Ecos de una voz

El pasado fin de semana, del 10 al 12 de febrero, tuvo lugar una breve temporada de La voz humana en la Sala Octavio Trías de Centro Cultural Paso del Norte. Con la interpretación de Alejandra Galaviz y la dirección de Sebastian Lange. Batas blancas scenic lab ha presentado en varias ocasiones esta propuesta de Jean Cocteau, alternando la dirección entre sus miembros (Andrea Lucía, Miguel Stone y Ale Galaviz), y apropiándose de espacios no convencionales en la ciudad. La única constante ha sido la actuación de la misma actriz. Parecería que se trató de la culminación de un proceso, iniciado hace más de un año con una oferta de teatro virtual.

Comedia sin título

Durante todos estos meses Alejandra ha interpretado a una mujer que espera la última llamada del amor de su vida. ¿Por qué se acaba el amor?, ¿en qué momento comenzamos a actuar con indiferencia o hartazgo frente a la persona que acompaña nuestros días? ¿Debemos irnos en silencio o es válida la despedida? Además, ¿cómo saber qué decir?, ¿cómo estar seguros de que ésa, justo ésa, será la última vez? ¿Cómo actuar en el momento final? Estas son algunas de las dudas que me ha provocado esta obra, pero también pueden ser aplicadas a una representación teatral, especialmente, cuando entendemos un montaje como una cadena de relaciones entre los distintos actantes.

He podido atestiguar buena parte del viaje que ha representado para Batas blancas este proyecto, escribí ya una entrada sobre el espacio y la manera en que afecta la percepción de los espectadores. Por eso, en esta ocasión, quisiera centrar la atención en la interpretación y las implicaciones de una nueva dirección, así como destacar algunos elementos que se modificaron para esta versión. ¿Qué sucede cuando un texto es interpretado tantas veces por la misma actriz bajo distintas direcciones? ¿Se puede seguir el tono indicado? ¿Cuál es el resultado?

Comedia sin título

La primera vez que vi La voz humana se movieron muchas emociones dentro de mí. En aquella ocasión se presentaba ante el público una mujer desaliñada, con el cabello despeinado y su pijama. El espacio era reducido, pero eso ayudaba a crear una atmosfera de encierro, como la que transmitía la actriz con sus palabras, expresiones y movimientos. El asunto del espacio y la disposición se vuelve fundamental. En el Octavio Trías la obra ocupa toda la parte baja de la caja negra, el público se encuentra en el segundo y tercer piso, observando de manera panorámica a una mujer vestida de negro, con ropa semiformal. Este vestuario le exige una interpretación más intensa, pues el descuido que sugiere el texto ya no es visible, debe entenderse desde las inflexiones en la voz y los movimientos corporales. ¿Por qué modificar un elemento que apoyaba el desarrollo del ambiente?

Lange inicia el espectáculo con una proyección audiovisual, a cargo de Miguel Stone, en donde vemos a Elizabeth (Galaviz) caminando mientras observa distintas situaciones, todas ellas de parejas. Pasamos de la euforia de un antro, a la convencionalidad de una boda. Es claro que la intención era contrastar las escenas con la soledad que experimenta el personaje principal. En el video se muestra a la actriz realizando un viaje en automóvil e interactuando con una especie de asistente virtual, única voz que hablará directamente con ella y que el público podrá escuchar. Sin embargo, este juego con la tecnología no termina de quedar claro pues, aunque dentro de la realidad creada para la escena se tiene acceso a tales avances, la comunicación se entorpece con la constante llamada equívoca de una mujer que marca preguntando por una clínica que no existe. ¿Es Carl (Lange) una especie de conciencia?

Comedia sin título

Terminar una relación es entender que la vida seguirá , aunque parezca que el mundo acaba porque se extingue el amor, solamente sucede para quienes vivían en ese universo. La monotonía, lo de siempre, seguir viviendo. Esa simpleza es lo que, supongo, intentaba con los elementos escenográficos: un diván, un pequeño frigobar, un buró, ropa amontonada, una silla y las flores muertas. Éstas últimas, como un reflejo del estado de ánimo de la protagonista, quien deambula por todo el espacio mientras mantiene una llamada telefónica con Fernando. Cinco años duró aquello, nos avisan, cinco años, pero ya tenía fecha de caducidad. Entonces, el diálogo no está hecho para interactuar con el público, el destinatario de aquellas palabras se encuentra dentro de la misma ficción, pero nunca lo podemos escuchar. Es nuestro trabajo, como espectadores, completar la conversación.

Presentado así, sin tener que entablar la conversación directa, la actriz tiene mayor libertad para dar distintas entonaciones al texto, pero también implica que toda la fuerza tendrá que salir de ella. El personaje tendría que habernos llevado del amor más puro, ese que todo lo soporta, para después transformarlo en la fuente de humillación ante la incapacidad de vivir sin el otro. Un miedo que hace desear la muerte. Pero en esta ocasión, no se logra la tensión esperada, aunque el texto sugiere emociones muy profundas, la interpretación de Galaviz no lleva al espectador a sentir conmiseración, a querer consolar al personaje y, mucho menos, a recordar las ocasiones en que le tocó despedirse de la persona amada.

Y quiero hacer una anotación aquí. En las pasadas ediciones, se daba una interacción directa con el público antes de iniciar. Una persona del equipo entregaba a los asistentes una libreta y una pluma para responder: ¿qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Esta acción volvía al público parte de la representación. Obligaba a conectar con ese último momento, como recuerdo o como temor. Creaba una conexión entre lo que sucedía en escena y la vida personal de cada espectador. Otro elemento que no se replicó en la versión de Lange.

Comedia sin título

Finalmente, uno de los asuntos por resolver, no sólo desde la dirección sino en la trama misma era el asunto del perro que compartían. En las pasadas versiones, este ser vivo no aparecía en escena, sólo era mencionado y se dibujaba en la mente del público a través de los movimientos de Galaviz. La decisión para esta edición fue tener durante los cuarenta minutos en escena a una perra que interactuaba con la actriz. Situación arriesgada, pues no era posible controlar del todo su comportamiento, por lo que Alejandra debía estar atenta a los desplazamientos que hiciera, restando concentración, aunque fuera de manera inconsciente, a la ejecución del personaje.

Entonces, ¿qué sucede cuando un personaje es interpretado en diversas ocasiones por la misma actriz con distintas direcciones?, ¿qué hay cuando ya se ha dirigido a sí misma?, ¿cómo se logra la creación conjunta?, ¿es posible? La respuesta la tendrá cada una de las personas que presenció esta obra. Sin embargo, considero que, así como la comunicación se entorpecía dentro de la historia, esto ocurrió entre el equipo y, hubo elementos dignos de aplauso, no hubo una cohesión entre todos ellos, y la voz que nos llegó se sentía como un eco.

2023. Seguimos en el camino

Logo de nuestra revista

Acá, en Ciudad Juárez, suceden muchas cosas. Basta prestar un poquito de atención para captar la sucesión de los días, de las estaciones, de los ciclos escolares. La vida va pasando y somos, siempre, actrices y espectadores de la vida. Hay momentos en los que nuestro papel es el de acompañante, pero hay otros en los que sabemos a conciencia que es nuestra la vida que estamos viviendo. Todo lo que nos sucede es más grato cuando tenemos con quien compartir, nuestras vivencias adquieren relevancia al momento de platicarlas con quienes nos son queridos.

Comedia sin título, ha buscado desde su génesis ser esa acompañante con quien la ciudad pueda platicar. Ser el canal por medio del cual podamos contar nuestras experiencias de lectura y las emociones que una obra de teatro nos provocó. Desde el día uno, quienes hacemos este proyecto (y aquellas personas que han colaborado con nosotras) hemos buscado que todas las voces tengan un espacio y, sobre todo, que lo expresado mueva a la reflexión y al diálogo.

Sabemos que en Ciudad Juárez el arte y la cultura se encuentran en un eslabón muy bajo, la relevancia que los gobiernos le dan no es suficiente. Esto nos preocupa (y nos molesta), pero también se ha convertido en un motor para no dejar de hacer esto que tanto amamos. Este año venimos con ánimo renovado para seguir conversando y dando difusión a los proyectos de los creadores en nuestra localidad.

Tenemos el compromiso, con nuestra ciudad y con nosotras mismas, de seguir trabajando para continuar siendo un espacio de diálogo y un archivo en el que se pueda ver, con el paso del tiempo, que la literatura y el teatro están vivos y que dan vida a esta urbe. Dejamos la invitación abierta para todas las personas que deseen sumar su voz a la nuestra, en esta nueva etapa que tenemos preparada.

Mena Esparza-Meza y Karla Diego

Explosiones emocionales en Esperando a Godot

Esperando a Godot es una pieza fársica perteneciente al teatro del absurdo que surgió después de la Segunda Guerra Mundial. Este género se caracteriza por abordar aspectos existencialistas y filosóficos. Virgilio Ariel Rivera señala en La composición dramática: estructura y cánones de los siete géneros que su propósito consiste en encontrarle un sentido pleno a la vida. Además, se asumen cargas contenidas en la psique humana al desnudar una realidad o revestirla (2004, p. 215). Samuel Beckett expone esto en dos actos donde muestra, de manera nihilista, la paciencia de Estragón y Vladimir al esperar a Godot en un árbol. Expresan que él les mejorará la vida, pero la espectadora carece de cierta información. ¿Cuántos días llevan esperando? ¿Quién es Godot y a qué se dedica? Sin embargo, no resulta difícil seguir la trama a pesar de que se infringen diversas normas de la realidad. Peter Brook explica en El espacio vacío: arte y técnica del teatro que en una ocasión se presentó esta obra con presos y, aunque era un público no acostumbrado al teatro, no se les dificultó seguir el hilo de la historia (2012, p. 95).

Captura de pantalla tomada de la página de la Teatroteca (INAEM)

Por un lado, Esperando a Godot muestra un ciclo interminable y, desde mi perspectiva, refleja la insignificancia de la vida. Al todo carecer de sentido, Estragón sugiere la única salida de la monotonía: “Ahorquémonos ahora mismo” (Beckett, 2001, p. 25). La idea de la muerte los seduce en todo momento; sin embargo, tratarán de encontrar alguna distracción para hacer más amena la espera de Godot. Entonces, por otro lado, Vladimir y Estragón explotarán sus emociones y así descubrirán diversas maneras de relacionarse. En la puesta en escena que realiza Alfredo Sanzol destaqué dos momentos que me parecieron interesantes. Llegan a rodar abrazados por el suelo y, además, se dan un beso agotando la posibilidad del amor (2013). Por esta razón, el objeto de estudio de esta reseña se basará en analizar y justificar las conductas explosivas de Vladimir y Estragón.

Este dúo comparte un sinfín de sentimientos y acciones uno hacia el otro: amor, odio, recelo, empatía, desprecio, cariño, entre otros. Este vagón de emociones es descrito por Virgilio Ariel Rivera como conductas irreales, en donde se rompen todos los márgenes de la capacidad y tolerancia social y, que, a su vez, da paso a conductas absurdas, incluso toma como ejemplo el matrimonio (2004, p. 223). Esto se refleja en los diálogos hiperbólicos, por ejemplo, cuando Estragón quiere quitarse el zapato por el dolor. Vladimir contesta: “¡Siempre eres el único que sufre! Yo no importo nada. Quisiera verte en mi lugar. Ya me lo harías saber” (Becket, 2001, p. 17). En todo momento tendrán estas actitudes explosivas y, en un parpadeo, se tranquilizarán. Ariel Rivera señala que los personajes se desarrollan en una realidad subjetiva, metafórica, abstracta; no obstante, me parece que, en algunas escenas, también son parte de un mundo objetivo (2004, p. 220). Para explicar esto tracé dos líneas horizontales, una encima de otra. La línea inferior corresponde al plano de la objetividad y la superior a la fantasía, lo irreal. Para alcanzar la segunda se rompen las normas cotidianas y se abre paso a conductas anormales, actitudes violentas y pasiones ocultas. Vladimir y Estragón realizan brincos entre ambas realidades. En ocasiones, cada uno está en diferentes planos y, por esta razón, se desatan las disputas.

Captura de pantalla tomada de la página de la Teatroteca (INAEM)

Del primer al segundo acto cambian su comunicación. Además, se cuestionan el ciclo al que están sometidos. Estragón desaparece y, al volver, regresa herido. Vladimir se preocupa por él y pregunta a su compañero qué le paso; sin embargo, no recibe una respuesta clara, solo una petición pasiva-agresiva: “¡No me toques! ¡No me preguntes nada! ¡No me digas nada! ¡Quédate conmigo!” (Beckett, 2001, p. 79). Ambos se necesitan y se quieren, pero aun así el ritmo agresivo y exaltado sigue a lo largo de sus diálogos. La cordura se va perdiendo conforme avanzan los días y, para mantenerse vivos, se someten a conductas exageradas solo para comprobar que no sueñan. Vladimir intenta explicar esto: “Lo cierto es que el tiempo, en semejantes condiciones, transcurre despacio y nos impulsa a llenarlo con manejos que, cómo decirlo, a primera vista pueden parecer razonables y a los cuales estamos acostumbrados. Me dirás que es para impedir que se ensombrezca nuestra razón. Bien, de acuerdo. Pero a veces me pregunto: ¿acaso no anda errante en la interminable noche de los grandes abismos?” (Beckett, 2001, pp. 106-107). Entonces, el tiempo y la desesperación se toman como factores que condicionan a Vladimir y Estragón.

Captura de pantalla tomada de la página de la Teatroteca (INAEM)

Entonces Esperando a Godot resulta una obra sencilla de interpretar a pesar de abordar temas existencialistas y nihilistas. Incluso, me atrevo a decir que la espectadora se puede sentir identificada con las respuestas de los personajes. Las personas se rigen por impulsos y, al habitar en un campo de liminalidad donde, en este caso, se desconoce el origen y el destino, se pierde la noción del entorno. Se duda de la misma conciencia, por lo que, se desatan diversas actividades para ignorar la dura realidad. Se abre paso a la procrastinación y, de esta manera, evaden todas las normas establecidas para saltar al plano superior: lo subjetivo. Estragón y Vladimir optan por esperar a Godot; sin embargo, la idea del suicidio les parece tentadora ¿Qué otra manera existe para evadir la realidad? No importa la decisión que tomen, inevitablemente la muerte los alcanzará de una u otra manera.

Moisés Chala

Bibliografía

Beckett, S. (2001). Esperando a Godot (Ana Ma. Moixs, Trad.). Tusquets (Obra original publicada en 1952).

Brook, P. (2012). El teatro tosco. En El espacio vacío: arte y técnica del teatro (pp. 93-133). Península.

Sanzol, A. dir. (7 may., 2013). Esperando a Godot, de S. Beckett. Centro Dramático Nacional, Teatro Valle-Inclán, Madrid.

Rivera, V. A. (2004). Farsa. En La composición dramática: estructura y cánones de los siete géneros (pp. 215-236). Escenología.

La voz de un espacio

¿Qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Ante esta pregunta vuelvo a quedarme en blanco. ¿Le tememos a enfrentar ese último momento?, ¿qué hacer cuando tienes conciencia de que no habrá un después? El final ha llegado y sólo esperas que tu voluntad no se acobarde y que de tus labios no salga esa frase que hará que tu propio corazón se ría de ti.

Fotografía de Comedia sin título

El dicho popular reza que “la tercera es la vencida”, y así fue, ésta, la tercera vez que presencié La voz humana quedé vencida por ella. Hay un encanto en seguir la evolución de un montaje, de ver cómo va transformándose poco a poco para convertirse, con cada nuevo elemento, en algo distinto. Es verdad que ninguna función será idéntica a la anterior, en esa capacidad (o defecto, juzgue usted) radica la magia del teatro, pero también es cierto que la obra misma va hablando y pidiendo modificar tal movimiento, quitar esa libreta o cambiar unas palabras por otras. El teatro está tan vivo como las personas que lo hacen.

En Las Santas Alitas. Abril de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Batas Blancas (scenic lab) lleva algunos meses presentando un fragmento de la performance La voz humana, original de Jean Cocteau, en distintos espacios de la ciudad y bajo diversas direcciones, no obstante ser el mismo equipo de trabajo. Conservando como única coincidencia, la aparición en escena de Alejandra Galaviz. La primera vez que tuve la oportunidad de verla fue en abril de este año, dentro de un espacio destinado a la venta de alitas, boneless, papas y cervezas. La segunda ocasión ocurrió en una cafetería, allí no había bebidas alcohólicas, pero se trataba de un espacio con menor aforo y mayor luz natural. Finalmente, asistí a La voz humana en un bar que cuenta con un espacio escénico, pues presenta, de manera regular un espectáculo de dragas e imitadoras de cantantes.

El Palacio de las Estrellas, ubicado en la zona centro de Ciudad Juárez, fue el recinto elegido para presentar la tercera versión bajo la dirección de Andrea Lucía. Cabe destacar que Ale Galaviz es impecable en su desempeño, desde su expresión facial hasta la modulación de su voz. No me detendré para hablar de estos aspectos -me gustaría que los pudiéramos discutir en las diversas plataformas donde se comparte esta reseña, juzguen ustedes-. Lo que ahora me interesa poner sobre la mesa es la forma en que el espacio transforma lo que recibe el espectador.

En Mailo’s Coffee St. Junio de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Sin afán de adelantar nada al público, mencionaré que la introducción al espectáculo ocurre como en las ocasiones anteriores y que, antes de comenzar, un presentador (Miguel Stone) nos anuncia la temática de la obra. Entonces, entra en escena una mujer, a quien, aparentemente no ocurre nada hasta que la inercia de la escena se rompe con el timbre de su teléfono.

Aquellas personas que estén familiarizadas con la obra de Cocteau deberán imaginarse ya, de qué va la presentación, sin embargo, no es sólo la trama, sino la manera de contarlo, aquello que la hace digna de apreciar. Galaviz sabe aprovechar el espacio, se desplaza en las direcciones necesarias, no sólo para mostrarnos que es dueña del escenario, también para mantener la atención de su público. Pues al tratarse de una obra unipersonal, sabe que es indispensable valerse de todo aquello que esté a su mano para cautivar al espectador.

Como ya mencioné, El Palacio de las Estrellas, cuenta con condiciones distintas a un restaurant-bar o un café. Todas sus paredes son negras, esto permite que la luz natural del espacio, aunque casi inexistente, sea constante, además, cuenta con equipo de sonido y de iluminación. Quien presencia la obra, no tiene que pedirle a su ojo que ajuste constantemente la degradación de luz que naturalmente sucede en espacio con ventanales, sino que puede, sin preocuparse, atender a los amarillos, azules o los flashazos con que se nos sugieren cambios en el estado de ánimo e, incluso, traslados al interior de la mente de nuestra protagonista.

Cabe destacar, que se incluyeron, en esta última versión, efectos de sonido, ausentes en las anteriores. Toda comunicación tiene interferencia, incluso aquella que sucede cara a cara. Pero los efectos de sonido ayudan al espectador a compartir la desesperación que siente ella, cuando la señal se pierde y, por momentos, no puede escuchar la voz de aquel que es el amor de su vida.

En Palacio de las Estrellas. Septiembre de 2022
Fotografía de Comedia sin título

¿Qué hace distinta a esta versión? La respuesta está bosquejada en los párrafos anteriores, el espacio de representación, sin duda. Pero también entran en juego todos los artefactos que el mismo puede aportar. ¿Existe un espacio ideal para la presentación de una obra? ¿Vale la pena seguir proyectando obras en espacios no acondicionados con este fin? ¿Es mejor esperar a tener un escenario, aunque pequeño, para presentarse? ¿Qué opinan los espectadores?

Tres, la tercera, la vencida. Al concluir esta función pensé -esta es otra obra, todo mundo debería verla-. Mientras escribo estas líneas, lo sé, La voz humana, fue para mí como ese sobrino al que ves crecer, poco a poco, con cierta distancia, pero cuando lo ves triunfar deseas que todas las personas sientan lo que has sentido tú. Por eso, les pido, vayan a verla. No, no sé si es ya “la mejor versión de sí misma”, pero esto segura que es, la mejor versión hasta hoy.

***

La voz humana, bajo la dirección de Andrea Lucía, se presentará los sábados de septiembre a las 20:00 en El Palacio de las Estrellas (Av. 16 de septiembre). Cuenta con Alejandra Galaviz como elenco, la coordinación audiovisual de Miguel Stone y como técnico en iluminación a Laboratorios Camacho.

Adaptaciones de un diario

Aprovechando el verano y las vacaciones, hace unas semanas tomé un avión con destino a CDMX. Tenía un plan, pero no un horario restringido. Sin embargo, sí tenía una meta: ver teatro. Gracias a las redes sociodigitales me enteré de la oferta para el fin de semana que coincidía con mi estadía, incluso, intentando obtener una entrada gratuita me gané un dos por uno que, debido a la solitariedad de mi travesía, no utilicé. En la publicidad para la obra que elegí se leía “un hombre con una infancia rota, un presente que lo atormenta, el amor como esperanza y porqué no, el deseo de ser un REY”. Hecho, tenía una cita con el teatro, el domingo 31 de julio a las 18:00 en el Foro Shakespeare. La puesta en escena se titulaba: “El diario de Axel P.”

Nos permitieron ingresar a la sala unos minutos antes de la hora señalada para el espectáculo. Era un espacio pintado todo de negro. En el escenario, ubicado frente a las butacas, se encontraban una mesita sobre la que descansaba un aparato electrónico, una silla al centro y en el extremo derecho una mesa con un mantel. No invitaba a pensar en la austeridad, sino en la decadencia.

Fotografía de Comedia sin título

Ya dentro, dieron las indicaciones a las que estamos acostumbrados sobre los protocolos de salud y, alrededor de las 18:10 se avisó la primera llamada (me pregunté sobre la puntualidad del teatro, ¿sólo en México?, pero eso tal vez no sea tema para otra ocasión). Las otras dos llamadas ocurrieron con mayor rapidez, pero atrajo mi atención un fenómeno que reconozco cada vez con mayor frecuencia: la acción comenzaba con la segunda llamada. ¿Se trata de un mecanismo para mantener cautivo al público?, ¿es parte de la obra?, ¿se pierde de algo aquel espectador que llega con la tercera?

Tal como lo prometía el cartel, la obra se trataba de un hombre solitario. Un oficinista que hablaba con un ente al que le narraba sus peripecias del día a día. Trabajador que, por medio de la voz, dejaba constancia de aquello que le acontecía como “Godinez”, su posible acenso en una dependencia de gobierno, sus funciones monótonas dentro de unos cubículos que se antojaban grises y oscuras como las paredes del foro que hacía las veces de apartamento, y las confesiones de cómo, en nombre del amor, se atrevió a trasgredir la privacidad de aquel ser a quién desde su entendimiento, decía profesar ese sentimiento “puro”; acompañado de la amistad de dos canes con quienes no había trabas de comunicación. ¿Reconocen, ya, la historia?

Se trataba de una representación unipersonal. Daniel García Parra interpretaba a Axel P., y a través de su narración cronológica nos enterábamos de todos los acontecimientos. Él mismo era quien daba voz a sus cánidos amigos y gracias a la mirada puesta en lontananza, para ver hacia el pasado de aquello que le contaba a su “Alexa”, es que cada persona del público podía imaginar a su manera la forma, vestimenta, tez y tono de voz de aquellos personajes que iban saliendo de su mirada. Una mirada expresiva que pasaba de la alegría esperanzadora a la rabia explosiva cuando confesaba que las cosas no habían resultado como él quería.

En escena, no hay desperdicio de los elementos. Aunque pocos, cada uno de ellos es utilizado con un propósito y de diversas maneras. Una silla que se vuelve barda, una mesa que sirve para cenar y para afilar lápices, y un mantel que… Me permito elogiar, también, los efectos de sonido utilizados, la comunicación entre la máquina y el ser humano se hacía presente a través de estos, dejando ver que, según el director, no siempre aquélla está de acuerdo con su poseedor. A pesar de todos los aciertos, considero que la duración de la obra resultó un poco excesiva. Por momentos parecía que iba a cerrar, pero un diálogo o la intervención de algún personaje traído a la memoria del narrador protagonista volvía a abrir la trama.

Fotografía de Comedia sin título

Al finalizar la obra hubo una breve interacción con el público por parte del director (Edgar Uscanga) y del actor principal. Fue en este momento en que mis sospechas, como las de las amables personas que han llegado hasta esta parte del texto, quedaron confirmadas, se trataba de una adaptación libre –así lo dijo Uscanga– del texto de Nikolai Gogol, “Diario de un loco”. Luego de tomarse una selfie con el público para subirla a las redes sociales, todos los espectadores salimos de la sala para dirigirnos a nuestro destino. Recuerdo que sentí que al salir del auditorio me dirigiría a mi hogar o platicaría a la salida con algún conocido, le agradecí a este bello arte hacerme sentir como si estuviera en casa.

Sin embargo, en el camino hacia el lugar en que me hospedaba comenzaron a llegar las dudas que siempre trae consigo una representación. Pues, para mí, el teatro es una oportunidad para re-pensar las cosas. ¿Adaptación libre?, ¿a qué se referían con adaptación libre?, ¿hasta dónde llega la libertad a la hora de tomar una historia ya existente?, ¿no se convierte en algo nuevo?

Una vez en casa (ahora sí la mía), me di a la tarea de re-leer la obra de Gogol. La primera cosa que noté fue el cambio en los nombres de los personajes. Algunos elementos se conservaron, por ejemplo, la temporalidad, inexistente; pues para la historia es importante que la mente del narrador no tenga ancla; este asunto permitió a los nuevos creadores jugar con la idea de la tecnología, lo que Ivanovich plasma en papel, Axel P. puede capturarlo con su voz, dándole así un toque futurista, y lograr un alejamiento de la historia. Sí, el personaje está loco, sí, yo también he trabajado en una oficina y me he sentido estancado, pero no hay manera de que esa historia sea la mía, ¿o sí?

Y me detengo aquí, para abrir un diálogo, porque fueron muchos los cuestionamientos que cruzaron mi mente al pensar en la adaptación “libre”, ¿por qué resolver los conflictos que presenta la historia de esa manera teniendo libertad?, ¿responden al momento de la historia o al que están viviendo los espectadores?, ¿a quién pertenece ahora la obra, a su autor original o a quienes tuvieron la valentía de darle una nueva escritura? Argüello (2016) opina que la adaptación es una invitación al diálogo, con el texto mismo y con la actualidad “no tendría sentido montar un texto si no se pregunta por su actualidad”, escribe. Sirvan, pues, estos párrafos para conversar, tal vez un día pueda responderme ¿hasta dónde llega la libertad de una adaptación?

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Cartel de Diario de Axel P.

“El diario de Axel P.”, bajo la dirección de Edgar Uscanga está por llegar a su final de temporada en el Foro Shakespeare (CDMX), si se encuentran en por aquellas tierras dense en una vuelta a la colonia Condesa para presenciar la última función este domingo 30 de agosto de 2022 y nos platican sus impresiones. ¡No se la pierdan!

REFERENCIAS

Argüello, C. (octubre, 2016). La lectura manifiesta. De la adaptación a la reescritura. Cuadernos de picadero, 30°, 5-11.

Comedia sin título

Comedia sin título surge a partir de la necesidad de expresar una opinión personal en las áreas de la crítica teatral y literaria. Si bien, aunque contamos con un perfil profesional de la literatura nuestra búsqueda va más allá de lo académico: deseamos conectarnos con los lectores y espectadores a través del diálogo informal que se puede dar en esta plataforma.

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