Entre las sombras

El teatro es experiencia. Nunca una segunda función será igual que la anterior. Y, es que, la belleza del teatro está ahí, en lo efímero. Como la vida, en que, aunque rutinarios, los días se suceden con cierta singularidad. Así, pues, hablaré de Lados Oscuros, desde mi experiencia, mi visión y, ¿por qué no?, mis miedos. Finalmente, de eso va la obra, del temor a que otros descubran nuestro más sombrío secreto.

La sede fue el Auditorio Benito Juárez. Llamó la atención de todos los asistentes el aviso que hiciera en voz alta la persona encargada de recoger nuestros boletos –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares, y les vamos a dar una bolsita para asegurarlos–. Esto provocó el extrañamiento de la concurrencia, Mensajes enviados a prisa, con nerviosismo, incluso escuché a una persona decir que le daba ansiedad, ¿era esto parte del espectáculo?

Una vez cubierto el requisito, el ingreso a la sala fue el habitual. Se trataba del segundo día del Festival de Teatro de la Ciudad. La obra dio comienzo poco después de las 19:00, pero ya desde la segunda llamada podía verse en el escenario al personaje principal, interpretado por Abraxas Trías (quien dirige y actúa), caminando de un lado a otro y acomodando algunos elementos.

La escenografía estaba compuesta por una enorme mesa de madera pintada de blanco, sobre la que descansaba una máquina de escribir. No era el único elemento escenográfico, pero, probablemente, sí el más importante; fungiría como escritorio, altar, mesa de trabajo, y plancha para cadáveres. Mostrándonos que, en el teatro, el aprovechamiento y la resignificación de los elementos es primordial para el desarrollo de una puesta en escena.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Música en vivo (por Andrea González) y un hombre en calzones es lo primero con lo que se enfrenta el público. ¿Por qué se expone de esa forma? Intimidad, pienso que el hecho de mostrarse desde el inicio de la representación en ropa interior se debe a que nos está invitando a su espacio más privado, en donde sólo están el escritor, su máquina y sus ideas. La ropa no importa, pues no quiere revelarnos nada más de su identidad. ¿Por qué?, ¿qué esconde este personaje que aparentemente nos está mostrando todo?

El tiempo de la historia se mide en el número de páginas que va escribiendo: –¿ya casi terminas? –, lo cuestionan, –sí, ya voy en la página 32–, contesta. Si bien la iluminación revela algunos signos que podemos interpretar como el día y la noche, no es claro, pero carece de relevancia, lo realmente importante son los saltos hacia las historias que van plasmándose por medio del clac… clac… clac… de la máquina. La escritura sirve para guiarnos, pues las anécdotas no son contadas de manera secuencial, no sabemos cuál sucedió primero, sin embargo, junto con el escritor lo que nos obsesionará será conocer el gran secreto de cada personaje, su lado oscuro.

Pareciera, por momentos, que el tema transversal es la muerte. La casa de un panadero donde encuentran cadáveres enterrados, una joven de catorce años víctima de una vieja en soledad, la morgue. Lo que sucede es que la muerte es sólo parte de la vida, es un pretexto que utiliza el dramaturgo para hablar de algo más profundo. Y llegados a este punto, pido a cada persona que decida cuál es su tópico, pues esto también es el teatro, subjetividad.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Conforme va escribiendo las historias en su máquina, los personajes van tomando conciencia de lo que se dice sobre ellos, algunos se enojan, otros se sienten expuestos, uno de ellos se atreve a dar consejos en el proceso de creación al que se enfrenta el dramaturgo, ¿cuál es el sentido de contar historias?, ¿a quién interesa escucharlas?, lo que conocemos, ¿es la verdad?, ¿importa, en el teatro, decir siempre la verdad?, ¿qué oculta un escritor sobre la historia que nos cuenta para no exponerse a sí mismo?

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Al entrar en la sala se nos advirtió –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares–. ¿Para no tomar fotografías?, ¿para prestar toda la atención?, ¿para…? Yo lo tomaré como una invitación para no revelar más sobre esta puesta en escena, y que cada persona reciba lo que vaya buscando. Ese es el asunto con las sombras, nos muestran lo que llevamos dentro. ¿Cuál es tu lado oscuro?

Obra: Lados oscuros
Dramaturgia: Edeberto «Pilo» Galindo»
Dirección: Abraxas Trías
Compañía: 1939 Teatro Norte/Movimiento O.T.
Fecha: 25 de julio de 2022, 40 Festival de Teatro de la Ciudad

La verdad perturbada

La tarde del domingo 8 de agosto dio como fin la 39 entrega del Festival de Teatro de la Ciudad. El público, visiblemente emocionado, llenó el Auditorio Benito Juárez (claro, con la restringida capacidad que se permitió bajo la denominada “Sana distancia”) para disfrutar de la función y la futura premiación en la que Revelar la fuente de 1939 Teatro Norte se llevó el primer lugar en la categoría de Teatro profesional.

Fotografía de Ruby Gómez

La última puesta en escena nos presentó una monocromática escenografía que figuraba un hogareño comedor que también funcionó como la sala de Fiscalía, un restaurante y un café. A la par del tono amarillo, el vestuario de Carolina (Laura Galindo) se camuflajeó durante toda su aparición, al contrario de los personajes interpretados por Estefanía Estrada y David Vázquez que vestían por completo de blanco. Sin duda, toda la propuesta de color resultó visualmente muy atractiva. Aunque el amarillo, por lo general, nos sitúa a emociones y momentos llenos de positividad, alegría, energía y calidez, también puede revelar la mentira, la traición y la perturbación (sensaciones por las que la protagonista atraviesa constantemente).

En cuanto a la actuación, 1939 Teatro Norte se ha caracterizado por tener un elenco estable y talentoso. En esta ocasión, Estefanía Estrada no solo destacó por una ejecución natural sino también por personificar tanto a Ruth como a Manuel y al Fiscal. Cada uno de los sujetos de acción lograron distinguirse gracias a la expresión corporal y vocal de la actriz.

Fotografía de Ruby Gómez

Por su parte, la obra (con texto y dirección de Pilo Galindo) se aleja por completo de una cronología lineal y nos presenta diferentes temporalidades que se entrecruzan. Incluso, la escena inicial muestra a Carolina narrando que ha sido asesinada. Me parece que este juego del tiempo diegético (de la ficción) requiere la atención e inteligencia de las y los espectadores, sin embargo, también demuestra que debido a la complejidad es necesario generar una mayor claridad por parte de la dirección para que el público no se pierda entre las acciones que acontecen en el pasado, presente o futuro.

Por otro lado, el asesinato anunciado resultó abrupto, tanto por la detonación de la pistola que no funcionó, así como el cambio de vestuario que, a mi parecer, rompía con el juego propuesto. Por ahí llegué a ver, en una presentación grabada el 29 de noviembre del 2020  para el IPACULT, un final con un montaje alterno que me pareció mucho más artístico y simbólico: El asesino dispara desde lejos, se da por hecho que Carolina ha muerto porque cae junto a ella un pañuelo rojo.

Finalmente, la idea dramática de Revelar la fuente atina por ser una problemática tan presente en el periodismo mexicano. El riesgo de dar a conocer información sobre el poderío del narcotráfico en la sierra de Chihuahua llevará a la muerte tanto a quien decide hablar como a quien expone la corrupción entre el gobierno y sus delincuentes. Solo en 2020, México tuvo la mayor cantidad de asesinatos y agresiones contra periodistas (según El país ). Esta alarmante situación parece no tener fin y en su camino deja a las y los comprometidos con su profesión abandonados a su suerte mientras se disputan entre ofrecer la verdad o ser roídos por los buitres.

Choose Life (2019), Alba Moreno

Fotografía sacada de la página de Facebook de Páramo 9

Picture us better
We finally found a winter for your sweater.
Weyes Blood, “Picture Me Better”.

En abril de 2019, se publica Titanic Rising, el más reciente álbum de Weyes Blood. No he dejado de escucharlo desde que salió. Al principio, me atraían las emociones que fluían por las canciones: una profunda tristeza que me recordaba a The Carpenters. Después presté atención a las letras: “Let me change my words: show me where it hurts” (“A Lot’s Gonna Change”); “Don’t cry / It’s a wild time to be alive” (“Wild Time”). Es ya de conocimiento público que la canción que se lee en el epígrafe trata sobre un suicidio, un amigo de la infancia de la cantante Natalie Mering. Sin embargo, me sorprendía la canción: había una gran melancolía, una profunda tristeza y, sin embargo, había también momentos de esperanza y luz; es como una canción de cuna, un homenaje en murmullos, un “vas a estar bien, pero ante todo yo voy a estar bien”. Luego de la crisis emocional, el daño pareciera superarse, cristalizar en una catarsis: la canción. Titanic Rising crea su propio lenguaje, muy íntimo y desde la música, para hablar de traumas y describir conflictos emocionales sin llegar al mensaje de auto-ayuda o al falso optimismo. Creo que por eso me atrae tanto y lo recomiendo todo el tiempo, pues su manera de abordar el tema de la depresión es entrañable e inteligente.

Ahora bien, Choose Life, la última propuesta de Páramo 9 dirigida por Alba Moreno y basada en un texto de Raúl Bustos también plantea un acercamiento a la depresión. Emma (Rebeca Carrasco) nos cuenta cómo su mejor amigo de la infancia, Daniel, era golpeado por un padre alcohólico. Dichos abusos terminan en la muerte de la madre y en el consecuente suicidio de Daniel. Después, la protagonista nos narra la historia de su vecina, Lola, quien decide quitarse la vida luego de un rompimiento amoroso. Me parece interesante que la depresión y el suicidio se explore desde el punto de vista de la afectada por el daño colateral y no desde la perspectiva del suicida, aunque eso finalmente desemboque en algunos problemas de discurso que abordaré al final. Observamos la reacción de Emma, quien lucha por mantenerse emocionalmente estable, pese a que ella misma se culpe de no haber sido buena amiga. Ahí se introduce la trama “fantástica” de Choose Life: Emma decide convertirse en una superheroína. Su archi-enemigo es nada más y nada menos que Depresión (Ricardo Rodríguez). Su presentación como un monstruo enorme de tres cabezas, rodeado de niebla y oscuridad, fue, en mi opinión, lo mejor de la obra y me demostró el potencial visual que tienen las propuestas de Páramo 9 (ya lo habían hecho en Geografía de una desgracia). La depresión puede personificarse de varias formas: una bestia terrible, un alcohólico abstraído o un simpático y cínico gracioso. Estas múltiples representaciones también me parecen destacables. El último tramo de la obra, que muestra la lucha de Emma contra Señor Depresión, no me convence puesto que no ofrece del todo una conclusión, resultando en un final apresurado, repentino.

El mensaje de Choose Life resulta evidente. Precisamente ahí encuentro mi principal conflicto con esta representación: no tolero el texto. Si bien aplaudo que en Juárez se aborde este tema desde el teatro, existen formas más inteligentes, artísticas, desafiantes y críticas que tratan el tema de la depresión y el suicidio que no llegan a la moraleja de la superación personal. El texto es flojo en su propuesta literaria y pienso que la depresión no se debe tratar desde privilegios capacitistas, como el optimismo, el “¡elige vivir!” o el bien-estar emocional, sino desde la misma salud pública y mental. Citando a Alberto Hernández,

Sí, se pueden prevenir [los suicidios]. Esto supone deshacer uno de tantos mitos que hay en relación al suicidio: que son imprevisibles, cuando en muchas ocasiones sí se pueden prevenir. Para hacerlo, debemos tener en cuenta que hay una serie de factores de riesgo: la soledad, la incomunicación, acontecimientos vitales estresantes, crisis de proyectos vitales.

El principal problema, como se observa, es la comunicación. En efecto, la depresión es una enfermedad del lenguaje, pues el deprimido tiene dificultades para desarrollar con palabras sus emociones y recuerdos traumáticos. Por ello, en la terapia se escribe, se dibuja y se habla. Curiosamente, esto de la comunicación o la terapia (una de las grandes herramientas para combatir la depresión) jamás se tomará en cuenta en la obra. Ya es demasiado tarde para hablar con Daniel o Lola. La comunicación como una oportunidad perdida para siempre es uno de esos lugares comunes de la depresión retomada por la literatura de superación personal. En la literatura y el teatro, el reto es complicado, pero ejemplificaría con Filos (texto de Pilo Galindo y dirigida por Abraxas Trías) donde se decide explorar la relación de amistad de los protagonistas, en lugar de vulnerar al personaje que tiene dificultades motrices y de lenguaje.

En Choose Life, la moraleja se “come” a la obra. Fue más importante explicar el mensaje “hay que prevenir los suicidios a toda costa” que desarrollar ese potencial visual y literario de la propuesta, como lo hicieron al presentar al monstruo de la depresión. No era necesario mencionar quién era esa cosa. El espectador podía intuir que aquella bestia de tres cabezas era una metáfora del daño causado por la violencia que sufrieron Daniel y Lola. De esta manera, el discurso light y poco imaginativo del género de la auto-ayuda se transforma en algo más eficaz e ingenioso. Extrañé más momentos así.

Concluyo: el guion de Choose Life comete el error de sobre-explicarse porque lo más importante para el autor del texto es transmitir el mensaje preventivo y publicitar el programa que titula la obra; mensaje asimismo plagado de lugares comunes y observaciones fáciles y privilegiadas. No obstante, Choose life me hizo pensar que aún hay cierta complejidad lingüística para hablar de temas sensibles como la depresión y el suicidio, pero permite reflexionar que hay que buscar lenguajes desafiantes para abordar esos temas, como dejaba entrever la propuesta en sus mejores escenas, donde, básicamente, predominaban el silencio y la imagen.

Se harán obras de teatro con nuestra historia

Fotografía de la página del FICH

Hablar de El Caimán y los Sapos, desde una única función, es tratar con todos los sesgos posibles. Tal vez se pueda compensar que en la Muestra Estatal de Teatro (MET) del 2017, pude ver la propuesta de Teatro Bárbaro, aunque a medias, porque desde mi ubicación no se alcanzaban a percibir muchos detalles importantes, aunado a que fue una función atropellada, con esto me refiero a que había junto con la MET un festival organizado por el Instituto Mexicano de la Juventud (IMJUVE), lo cual abarrotó hasta más no poder el teatro.  ¿Aunque no es eso lo que buscan los teatristas? Entiendo los motivos de por qué la Subsecretaría de Cultura quería que todos los chavos y chavas entraran a la obra, el tema lo amerita y es importante, pero no cabíamos y, bajo esas circunstancias, no todos lograron entender el intenso mensaje del texto dramático (aplaudo de esta versión la dirección de Luis Bizarro y el trabajo actoral de Melissa Baca).

Una ventaja (o desventaja) es que en alguna ocasión tuve la oportunidad de leer el texto y escuchar algunos fragmentos en voz del autor. Tengo grabada en mi memoria a Pilo Galindo narrando la escena de los XV años de Andrea; eso formó una imagen en mi mente que la compara con lo que vi y resulta no ser lo mismo, no obstante, reconozco que eso es problema mío. No significa que la versión de Abraxas esté mal, al contrario, me parece muy bien trabajada.

Ahora, vi la función que se dio durante el ciclo de invitados de Telón de Arena, por ende, vi actuar a Abraxas Trías como “el Caimán” y no a Alan Posada, lo cual me hubiera gustado mucho, no porque sea uno mejor que el otro, sino porque es más fácil entender al director solo desde su posición y, bueno, también porque no recuerdo haber visto a Alan en un personaje de ese estilo.

Con lo anterior, hablaré primero de lo que me parece un desacierto: el análisis del drama. Estoy segura de que el equipo realizó una fuerte investigación sobre la trata en México, podría asegurar (no tengo pruebas pero tampoco tengo dudas) de que pudieron asesorarse con Pilo en cualquier momento, ya que también es director en la misma compañía, sin embargo, la comprensión de los personajes se queda en un nivel medio.

La puesta en escena de 1939 tiene unos grandes actores que dominan el tema, pero no el carácter de sus personajes. El caso más evidente es el de “la mami”, interpretado por Sandra Castañeda (cabe aclarar que esto no deja de ser una opinión distante de la del dramaturgo a quién le comenté mi duda), vemos en ella a la encargada de “instruir” a las niñas, a una mujer mala que disfruta ser mala, aunque Pilo la ve como un “tufo de sarcasmo”. Personalmente, creo que todo eso que ella vive deja huella, tal vez ese mundo fangoso que habita la ha llevado a tener ese carácter, pero no es por azar que utilicen tantas veces la frase “corazón de pollo” para referirse a ella. Me parece que en realidad es una mujer que ha llorado, que ha sufrido y que ahora, desde la más absoluta sinceridad, les dice a las muchachas que esa vida que llevan es mejor que nada, es mejor que conocer a “el Caimán”. Parto desde la base de que ningún personaje miente; creo que el objetivo de “la Mami”, como el de cualquier mujer en este texto, es mantenerse con vida, una de tipo privilegiada, pero que no ha dejado de ser esclava de “el Caimán” y de los sapos. y así como ella están el resto de los personajes en mayor o menor grado, excepto Patricia (Laura Galindo) y El reportero (David Vázquez), quienes parece que tienen una comprensión total del texto.

La disposición del espacio escénico, diseñado para encerrar a todo aquel que se anime a entrar y ver, supone una clara referencia a que el público es parte del problema porque también interpreta un personaje: los sapos. Es decir, desde que se entra a la sala se observa que cada silla tiene un oficio, un personaje. Su función: ser espectador. No tendrá nada más que hacer, pero eso ya es tremendo porque obliga al público a entrar en la convención de la ficción desde una posición incómoda. Una vez que todos hemos ocupado los asientos, se aseguran de encerrar, ya no hay forma de escapar de El Caimán, se quiera o no ser cómplice. Tal es el enclaustramiento, que ni los personajes pueden salir, aunque no tengan diálogos, su encierro es de otro tipo porque ellos están rodeando al público, cuidándolo, creando esta atmosfera de miedo que ocasiona el saberte vigilado. Estas percepciones estéticas y emocionales solo las puede tener un director perspicaz, Abraxas lo ha logrado.

Otro detalle interesante y que agradezco, es haberla visto en el foro de Telón de Arena, porque ahí el público puede entrar con bebidas a la sala, eso le da un toque inverosímil, termina de cerrar la idea estética de Abraxas, ya que mientras la obra ocurre, el público está bebiendo su café, cerveza, o lo que sea. Pase lo que pase en escena, ellos siguen bebiendo, es decir, han adoptado muy bien su papel de sapos.

Considero que esta obra es una de las mejores de Pilo Galindo. Para mí, sus tres mejores textos son Río Ánimas (por su poesía y su dificultad escénica), El Caimán y los sapos (por ser el texto más violento) y Últimas palabras (que desde lo personal me causa un revoltijo emocional). El Caimán y los sapos es un texto que plantea un problema social y político desde la poética teatral pero a diferencia de Lomas de Poleo, que también retrata la realidad, no se detiene, se va a lo más duro, muestra el lado más despreciable de la humanidad:  ¿quién de todos los que giran alrededor de la vida de estas niñas es el más cruel? Yo optaría por los sapos, porque bien decía Desmond Tutu: “Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor”, aunque cada uno puede tener su postura.

Finalmente, el mensaje es directo, y creo que se puede resumir en uno de los textos de Patricia: “Puedes escribir un reportaje, hacer un libro, una película con todo lo que sabes y la gente lo va a leer o va a ir al cine a ver tu pinche historia, pero no va a cambiar nada”.

En síntesis: un gran texto, grandes actuaciones y una dirección limpia y clara. Abraxas Trías y todo el equipo de 1939 Teatro Norte, dejan claro por qué esta puesta en escena fue la obra ganadora de la MET 2018. Si se vuelve a presentar, volveré a verla, y ojalá todos puedan hacerlo también.

Ficha técnica
Obra: El Caimán y los sapos
Grupo: 1939 Teatro Norte
Dirección: Abraxas Trías
Dramaturgia: Pilo Galindo