendo con la composición de la pieza musical que está inspirada totalmente en ella, Siela:

Recordó poco de las pláticas. Las palabras resultaban difíciles de guardar bajo llave por mucho tiempo en la biblioteca de la memoria; no obstante, siempre tenía presente el sentimiento. El gozo o la tristeza son lo único que realmente se puede evocar. Aquello digno de recordarse se quedaba algún rincón del corazón. Entonces un sendero dejaba de ser un camino de tierra para convertirse en un momento precioso e irrepetible.

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Por último, el elemento fantástico que configura el cuento resulta estar cercano a una de las características del Romanticismo: en ocasiones la literatura romántica desea romper los límites de la realidad por lo que busca situaciones ambiguas y zonas confusas donde se pierden los límites de lo creíble y lo increíble. Ya lo mencionaba David Roas sobre lo fantástico: “Ahí descansa, pues, el efecto de lo fantástico, manifestado en lo que podríamos señalar como objetivo esencial del género: trasgredir o, al menos, problematizar nuestra concepción de lo real” (10). Lo fantástico se presenta en el relato en varios momentos como, por ejemplo, con una de las manos del violinista: por alguna razón que no se explica, se está desmoronando cada vez que toca su violín, se vuelve polvo, y al final, este personaje, aunque logra tocar la mayoría de la pieza que compuso para Siela en el cementerio, no consigue terminar su ejecución porque su brazo se desvanece en un instante, provocando que el violín se rompiera con el impacto en la tumba y al día siguiente consigue que lo acompañe una de las grandes amigas de los románticos: la muerte.

En resumen, como se puede notar con todo lo anterior, el cuento “Siela” es un relato que bebe directamente de varias características principales de la literatura del Romanticismo:
a) el último escenario de la historia ocurre dentro de un cementerio;

b) la contraposición de la vida y de la muerte son representados por la nieve, los tulipanes rojos y las ramas de un árbol que acompañaban la tumba de Siela;
c) la caracterización del protagonista es típica de un personaje romántico masculino: un hombre desbordantemente enamorado, melancólico y perseguido por la fatalidad;
d) y el relato rompe con los límites de la realidad apoyándose de lo fantástico porque vuelve ambiguos varios momentos de la historia como, por ejemplo, la desintegración de la mano del violinista que nunca se explica dentro del cuento.

De todos los elementos románticos, el amor melancólico es su eje principal.

Bibliografía

CANO, Jaime, “Siela”, en Miseónica. Ediciones Oblicuas, Barcelona, 2020, pp. 83-97 [Colección Alejandría: Narrativa].

ROAS, David, “El horror de lo imposible”. Brumal: Revista de Investigación de lo Fantástico, VI, 2 (otoño, 2018), pp. 9-13.

VIÑAS PIQUER, David, “Capítulo IV. Romanticismo”, en Historia de la Crítica Literaria. Ariel, Barcelona, 2002, pp. 265-318 [Ariel Literatura y Crítica].

Nohemí Damián de Paz

¿Eres tú, Manuel?

Dice Juan Villoro que los libros buscan a sus lectores, “crees que tú decidiste comprar un libro, pero en realidad él se puso ahí para que lo vieras y te sintieras atraído”, para despertar pensamientos e ideas que nunca lo harían si no fuera porque justo “ese” libro llegó. Así me ocurrió con el texto de Jesús Solís: Un nombre infinito. Cuentos de Manuel.

Lo leí durante la víspera de navidad, rodeada de gente y en los ratos libres. Había comenzado semanas antes, pero como algunas veces pasa, interrumpí su lectura. Manuel tuvo un rostro y un cuerpo concretos en mi cabeza, al mismo tiempo, era esa persona que fácilmente confundes caminando en alguna calle, estás a punto de saludarlo por el parecido, pero dudas, pues podría ser cualquiera. Sin embargo, este ser mutaba con el avance de las páginas, algunas ocasiones fue alguien distante o un sabio, yo misma fui Manuel, tengo la certeza.

Aunque no es mi intención echar a perder las historias contándolas, diré que durante la primera lectura mi cuento favorito fue “La vida es sueño”. En él, Solís aborda el tema de la irrealidad y la evasión que ha elegido la humanidad. Utiliza como pretexto la virtualidad y el excesivo uso de las redes sociales. En mi caso tocó fibras sensibles, porque al igual que muchos, vivo en constante lucha contra ellas, ¿cuánto estamos viviendo y cuánto preferimos mostrar fragmentos de algo que estamos lejos de experimentar? A fin de cuentas, terminamos enfrentándonos con nosotros mismos. Los resultados de este encaramiento dependen de lo que cada persona es.

Y así se iban pasando los cuentos, uno a uno, interrumpidos de pronto por las “ideas para un cuento fantástico”. Cuando llegaba a estos textos brevísimos la risa me salía natural, por su ironía. Mezcla de actualidad con cultura clásica, religión o con literatura. Risa que detonaba pensamientos y reflexiones más profundas. Mientras escribo estas líneas sigo repasando la última de esas ideas, ¿en qué pensaba Jesús Solís mientras la escribía?

Fotografía de Amazon

Descubría que las historias se iban entrelazando. Con el paso del tiempo y las múltiples lecturas que he realizado de Manuel (sí, ya me acostumbré a llamarle por su nombre), he cambiado la manera de enfrentarme con el texto. Puedo leer únicamente las “Ideas” y pensar, imaginarme cosas. Los cuentos, esos que son sobre Manuel, los he leído por separado, al azar, y descubro que constantemente hace referencia en ellos al sueño, la (dulce) muerte, al dolor de la existencia.

Luego llegaron esos siete textos que son uno, incluso se encuentran diferenciados del resto al presentarse en cursivas: “Imagina esto…”, inicia. Poco a poco me fui sumergiendo en ese escenario que está en ningún lugar, en un sueño que parece un laberinto, una espiral: la búsqueda de la felicidad. ¿Qué es la felicidad?, ¿por qué anhelamos algo sin forma? La felicidad dura un instante, ¿lo hemos experimentado ya? Y el relato transporta a mundo onírico, como si ese bien al que todos aspiramos sólo pudiera ser entendido en la irrealidad, ¿buscarla nos aleja de nosotros? Un sueño, dentro de un sueño, dentro de un sueño.

¿De qué trata Un nombre infinito? Sigo sin saberlo, algunas veces pienso que nació de la necesidad del autor por responderse el mundo que ha visto y que le duele, pero al tratar de hacerlo sólo aparecieron más y más preguntas. Al final creo que de eso va, al no poder solucionar sus interrogantes las lanza al mundo para que cada quien, desde su pequeño universo, haga lo que pueda con ellas.

Aquel 24 de diciembre, al terminar de leer “al Manuel” tuve la osadía de mandarle un mensaje a Solís (¡bendita y maldita época en la que podemos acercarnos a los creadores!). Intentando hacer un cumplido a su escritura dije que el libro me había hecho pedacitos el alma, pues creo fervientemente que los libros que nos tocan –nos sanen o nos rompan– son los que valen la pena. Un nombre infinito, “Manuel”, camina ahora conmigo, algunas veces es mi amigo, otras, me observa y me juzga, pero siempre termino descubriendo lo mismo: Manuel soy yo.

* * *

Jesús Solís, a semejanza de Manuel, ha vivido muchas vidas y es muchos personajes. Mas para ubicarlo en este planeta diré que es escritor, tiene un podcast con sus amigos y se ha dedicado, entre otras cosas, a la traducción de diversos textos. Nació en Monterrey y aunque este hecho lo convertiría en un escritor mexicano, el texto del que ahora escribo no es, propiamente, literatura regional (entienda, cada quien, región como prefiera). Finalmente, por no faltar a la verdad, pero intentando no predisponer a nadie que se aventure en sus cuentos, diré que estudió la carrera de Filosofía en el norte de México.

Fotografía de Jesús Solís

Como el título lo indica, los textos presentados en este volumen pertenecen al género narrativo en su forma breve. Son veintiséis cuentos, pero difieren en su extensión. Además, se pueden distinguir claramente tres líneas narrativas, formas distintas de abordar el libro: las ideas para cuentos fantásticos, la historia sobre un sueño, y los cuentos. Todos los relatos, aparentemente sin conexión, se encuentran atravesados por la figura de Manuel, un ente que “es todos y ninguno”. Así pues, cada quien puede decidir si se trata de la misma persona, si muta, si es, existe o deja de ser. También hay temáticas y figuras con las cuales el autor ha tejido sus historias, y que pueden rastrearse a lo largo del libro: la muerte, el sueño, el sufrimiento; el laberinto, el infinito, el reflejo.

Un nombre infinito. Cuentos de Manuel de Jesús Solís puede encontrarse en formato digital y físico a través de Amazon.com