2023. Seguimos en el camino

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Acá, en Ciudad Juárez, suceden muchas cosas. Basta prestar un poquito de atención para captar la sucesión de los días, de las estaciones, de los ciclos escolares. La vida va pasando y somos, siempre, actrices y espectadores de la vida. Hay momentos en los que nuestro papel es el de acompañante, pero hay otros en los que sabemos a conciencia que es nuestra la vida que estamos viviendo. Todo lo que nos sucede es más grato cuando tenemos con quien compartir, nuestras vivencias adquieren relevancia al momento de platicarlas con quienes nos son queridos.

Comedia sin título, ha buscado desde su génesis ser esa acompañante con quien la ciudad pueda platicar. Ser el canal por medio del cual podamos contar nuestras experiencias de lectura y las emociones que una obra de teatro nos provocó. Desde el día uno, quienes hacemos este proyecto (y aquellas personas que han colaborado con nosotras) hemos buscado que todas las voces tengan un espacio y, sobre todo, que lo expresado mueva a la reflexión y al diálogo.

Sabemos que en Ciudad Juárez el arte y la cultura se encuentran en un eslabón muy bajo, la relevancia que los gobiernos le dan no es suficiente. Esto nos preocupa (y nos molesta), pero también se ha convertido en un motor para no dejar de hacer esto que tanto amamos. Este año venimos con ánimo renovado para seguir conversando y dando difusión a los proyectos de los creadores en nuestra localidad.

Tenemos el compromiso, con nuestra ciudad y con nosotras mismas, de seguir trabajando para continuar siendo un espacio de diálogo y un archivo en el que se pueda ver, con el paso del tiempo, que la literatura y el teatro están vivos y que dan vida a esta urbe. Dejamos la invitación abierta para todas las personas que deseen sumar su voz a la nuestra, en esta nueva etapa que tenemos preparada.

Mena Esparza-Meza y Karla Diego

Ajetreo en La lista

La puesta en escena de La lista, dirigida por César Cabrera, presenta a una mujer agobiada por los quehaceres y el aislamiento de vivir en una población pequeña; su día a día se va en listas estresantes de tareas y en la atención puesta hacia sus hijos. El texto dramático se escribió originalmente en el año 2008 por la canadiense Jennifer Tremblay. La protagonista cuenta todo desde su perspectiva, incluyendo lo que piensa y siente, permitiendo un mayor contacto con el espectador desde que comienza la historia. Aunque recién ha llegado a vivir al campo, alejada del ajetreo de la ciudad, su vida continua en constante movimiento. Se percibe un sentimiento de tristeza… un cierto hartazgo o cansancio; vemos que todo su tiempo lo pasa en el hogar y si llega a salir no lo disfruta del todo.

Fotografía tomada por Karla Gabriela Prado Ponce

Lo más interesante de esto consiste en que la trama se expresa dramáticamente mediante el monólogo; Guadalupe de la Mora encarna a la protagonista logrando manifestar todo su entorno y a quienes le rodean de forma clara, incluso los personajes infantiles. Por tanto, ella misma asume y transmite las respuestas o reacciones de sus interlocutores. Su actuación ejemplifica de manera óptima el papel y los desdoblamientos que desempeña; en ocasiones, su voz se torna apacible, mientras que en otras adquiere mucha fuerza, expresando de forma convincente cada una de las situaciones que vive y medita.

La obra se desarrolla en un escenario tipo pasarela, que recrea una casa toda en blanco, con su propio piso y techo; además, cuenta con instrumentos de cocina y ropa en ganchos sobre un estante. A pesar de que solo vemos a una actriz en escena, siempre hay acción; la protagonista va de aquí para allá recorriendo el prisma rectangular al que llama hogar. Mueve sillas, descuelga prendas, prepara alimentos y desdobla una interminable lista, agregando más tareas. Esta actividad permite sentir el ajetreo del que ella habla, el ir y venir que la agobia. Su vida cotidiana cambia cuando conoce a su vecina Caro, con quien entabla una fuerte amistad; sin embargo, un trágico suceso, anunciado desde el inicio, la llena de culpa y exige la atención necesaria para averiguar sus pormenores: dónde y de qué forma.

Fotografía tomada por Karla Gabriela Prado Ponce

Sin duda alguna, uno de los elementos que destacan durante la función se expresa por medio de los olores: el pan tostado, la manzana y la canela inundan el ambiente, permitiendo a la audiencia sentirse como si se encontrara en la cocina de una amiga o vecina. Otro elemento por subrayar es la música que logra integrarse, a manera de contrapunto, al diálogo de la protagonista. El teclado crea un entorno de tranquilidad y unión con las emociones generadas desde el interior de la casa. Sorprende gratamente descubrir que Jesús Piña toca en vivo la música original. Por su parte, la iluminación juega un rol central en la puesta en escena, ya que el blanco de las mantas con el que se construyen las dimensiones del hogar y el de la ropa de la misma actriz (del mismo color) permiten que las luces añadan color según la emoción que se vive en el escenario: rojo en algunos momentos, azul en otros, incluso naranja, verde o amarillo; por tanto, a pesar de una aparente monocromía, el blanco –como el de una hoja de papel– se llena de tonos y texturas.

El espectador encuentra fácilmente elementos con los que puede identificarse. Uno de los rasgos dominantes en la puesta consiste en el sentimiento de culpa; la protagonista se muestra aquejada por dicho sentimiento que cada vez se hace más fuerte, hasta llegar al desenlace. Todos alguna vez hemos experimentado una sensación así, por mínima que sea, y creo que en ese aspecto recae la finalidad principal de La lista. El acercamiento a la historia se logra mediante ese sentir, incluso, llegando a la empatía por la protagonista. Si bien su vivencia no es próxima y está fuera de lo cotidiano, sus emociones son compartidas por muchos.

Fotografía tomada por Karla Gabriela Prado Ponce

Por tanto, se recomienda ampliamente la puesta en escena; la historia, como ya se mencionó, presenta varios aspectos destacables que permiten un acercamiento con el público; la actriz desempeña su papel de tal manera que logra transmitir las emociones deseadas; la elaborada escenografía, también a cargo de César Cabrera, merecedora de una mención honorífica por parte del jurado de la MET, expone con eficacia el entorno de la protagonista. En combinación, todos los aspectos del montaje de Telón de Arena brindan al auditorio un momento de entretenimiento agradable y entrañable que, sin duda alguna, siembra una lista de reflexiones.

Karla Gabriela Prado Ponce


Esta puesta en escena formó parte de la Muestra Estatal de Teatro 2022 del estado de Chihuahua. A cargo de la compañía Telón de Arena (Ciudad Juárez) y bajo la dirección de César Cabrera, en el Foro Octavio Trías el pasado 29 de septiembre.

¿Y si nos juntamos para Navidad? 

Por lo general no me entusiasma leer que una obra se presentará en una locación secreta. Pienso: ¿dónde será? ¿quedará muy lejos? ¿y si no logro llegar? Y es que la ubicación se confirma hasta después del pago (transferencia bancaria). En fin, mi querida amiga Grecia y yo nos organizamos para asistir. La cita se dio en la Ramón Corona, cerca del Malecón. Si bien, la escena teatral juarense ya había experimentado en una ubicación cercana (el Laboratorio Escénico Teatro de Fronteras), la propuesta dirigida y escrita por Cabe Tejeda, apuesta por proveer a las y los espectadores la oportunidad de presenciar una obra basada en hechos reales en el sitio donde ocurrieron dichos sucesos. Me parece que este capricho o virtud del director nace de su quehacer cinematográfico como actor, cineasta y creador. Es latente la búsqueda de una locación real y natural, algo que el teatro, al ser artificio, pocas veces puede ofrecer. 

Fotografía de Comedia sin título

Al entrar a la casa, se nos explicó que en algunas paredes y objetos se habían colocado fragmentos que contaban anécdotas de la familia. Este detalle me parece muy interesante, sobre todo si se releen al finalizar la función, ya cuando se haya empatizado con los personajes. Como público, pudimos atestiguar el paso de los años en la decoración, muebles y paredes: figuras de porcelana en los estantes, sillones viejos en tapiz floreado, una decena de ollas y recipientes por toda la sala y comedor. Se avisa la tercera llamada, inicia con ruido de lluvia, detalle coherente para dar paso al sonido de las goteras, realizado por los mismos ejecutantes durante la mayor parte de la obra. 

Goteras en la casa es la historia de tres hermanos distanciados a los que la enfermedad de la madre vuelve a unir. Cada uno de ellos expone sus conflictos, intereses y necesidades a través de un monólogo que se intercala con el de los otros dos ejecutantes. Esta estructura enriquece la puesta en escena, pues logra generar distintas formas de narrar las vivencias personales, diferenciándose su estatus social, económico y emocional. La naturalidad, ya antes mencionada, es palpable en la ejecución actoral de Alan Escobedo (Chava), Mayra Mejía (Alina) y, sobre todo, de Óskar Morr, quien generó en “Andrés” un personaje entrañable. 

“Lo que le pasa a esta casa, le pasa a nuestra familia”. Y es que el agua que se drena del techo, las paredes amarillas y el desgaste de los años, son un reflejo del abandono en el que tienen a la madre. ¿Cuántas familias pueden estar en la misma situación? ¿Cuántas y cuántos no nos hemos distanciado de personas que amábamos? ¿Y cuántas de esas personas, ahora resultan extraños y ajenos a nuestras vidas? Es así que la puesta en escena revela su propósito: conectar con las y los espectadores a través de la nostalgia. 

Fotografía de Comedia sin título

En conversación con uno de los actores de Goteras en la casa, me comentó que la invitación para participar surgió a inicios de 2020, que la mayor parte del trabajo de mesa se tuvo que realizar de manera virtual debido a la pandemia, por lo que incluso, la puesta en escena se pensó para el formato digital. Afortunadamente, no desistieron de la propuesta presencial y después de una gira por el estado (Red de teatros, 2020), y ya tres temporadas presentadas, puedo recomendar ampliamente la experiencia teatral en la casa azul de la Ramón Corona. 

Se harán obras de teatro con nuestra historia

Fotografía de la página del FICH

Hablar de El Caimán y los Sapos, desde una única función, es tratar con todos los sesgos posibles. Tal vez se pueda compensar que en la Muestra Estatal de Teatro (MET) del 2017, pude ver la propuesta de Teatro Bárbaro, aunque a medias, porque desde mi ubicación no se alcanzaban a percibir muchos detalles importantes, aunado a que fue una función atropellada, con esto me refiero a que había junto con la MET un festival organizado por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), lo cual abarrotó hasta más no poder el teatro.  ¿Aunque no es eso lo que buscan los teatristas? Entiendo los motivos de por qué la Subsecretaría de Cultura quería que todos los chavos y chavas entraran a la obra, el tema lo amerita y es importante, pero no cabíamos y, bajo esas circunstancias, no todos lograron entender el intenso mensaje del texto dramático (aplaudo de esta versión la dirección de Luis Bizarro y el trabajo actoral de Melissa Baca).

Una ventaja (o desventaja) es que en alguna ocasión tuve la oportunidad de leer el texto y escuchar algunos fragmentos en voz del autor. Tengo grabada en mi memoria a Pilo Galindo narrando la escena de los XV años de Andrea; eso formó una imagen en mi mente que la compara con lo que vi y resulta no ser lo mismo, no obstante, reconozco que eso es problema mío. No significa que la versión de Abraxas esté mal, al contrario, me parece muy bien trabajada.

Ahora, vi la función que se dio durante el ciclo de invitados de Telón de Arena, por ende, vi actuar a Abraxas Trías como “el Caimán” y no a Alan Posada, lo cual me hubiera gustado mucho, no porque sea uno mejor que el otro, sino porque es más fácil entender al director solo desde su posición y, bueno, también porque no recuerdo haber visto a Alan en un personaje de ese estilo.

Con lo anterior, hablaré primero de lo que me parece un desacierto: el análisis del drama. Estoy segura de que el equipo realizó una fuerte investigación sobre la trata en México, podría asegurar (no tengo pruebas pero tampoco tengo dudas) de que pudieron asesorarse con Pilo en cualquier momento, ya que también es director en la misma compañía, sin embargo, la comprensión de los personajes se queda en un nivel medio.

La puesta en escena de 1939 tiene unos grandes actores que dominan el tema, pero no el carácter de sus personajes. El caso más evidente es el de “la mami”, interpretado por Sandra Castañeda (cabe aclarar que esto no deja de ser una opinión distante de la del dramaturgo a quién le comenté mi duda), vemos en ella a la encargada de “instruir” a las niñas, a una mujer mala que disfruta ser mala, aunque Pilo la ve como un “tufo de sarcasmo”. Personalmente, creo que todo eso que ella vive deja huella, tal vez ese mundo fangoso que habita la ha llevado a tener ese carácter, pero no es por azar que utilicen tantas veces la frase “corazón de pollo” para referirse a ella. Me parece que en realidad es una mujer que ha llorado, que ha sufrido y que ahora, desde la más absoluta sinceridad, les dice a las muchachas que esa vida que llevan es mejor que nada, es mejor que conocer a “el Caimán”. Parto desde la base de que ningún personaje miente; creo que el objetivo de “la Mami”, como el de cualquier mujer en este texto, es mantenerse con vida, una de tipo privilegiada, pero que no ha dejado de ser esclava de “el Caimán” y de los sapos. y así como ella están el resto de los personajes en mayor o menor grado, excepto Patricia (Laura Galindo) y El reportero (David Vázquez), quienes parece que tienen una comprensión total del texto.

La disposición del espacio escénico, diseñado para encerrar a todo aquel que se anime a entrar y ver, supone una clara referencia a que el público es parte del problema porque también interpreta un personaje: los sapos. Es decir, desde que se entra a la sala se observa que cada silla tiene un oficio, un personaje. Su función: ser espectador. No tendrá nada más que hacer, pero eso ya es tremendo porque obliga al público a entrar en la convención de la ficción desde una posición incómoda. Una vez que todos hemos ocupado los asientos, se aseguran de encerrar, ya no hay forma de escapar de El Caimán, se quiera o no ser cómplice. Tal es el enclaustramiento, que ni los personajes pueden salir, aunque no tengan diálogos, su encierro es de otro tipo porque ellos están rodeando al público, cuidándolo, creando esta atmosfera de miedo que ocasiona el saberte vigilado. Estas percepciones estéticas y emocionales solo las puede tener un director perspicaz, Abraxas lo ha logrado.

Otro detalle interesante y que agradezco, es haberla visto en el foro de Telón de Arena, porque ahí el público puede entrar con bebidas a la sala, eso le da un toque inverosímil, termina de cerrar la idea estética de Abraxas, ya que mientras la obra ocurre, el público está bebiendo su café, cerveza, o lo que sea. Pase lo que pase en escena, ellos siguen bebiendo, es decir, han adoptado muy bien su papel de sapos.

Considero que esta obra es una de las mejores de Pilo Galindo. Para mí, sus tres mejores textos son Río Ánimas (por su poesía y su dificultad escénica), El Caimán y los sapos (por ser el texto más violento) y Últimas palabras (que desde lo personal me causa un revoltijo emocional). El Caimán y los sapos es un texto que plantea un problema social y político desde la poética teatral pero a diferencia de Lomas de Poleo, que también retrata la realidad, no se detiene, se va a lo más duro, muestra el lado más despreciable de la humanidad:  ¿quién de todos los que giran alrededor de la vida de estas niñas es el más cruel? Yo optaría por los sapos, porque bien decía Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, aunque cada uno puede tener su postura.

Finalmente, el mensaje es directo, y creo que se puede resumir en uno de los textos de Patricia: “Puedes escribir un reportaje, hacer un libro, una película con todo lo que sabes y la gente lo va a leer o va a ir al cine a ver tu pinche historia, pero no va a cambiar nada”.

En síntesis: un gran texto, grandes actuaciones y una dirección limpia y clara. Abraxas Trías y todo el equipo de 1939 Teatro Norte, dejan claro por qué esta puesta en escena fue la obra ganadora de la MET 2018. Si se vuelve a presentar, volveré a verla, y ojalá todos puedan hacerlo también.

Ficha técnica
Obra: El Caimán y los sapos
Grupo: 1939 Teatro Norte
Dirección: Abraxas Trías
Dramaturgia: Pilo Galindo

Comedia sin título

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