El domingo 26 de julio terminó el rally de Grupo Nora después de brindarle al público seis obras de corta duración. Las felicitaciones no se hicieron esperar y durante el último conversatorio fue general la petición de repetir el rally el próximo año, incluso que se tome como referente para que teatristas de otras localidades puedan realizarlo.

Comecarne
Dramaturgia: Grecia Márquez
Dirección: Paola S. Cruz
Actuaciones: Ivonne Chávez, Laura Galindo, David Vázquez y Alex Iván
La penúltima función del rally sorprendió por su atinada dirección ya que presentó una obra bien diseñada para el formato virtual, utilizando los recursos cinematográficos y televisivos para mostrarnos un programa de cocina. Comecarne comienza con una introducción (antes de la tercera llamada) que muestra, bajo una luz roja, dos bocas relamiéndose seductoramente mientras observan trozos de carne. Desde esta premisa, el espectador es guiado por una serie de textos que aparecen ante la pantalla, dando la bienvenida a todo aquel que desee adentrarse en aquel paraíso terrenal “donde todo es posible y ningún recurso se agota” siempre y cuando se tenga el dinero para pagarlo. De esta forma, el asesinato de La Vaca es presentado por El Conejo, interpretado espléndidamente por David Vázquez. El roedor siempre intentará agradar a los personajes femeninos quienes, bajo un vestuario de chefs, presentan ingredientes para preparar al bóvido que se encuentra amarrado, de fondo, sorprendido de su suerte: “No tuve elección en mi destino”.
Con un gran uso de la iluminación, decoración, vestuario y maquillaje la obra del equipo 5 se luce como una de las que mayor impacto visual ha suscitado. Sin embargo, también fue víctima de las fallas del audio, las cuales afectaron, por un momento, la comprensión del espectáculo. Comecarne cuestiona el consumo desaforado de aquellos que también respiran, más por poder que por necesidad, así como la soberanía de aquellos que se asumen como fuertes frente a los sin voz, ya sean animales o personas.

La ciudad donde más gente mira al cielo
Dramaturgia: Marco Antonio López Romero
Dirección: Angélica Pérez
Actuaciones: Estefanía Estrada, Osvaldo Esparza y Alan Escobedo
En el 2011, Ciudad Juárez rompió el record Guinness del mayor número de telescopios apuntando hacia el cielo. López Romero toma este dato y lo opone a las cifras de desapariciones forzadas en nuestra ciudad, donde quienes buscan a sus familiares miran el suelo, en vez del cielo, buscando rastros. La acertada dirección de Angélica Pérez presenta, como primera escena, los pies de una familia llegando a las dunas de Samalayuca, lugar turístico cercano a la frontera. Foro café, espacio utilizado para la función, se llenó de arena y empleó, en la parte superior, una red que sería utilizada para colgar, simbólicamente, los huesos, pertenencias y nombres de las personas desaparecidas.

El drama se descompone en varios recuadros que reúnen el dolor y la apatía. Es así como después de la escena familiar se presenta un monólogo interpretado extraordinariamente por Alan Escobedo, donde su personaje cuenta el momento de la desaparición de su hermano y cómo ha sido el pasar de los años sin ninguna respuesta o avance de parte de las autoridades. Otro de los recuadros reúne a un grupo de buscadores de rastros humanos. La tensión permanece y exhibe la agonía de no encontrar nada o de solo recibir un hueso: “Como a mí que me dieron un huesito del pie de mi niña, así es, un huesito chiquito, así nada más para dar carpetazo y ya”. El grupo, finalmente, realiza plegarias al cielo, las palabras duelen. La obra culmina con fotos y objetos enterrados en la arena, mientras un buitre se eleva. La ciudad donde más gente mira al cielo destaca por tener un texto conmovedor, una buena dirección e increíbles actuaciones tanto de Osvaldo Esparza como de Alan Escobedo y Estefanía Estrada. La música fue otro de los elementos que más sobresale de esta puesta en escena; al sonar de la guitarra, las emociones se fortalecieron.
Por último, quisiera mencionar que me llama la atención el uso de ciertos nombres e imágenes que, pese a ser víctimas de la violencia que azota a nuestra ciudad, las circunstancias de su feminicidio y búsqueda fueron distintas a las planteadas en la obra, lo que me hace dudar en la pertinencia de su inclusión. Podría leerse como si se hubieran insertado únicamente por significar memorias dolorosas que inevitablemente conmoverían a la audiencia. No dudo de la calidad moral del autor, ni de las buenas intenciones planteadas en el montaje, puesto que estas violencias nos duelen a todas y todos de forma diferente, sin embargo, sigue existiendo una falla tanto en la coherencia como en su estructura. Desafortunadamente, hay muchos otros nombres que vale la pena nombrar.















