Último acto, ¿es funesto el destino teatral?

¿Quién no ha escuchado aquello de “si te dedicas al arte te vas a morir de hambre”? Cosas como “estudia algo que te dé dinero” o “mejor hazlo como hobbie” son sentencias que acompañan casi siempre a las personas que planean dedicarse a cualquier tipo de expresión artística, a quienes se sumen como creadores artísticos. En incontables ocasiones estos comentarios hacen mella y al final aquellos que deseaban ser pintores o cantantes abandonan ese anhelo y se dedican a otro oficio, o lo hacen sólo de manera parcial.

Hay otros que, no obstante, se aventuran por caminos ignotos, pues para cada persona el inicio del recorrido es una aventura, sin importar cuántos hayan cruzado ese sendero, para cada persona es desconocido.

Último acto es una obra escrita y dirigida por Noraya Ccoyure que ganó en la categoría amateur del 40° Festival de teatro de la ciudad (2022), y que tuve la oportunidad de ver a inicios de este año en el Teatro Experimental Octavio Trías gracias a la convocatoria Red de Teatros.

Comedia sin título

Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con lo que mencioné al inicio? Último acto es la historia de dos amigos: Tadeuz de la Vega (Ramiro Varela) y Martín García (Paulina López). Dos viejos amigos actores que en el pasado fueron reconocidos pero ahora se ven obligados a vivir fuera de un teatro en ruinas.

Recuerdo que cuando asistí a verla la situación de aquellos personajes trajo a mi mente a muchos artistas que, ya entrados en edad, no habían logrado la estabilidad que se supone debería llegar. ¿Fue falta de trabajo? ¿Malas decisiones? ¿Falta de oportunidades? No termino de responderme. Pero resonó fuertemente en mi cabeza uno de los diálogos que se presenta en voz de Tadeuz recordándole a su compañero la promesa que se hicieron: “que pase lo que pase nunca dejaríamos de hacer teatro. Y a esta frase le siguieron otras tantas dudas: ¿para qué seguimos haciendo teatro?, ¿es necesario dejarlo todo en el escenario?, ¿cuándo es suficiente?, ¿es fatal el destino del artista?

No quiero que se piense que romantizo el ejercicio teatral, y tampoco que me ciego ante la realidad de muchas otras profesiones que se ven precarizadas en México y en el mundo. Pero idealista y soñadora sí soy, y creo que con pasos pequeñitos y mucho esfuerzo es posible ir cambiándole la cara a las cosas. Yo disfruto del teatro como pocas cosas en el mundo, y he ido tomando conciencia del esfuerzo físico, emocional y económico que supone su creación. Y por eso escribo.

Comedia sin título

En Último acto Tadeuz y Martín se ven obligados a desalojar (si es que tal verbo es el adecuado) la banca que ocupan fuera del teatro que custodian. Un policía es la pieza que desata los recuerdos de un pasado glorioso y las ganas de reconquistar ese espacio de magia en el que ambos se sintieron más vivos que nunca. A través de sus voces y sus acciones podemos conocer cómo es el mundo del teatro desde su interior, lo bueno y lo malo, los lazos que representa pero también el abandono que experimentan quienes lo hacen, tanto del público que alguna vez los ovacionó como de sus pares.

En pocos días comienza el Primer Congreso Estatal de Teatro, por eso dejo acá esta invitación, ojalá nos animemos a ir para que en comunidad reflexionemos y propongamos formas de andar juntos… y que nadie quede solo.

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Último acto se presentará el sábado 25 de mayo en el Teatro Experimental Octavio Trías en dos funciones: 17:00 y 19:00* horas.

*Obten precio especial de $120 en esta función registrándote para asistir al Congreso Estatal de Teatro. 

Liga de registro: https://forms.gle/QbvSLT9jZ54AhyZZA

Ecos de una voz

El pasado fin de semana, del 10 al 12 de febrero, tuvo lugar una breve temporada de La voz humana en la Sala Octavio Trías de Centro Cultural Paso del Norte. Con la interpretación de Alejandra Galaviz y la dirección de Sebastian Lange. Batas blancas scenic lab ha presentado en varias ocasiones esta propuesta de Jean Cocteau, alternando la dirección entre sus miembros (Andrea Lucía, Miguel Stone y Ale Galaviz), y apropiándose de espacios no convencionales en la ciudad. La única constante ha sido la actuación de la misma actriz. Parecería que se trató de la culminación de un proceso, iniciado hace más de un año con una oferta de teatro virtual.

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Durante todos estos meses Alejandra ha interpretado a una mujer que espera la última llamada del amor de su vida. ¿Por qué se acaba el amor?, ¿en qué momento comenzamos a actuar con indiferencia o hartazgo frente a la persona que acompaña nuestros días? ¿Debemos irnos en silencio o es válida la despedida? Además, ¿cómo saber qué decir?, ¿cómo estar seguros de que ésa, justo ésa, será la última vez? ¿Cómo actuar en el momento final? Estas son algunas de las dudas que me ha provocado esta obra, pero también pueden ser aplicadas a una representación teatral, especialmente, cuando entendemos un montaje como una cadena de relaciones entre los distintos actantes.

He podido atestiguar buena parte del viaje que ha representado para Batas blancas este proyecto, escribí ya una entrada sobre el espacio y la manera en que afecta la percepción de los espectadores. Por eso, en esta ocasión, quisiera centrar la atención en la interpretación y las implicaciones de una nueva dirección, así como destacar algunos elementos que se modificaron para esta versión. ¿Qué sucede cuando un texto es interpretado tantas veces por la misma actriz bajo distintas direcciones? ¿Se puede seguir el tono indicado? ¿Cuál es el resultado?

Comedia sin título

La primera vez que vi La voz humana se movieron muchas emociones dentro de mí. En aquella ocasión se presentaba ante el público una mujer desaliñada, con el cabello despeinado y su pijama. El espacio era reducido, pero eso ayudaba a crear una atmosfera de encierro, como la que transmitía la actriz con sus palabras, expresiones y movimientos. El asunto del espacio y la disposición se vuelve fundamental. En el Octavio Trías la obra ocupa toda la parte baja de la caja negra, el público se encuentra en el segundo y tercer piso, observando de manera panorámica a una mujer vestida de negro, con ropa semiformal. Este vestuario le exige una interpretación más intensa, pues el descuido que sugiere el texto ya no es visible, debe entenderse desde las inflexiones en la voz y los movimientos corporales. ¿Por qué modificar un elemento que apoyaba el desarrollo del ambiente?

Lange inicia el espectáculo con una proyección audiovisual, a cargo de Miguel Stone, en donde vemos a Elizabeth (Galaviz) caminando mientras observa distintas situaciones, todas ellas de parejas. Pasamos de la euforia de un antro, a la convencionalidad de una boda. Es claro que la intención era contrastar las escenas con la soledad que experimenta el personaje principal. En el video se muestra a la actriz realizando un viaje en automóvil e interactuando con una especie de asistente virtual, única voz que hablará directamente con ella y que el público podrá escuchar. Sin embargo, este juego con la tecnología no termina de quedar claro pues, aunque dentro de la realidad creada para la escena se tiene acceso a tales avances, la comunicación se entorpece con la constante llamada equívoca de una mujer que marca preguntando por una clínica que no existe. ¿Es Carl (Lange) una especie de conciencia?

Comedia sin título

Terminar una relación es entender que la vida seguirá , aunque parezca que el mundo acaba porque se extingue el amor, solamente sucede para quienes vivían en ese universo. La monotonía, lo de siempre, seguir viviendo. Esa simpleza es lo que, supongo, intentaba con los elementos escenográficos: un diván, un pequeño frigobar, un buró, ropa amontonada, una silla y las flores muertas. Éstas últimas, como un reflejo del estado de ánimo de la protagonista, quien deambula por todo el espacio mientras mantiene una llamada telefónica con Fernando. Cinco años duró aquello, nos avisan, cinco años, pero ya tenía fecha de caducidad. Entonces, el diálogo no está hecho para interactuar con el público, el destinatario de aquellas palabras se encuentra dentro de la misma ficción, pero nunca lo podemos escuchar. Es nuestro trabajo, como espectadores, completar la conversación.

Presentado así, sin tener que entablar la conversación directa, la actriz tiene mayor libertad para dar distintas entonaciones al texto, pero también implica que toda la fuerza tendrá que salir de ella. El personaje tendría que habernos llevado del amor más puro, ese que todo lo soporta, para después transformarlo en la fuente de humillación ante la incapacidad de vivir sin el otro. Un miedo que hace desear la muerte. Pero en esta ocasión, no se logra la tensión esperada, aunque el texto sugiere emociones muy profundas, la interpretación de Galaviz no lleva al espectador a sentir conmiseración, a querer consolar al personaje y, mucho menos, a recordar las ocasiones en que le tocó despedirse de la persona amada.

Y quiero hacer una anotación aquí. En las pasadas ediciones, se daba una interacción directa con el público antes de iniciar. Una persona del equipo entregaba a los asistentes una libreta y una pluma para responder: ¿qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Esta acción volvía al público parte de la representación. Obligaba a conectar con ese último momento, como recuerdo o como temor. Creaba una conexión entre lo que sucedía en escena y la vida personal de cada espectador. Otro elemento que no se replicó en la versión de Lange.

Comedia sin título

Finalmente, uno de los asuntos por resolver, no sólo desde la dirección sino en la trama misma era el asunto del perro que compartían. En las pasadas versiones, este ser vivo no aparecía en escena, sólo era mencionado y se dibujaba en la mente del público a través de los movimientos de Galaviz. La decisión para esta edición fue tener durante los cuarenta minutos en escena a una perra que interactuaba con la actriz. Situación arriesgada, pues no era posible controlar del todo su comportamiento, por lo que Alejandra debía estar atenta a los desplazamientos que hiciera, restando concentración, aunque fuera de manera inconsciente, a la ejecución del personaje.

Entonces, ¿qué sucede cuando un personaje es interpretado en diversas ocasiones por la misma actriz con distintas direcciones?, ¿qué hay cuando ya se ha dirigido a sí misma?, ¿cómo se logra la creación conjunta?, ¿es posible? La respuesta la tendrá cada una de las personas que presenció esta obra. Sin embargo, considero que, así como la comunicación se entorpecía dentro de la historia, esto ocurrió entre el equipo y, hubo elementos dignos de aplauso, no hubo una cohesión entre todos ellos, y la voz que nos llegó se sentía como un eco.

La voz de un espacio

¿Qué le dirías al amor de tu vida en la última llamada? Ante esta pregunta vuelvo a quedarme en blanco. ¿Le tememos a enfrentar ese último momento?, ¿qué hacer cuando tienes conciencia de que no habrá un después? El final ha llegado y sólo esperas que tu voluntad no se acobarde y que de tus labios no salga esa frase que hará que tu propio corazón se ría de ti.

Fotografía de Comedia sin título

El dicho popular reza que “la tercera es la vencida”, y así fue, ésta, la tercera vez que presencié La voz humana quedé vencida por ella. Hay un encanto en seguir la evolución de un montaje, de ver cómo va transformándose poco a poco para convertirse, con cada nuevo elemento, en algo distinto. Es verdad que ninguna función será idéntica a la anterior, en esa capacidad (o defecto, juzgue usted) radica la magia del teatro, pero también es cierto que la obra misma va hablando y pidiendo modificar tal movimiento, quitar esa libreta o cambiar unas palabras por otras. El teatro está tan vivo como las personas que lo hacen.

En Las Santas Alitas. Abril de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Batas Blancas (scenic lab) lleva algunos meses presentando un fragmento de la performance La voz humana, original de Jean Cocteau, en distintos espacios de la ciudad y bajo diversas direcciones, no obstante ser el mismo equipo de trabajo. Conservando como única coincidencia, la aparición en escena de Alejandra Galaviz. La primera vez que tuve la oportunidad de verla fue en abril de este año, dentro de un espacio destinado a la venta de alitas, boneless, papas y cervezas. La segunda ocasión ocurrió en una cafetería, allí no había bebidas alcohólicas, pero se trataba de un espacio con menor aforo y mayor luz natural. Finalmente, asistí a La voz humana en un bar que cuenta con un espacio escénico, pues presenta, de manera regular un espectáculo de dragas e imitadoras de cantantes.

El Palacio de las Estrellas, ubicado en la zona centro de Ciudad Juárez, fue el recinto elegido para presentar la tercera versión bajo la dirección de Andrea Lucía. Cabe destacar que Ale Galaviz es impecable en su desempeño, desde su expresión facial hasta la modulación de su voz. No me detendré para hablar de estos aspectos -me gustaría que los pudiéramos discutir en las diversas plataformas donde se comparte esta reseña, juzguen ustedes-. Lo que ahora me interesa poner sobre la mesa es la forma en que el espacio transforma lo que recibe el espectador.

En Mailo’s Coffee St. Junio de 2022
Fotografía de Comedia sin título

Sin afán de adelantar nada al público, mencionaré que la introducción al espectáculo ocurre como en las ocasiones anteriores y que, antes de comenzar, un presentador (Miguel Stone) nos anuncia la temática de la obra. Entonces, entra en escena una mujer, a quien, aparentemente no ocurre nada hasta que la inercia de la escena se rompe con el timbre de su teléfono.

Aquellas personas que estén familiarizadas con la obra de Cocteau deberán imaginarse ya, de qué va la presentación, sin embargo, no es sólo la trama, sino la manera de contarlo, aquello que la hace digna de apreciar. Galaviz sabe aprovechar el espacio, se desplaza en las direcciones necesarias, no sólo para mostrarnos que es dueña del escenario, también para mantener la atención de su público. Pues al tratarse de una obra unipersonal, sabe que es indispensable valerse de todo aquello que esté a su mano para cautivar al espectador.

Como ya mencioné, El Palacio de las Estrellas, cuenta con condiciones distintas a un restaurant-bar o un café. Todas sus paredes son negras, esto permite que la luz natural del espacio, aunque casi inexistente, sea constante, además, cuenta con equipo de sonido y de iluminación. Quien presencia la obra, no tiene que pedirle a su ojo que ajuste constantemente la degradación de luz que naturalmente sucede en espacio con ventanales, sino que puede, sin preocuparse, atender a los amarillos, azules o los flashazos con que se nos sugieren cambios en el estado de ánimo e, incluso, traslados al interior de la mente de nuestra protagonista.

Cabe destacar, que se incluyeron, en esta última versión, efectos de sonido, ausentes en las anteriores. Toda comunicación tiene interferencia, incluso aquella que sucede cara a cara. Pero los efectos de sonido ayudan al espectador a compartir la desesperación que siente ella, cuando la señal se pierde y, por momentos, no puede escuchar la voz de aquel que es el amor de su vida.

En Palacio de las Estrellas. Septiembre de 2022
Fotografía de Comedia sin título

¿Qué hace distinta a esta versión? La respuesta está bosquejada en los párrafos anteriores, el espacio de representación, sin duda. Pero también entran en juego todos los artefactos que el mismo puede aportar. ¿Existe un espacio ideal para la presentación de una obra? ¿Vale la pena seguir proyectando obras en espacios no acondicionados con este fin? ¿Es mejor esperar a tener un escenario, aunque pequeño, para presentarse? ¿Qué opinan los espectadores?

Tres, la tercera, la vencida. Al concluir esta función pensé -esta es otra obra, todo mundo debería verla-. Mientras escribo estas líneas, lo sé, La voz humana, fue para mí como ese sobrino al que ves crecer, poco a poco, con cierta distancia, pero cuando lo ves triunfar deseas que todas las personas sientan lo que has sentido tú. Por eso, les pido, vayan a verla. No, no sé si es ya “la mejor versión de sí misma”, pero esto segura que es, la mejor versión hasta hoy.

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La voz humana, bajo la dirección de Andrea Lucía, se presentará los sábados de septiembre a las 20:00 en El Palacio de las Estrellas (Av. 16 de septiembre). Cuenta con Alejandra Galaviz como elenco, la coordinación audiovisual de Miguel Stone y como técnico en iluminación a Laboratorios Camacho.

Adaptaciones de un diario

Aprovechando el verano y las vacaciones, hace unas semanas tomé un avión con destino a CDMX. Tenía un plan, pero no un horario restringido. Sin embargo, sí tenía una meta: ver teatro. Gracias a las redes sociodigitales me enteré de la oferta para el fin de semana que coincidía con mi estadía, incluso, intentando obtener una entrada gratuita me gané un dos por uno que, debido a la solitariedad de mi travesía, no utilicé. En la publicidad para la obra que elegí se leía “un hombre con una infancia rota, un presente que lo atormenta, el amor como esperanza y porqué no, el deseo de ser un REY”. Hecho, tenía una cita con el teatro, el domingo 31 de julio a las 18:00 en el Foro Shakespeare. La puesta en escena se titulaba: “El diario de Axel P.”

Nos permitieron ingresar a la sala unos minutos antes de la hora señalada para el espectáculo. Era un espacio pintado todo de negro. En el escenario, ubicado frente a las butacas, se encontraban una mesita sobre la que descansaba un aparato electrónico, una silla al centro y en el extremo derecho una mesa con un mantel. No invitaba a pensar en la austeridad, sino en la decadencia.

Fotografía de Comedia sin título

Ya dentro, dieron las indicaciones a las que estamos acostumbrados sobre los protocolos de salud y, alrededor de las 18:10 se avisó la primera llamada (me pregunté sobre la puntualidad del teatro, ¿sólo en México?, pero eso tal vez no sea tema para otra ocasión). Las otras dos llamadas ocurrieron con mayor rapidez, pero atrajo mi atención un fenómeno que reconozco cada vez con mayor frecuencia: la acción comenzaba con la segunda llamada. ¿Se trata de un mecanismo para mantener cautivo al público?, ¿es parte de la obra?, ¿se pierde de algo aquel espectador que llega con la tercera?

Tal como lo prometía el cartel, la obra se trataba de un hombre solitario. Un oficinista que hablaba con un ente al que le narraba sus peripecias del día a día. Trabajador que, por medio de la voz, dejaba constancia de aquello que le acontecía como “Godinez”, su posible acenso en una dependencia de gobierno, sus funciones monótonas dentro de unos cubículos que se antojaban grises y oscuras como las paredes del foro que hacía las veces de apartamento, y las confesiones de cómo, en nombre del amor, se atrevió a trasgredir la privacidad de aquel ser a quién desde su entendimiento, decía profesar ese sentimiento “puro”; acompañado de la amistad de dos canes con quienes no había trabas de comunicación. ¿Reconocen, ya, la historia?

Se trataba de una representación unipersonal. Daniel García Parra interpretaba a Axel P., y a través de su narración cronológica nos enterábamos de todos los acontecimientos. Él mismo era quien daba voz a sus cánidos amigos y gracias a la mirada puesta en lontananza, para ver hacia el pasado de aquello que le contaba a su “Alexa”, es que cada persona del público podía imaginar a su manera la forma, vestimenta, tez y tono de voz de aquellos personajes que iban saliendo de su mirada. Una mirada expresiva que pasaba de la alegría esperanzadora a la rabia explosiva cuando confesaba que las cosas no habían resultado como él quería.

En escena, no hay desperdicio de los elementos. Aunque pocos, cada uno de ellos es utilizado con un propósito y de diversas maneras. Una silla que se vuelve barda, una mesa que sirve para cenar y para afilar lápices, y un mantel que… Me permito elogiar, también, los efectos de sonido utilizados, la comunicación entre la máquina y el ser humano se hacía presente a través de estos, dejando ver que, según el director, no siempre aquélla está de acuerdo con su poseedor. A pesar de todos los aciertos, considero que la duración de la obra resultó un poco excesiva. Por momentos parecía que iba a cerrar, pero un diálogo o la intervención de algún personaje traído a la memoria del narrador protagonista volvía a abrir la trama.

Fotografía de Comedia sin título

Al finalizar la obra hubo una breve interacción con el público por parte del director (Edgar Uscanga) y del actor principal. Fue en este momento en que mis sospechas, como las de las amables personas que han llegado hasta esta parte del texto, quedaron confirmadas, se trataba de una adaptación libre –así lo dijo Uscanga– del texto de Nikolai Gogol, “Diario de un loco”. Luego de tomarse una selfie con el público para subirla a las redes sociales, todos los espectadores salimos de la sala para dirigirnos a nuestro destino. Recuerdo que sentí que al salir del auditorio me dirigiría a mi hogar o platicaría a la salida con algún conocido, le agradecí a este bello arte hacerme sentir como si estuviera en casa.

Sin embargo, en el camino hacia el lugar en que me hospedaba comenzaron a llegar las dudas que siempre trae consigo una representación. Pues, para mí, el teatro es una oportunidad para re-pensar las cosas. ¿Adaptación libre?, ¿a qué se referían con adaptación libre?, ¿hasta dónde llega la libertad a la hora de tomar una historia ya existente?, ¿no se convierte en algo nuevo?

Una vez en casa (ahora sí la mía), me di a la tarea de re-leer la obra de Gogol. La primera cosa que noté fue el cambio en los nombres de los personajes. Algunos elementos se conservaron, por ejemplo, la temporalidad, inexistente; pues para la historia es importante que la mente del narrador no tenga ancla; este asunto permitió a los nuevos creadores jugar con la idea de la tecnología, lo que Ivanovich plasma en papel, Axel P. puede capturarlo con su voz, dándole así un toque futurista, y lograr un alejamiento de la historia. Sí, el personaje está loco, sí, yo también he trabajado en una oficina y me he sentido estancado, pero no hay manera de que esa historia sea la mía, ¿o sí?

Y me detengo aquí, para abrir un diálogo, porque fueron muchos los cuestionamientos que cruzaron mi mente al pensar en la adaptación “libre”, ¿por qué resolver los conflictos que presenta la historia de esa manera teniendo libertad?, ¿responden al momento de la historia o al que están viviendo los espectadores?, ¿a quién pertenece ahora la obra, a su autor original o a quienes tuvieron la valentía de darle una nueva escritura? Argüello (2016) opina que la adaptación es una invitación al diálogo, con el texto mismo y con la actualidad “no tendría sentido montar un texto si no se pregunta por su actualidad”, escribe. Sirvan, pues, estos párrafos para conversar, tal vez un día pueda responderme ¿hasta dónde llega la libertad de una adaptación?

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Cartel de Diario de Axel P.

“El diario de Axel P.”, bajo la dirección de Edgar Uscanga está por llegar a su final de temporada en el Foro Shakespeare (CDMX), si se encuentran en por aquellas tierras dense en una vuelta a la colonia Condesa para presenciar la última función este domingo 30 de agosto de 2022 y nos platican sus impresiones. ¡No se la pierdan!

REFERENCIAS

Argüello, C. (octubre, 2016). La lectura manifiesta. De la adaptación a la reescritura. Cuadernos de picadero, 30°, 5-11.

Entre las sombras

El teatro es experiencia. Nunca una segunda función será igual que la anterior. Y, es que, la belleza del teatro está ahí, en lo efímero. Como la vida, en que, aunque rutinarios, los días se suceden con cierta singularidad. Así, pues, hablaré de Lados Oscuros, desde mi experiencia, mi visión y, ¿por qué no?, mis miedos. Finalmente, de eso va la obra, del temor a que otros descubran nuestro más sombrío secreto.

La sede fue el Auditorio Benito Juárez. Llamó la atención de todos los asistentes el aviso que hiciera en voz alta la persona encargada de recoger nuestros boletos –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares, y les vamos a dar una bolsita para asegurarlos–. Esto provocó el extrañamiento de la concurrencia, Mensajes enviados a prisa, con nerviosismo, incluso escuché a una persona decir que le daba ansiedad, ¿era esto parte del espectáculo?

Una vez cubierto el requisito, el ingreso a la sala fue el habitual. Se trataba del segundo día del Festival de Teatro de la Ciudad. La obra dio comienzo poco después de las 19:00, pero ya desde la segunda llamada podía verse en el escenario al personaje principal, interpretado por Abraxas Trías (quien dirige y actúa), caminando de un lado a otro y acomodando algunos elementos.

La escenografía estaba compuesta por una enorme mesa de madera pintada de blanco, sobre la que descansaba una máquina de escribir. No era el único elemento escenográfico, pero, probablemente, sí el más importante; fungiría como escritorio, altar, mesa de trabajo, y plancha para cadáveres. Mostrándonos que, en el teatro, el aprovechamiento y la resignificación de los elementos es primordial para el desarrollo de una puesta en escena.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Música en vivo (por Andrea González) y un hombre en calzones es lo primero con lo que se enfrenta el público. ¿Por qué se expone de esa forma? Intimidad, pienso que el hecho de mostrarse desde el inicio de la representación en ropa interior se debe a que nos está invitando a su espacio más privado, en donde sólo están el escritor, su máquina y sus ideas. La ropa no importa, pues no quiere revelarnos nada más de su identidad. ¿Por qué?, ¿qué esconde este personaje que aparentemente nos está mostrando todo?

El tiempo de la historia se mide en el número de páginas que va escribiendo: –¿ya casi terminas? –, lo cuestionan, –sí, ya voy en la página 32–, contesta. Si bien la iluminación revela algunos signos que podemos interpretar como el día y la noche, no es claro, pero carece de relevancia, lo realmente importante son los saltos hacia las historias que van plasmándose por medio del clac… clac… clac… de la máquina. La escritura sirve para guiarnos, pues las anécdotas no son contadas de manera secuencial, no sabemos cuál sucedió primero, sin embargo, junto con el escritor lo que nos obsesionará será conocer el gran secreto de cada personaje, su lado oscuro.

Pareciera, por momentos, que el tema transversal es la muerte. La casa de un panadero donde encuentran cadáveres enterrados, una joven de catorce años víctima de una vieja en soledad, la morgue. Lo que sucede es que la muerte es sólo parte de la vida, es un pretexto que utiliza el dramaturgo para hablar de algo más profundo. Y llegados a este punto, pido a cada persona que decida cuál es su tópico, pues esto también es el teatro, subjetividad.

FOTOGRAFÍA sacada de la página de facebook del Instituto para la Cultura del Municipio de Juárez

Conforme va escribiendo las historias en su máquina, los personajes van tomando conciencia de lo que se dice sobre ellos, algunos se enojan, otros se sienten expuestos, uno de ellos se atreve a dar consejos en el proceso de creación al que se enfrenta el dramaturgo, ¿cuál es el sentido de contar historias?, ¿a quién interesa escucharlas?, lo que conocemos, ¿es la verdad?, ¿importa, en el teatro, decir siempre la verdad?, ¿qué oculta un escritor sobre la historia que nos cuenta para no exponerse a sí mismo?

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Al entrar en la sala se nos advirtió –por la naturaleza de esta obra, se les pedirá que apaguen sus celulares–. ¿Para no tomar fotografías?, ¿para prestar toda la atención?, ¿para…? Yo lo tomaré como una invitación para no revelar más sobre esta puesta en escena, y que cada persona reciba lo que vaya buscando. Ese es el asunto con las sombras, nos muestran lo que llevamos dentro. ¿Cuál es tu lado oscuro?

Obra: Lados oscuros
Dramaturgia: Edeberto «Pilo» Galindo»
Dirección: Abraxas Trías
Compañía: 1939 Teatro Norte/Movimiento O.T.
Fecha: 25 de julio de 2022, 40 Festival de Teatro de la Ciudad

¿Eres tú, Manuel?

Dice Juan Villoro que los libros buscan a sus lectores, “crees que tú decidiste comprar un libro, pero en realidad él se puso ahí para que lo vieras y te sintieras atraído”, para despertar pensamientos e ideas que nunca lo harían si no fuera porque justo “ese” libro llegó. Así me ocurrió con el texto de Jesús Solís: Un nombre infinito. Cuentos de Manuel.

Lo leí durante la víspera de navidad, rodeada de gente y en los ratos libres. Había comenzado semanas antes, pero como algunas veces pasa, interrumpí su lectura. Manuel tuvo un rostro y un cuerpo concretos en mi cabeza, al mismo tiempo, era esa persona que fácilmente confundes caminando en alguna calle, estás a punto de saludarlo por el parecido, pero dudas, pues podría ser cualquiera. Sin embargo, este ser mutaba con el avance de las páginas, algunas ocasiones fue alguien distante o un sabio, yo misma fui Manuel, tengo la certeza.

Aunque no es mi intención echar a perder las historias contándolas, diré que durante la primera lectura mi cuento favorito fue “La vida es sueño”. En él, Solís aborda el tema de la irrealidad y la evasión que ha elegido la humanidad. Utiliza como pretexto la virtualidad y el excesivo uso de las redes sociales. En mi caso tocó fibras sensibles, porque al igual que muchos, vivo en constante lucha contra ellas, ¿cuánto estamos viviendo y cuánto preferimos mostrar fragmentos de algo que estamos lejos de experimentar? A fin de cuentas, terminamos enfrentándonos con nosotros mismos. Los resultados de este encaramiento dependen de lo que cada persona es.

Y así se iban pasando los cuentos, uno a uno, interrumpidos de pronto por las “ideas para un cuento fantástico”. Cuando llegaba a estos textos brevísimos la risa me salía natural, por su ironía. Mezcla de actualidad con cultura clásica, religión o con literatura. Risa que detonaba pensamientos y reflexiones más profundas. Mientras escribo estas líneas sigo repasando la última de esas ideas, ¿en qué pensaba Jesús Solís mientras la escribía?

Fotografía de Amazon

Descubría que las historias se iban entrelazando. Con el paso del tiempo y las múltiples lecturas que he realizado de Manuel (sí, ya me acostumbré a llamarle por su nombre), he cambiado la manera de enfrentarme con el texto. Puedo leer únicamente las “Ideas” y pensar, imaginarme cosas. Los cuentos, esos que son sobre Manuel, los he leído por separado, al azar, y descubro que constantemente hace referencia en ellos al sueño, la (dulce) muerte, al dolor de la existencia.

Luego llegaron esos siete textos que son uno, incluso se encuentran diferenciados del resto al presentarse en cursivas: “Imagina esto…”, inicia. Poco a poco me fui sumergiendo en ese escenario que está en ningún lugar, en un sueño que parece un laberinto, una espiral: la búsqueda de la felicidad. ¿Qué es la felicidad?, ¿por qué anhelamos algo sin forma? La felicidad dura un instante, ¿lo hemos experimentado ya? Y el relato transporta a mundo onírico, como si ese bien al que todos aspiramos sólo pudiera ser entendido en la irrealidad, ¿buscarla nos aleja de nosotros? Un sueño, dentro de un sueño, dentro de un sueño.

¿De qué trata Un nombre infinito? Sigo sin saberlo, algunas veces pienso que nació de la necesidad del autor por responderse el mundo que ha visto y que le duele, pero al tratar de hacerlo sólo aparecieron más y más preguntas. Al final creo que de eso va, al no poder solucionar sus interrogantes las lanza al mundo para que cada quien, desde su pequeño universo, haga lo que pueda con ellas.

Aquel 24 de diciembre, al terminar de leer “al Manuel” tuve la osadía de mandarle un mensaje a Solís (¡bendita y maldita época en la que podemos acercarnos a los creadores!). Intentando hacer un cumplido a su escritura dije que el libro me había hecho pedacitos el alma, pues creo fervientemente que los libros que nos tocan –nos sanen o nos rompan– son los que valen la pena. Un nombre infinito, “Manuel”, camina ahora conmigo, algunas veces es mi amigo, otras, me observa y me juzga, pero siempre termino descubriendo lo mismo: Manuel soy yo.

* * *

Jesús Solís, a semejanza de Manuel, ha vivido muchas vidas y es muchos personajes. Mas para ubicarlo en este planeta diré que es escritor, tiene un podcast con sus amigos y se ha dedicado, entre otras cosas, a la traducción de diversos textos. Nació en Monterrey y aunque este hecho lo convertiría en un escritor mexicano, el texto del que ahora escribo no es, propiamente, literatura regional (entienda, cada quien, región como prefiera). Finalmente, por no faltar a la verdad, pero intentando no predisponer a nadie que se aventure en sus cuentos, diré que estudió la carrera de Filosofía en el norte de México.

Fotografía de Jesús Solís

Como el título lo indica, los textos presentados en este volumen pertenecen al género narrativo en su forma breve. Son veintiséis cuentos, pero difieren en su extensión. Además, se pueden distinguir claramente tres líneas narrativas, formas distintas de abordar el libro: las ideas para cuentos fantásticos, la historia sobre un sueño, y los cuentos. Todos los relatos, aparentemente sin conexión, se encuentran atravesados por la figura de Manuel, un ente que “es todos y ninguno”. Así pues, cada quien puede decidir si se trata de la misma persona, si muta, si es, existe o deja de ser. También hay temáticas y figuras con las cuales el autor ha tejido sus historias, y que pueden rastrearse a lo largo del libro: la muerte, el sueño, el sufrimiento; el laberinto, el infinito, el reflejo.

Un nombre infinito. Cuentos de Manuel de Jesús Solís puede encontrarse en formato digital y físico a través de Amazon.com

La experiencia del espectador. Apuntes sobre Madre Coraje y las guerras

Fotografía de Comedia sin título

El pasado domingo finalizó la segunda temporada de Madre Coraje y sus hijos, obra escrita por Bertolt Brecht hace ocho décadas y dirigida por Luis de Tavira. Los habitantes de esta ciudad pudieron ser espectadores de cómo la guerra modifica los destinos, atestiguarlo desde la comodidad de una butaca y salir de la sala tarareando melodías que recordaban a cantos marciales.

Ver una obra teatral comienza con la expectación, no importa qué tanto sepamos sobre ella, siempre se experimenta cierta emoción por saber qué elementos utilizarán en el escenario, qué actores o actrices interpretarán a los personajes, incluso, a quién nos vamos a encontrar en el recinto. Ya que esas personas se han de convertir en nuestras interlocutoras, en la mirada cómplice cuando suceda algo que nos haga reaccionar.

El foro de Telón de Arena fue el espacio dónde se presentó el espectáculo, esta espectadora acudió la noche del viernes 11 de febrero a las 19:00 horas. Al adquirir las entradas por internet se nos conminaba a estar en las instalaciones quince minutos antes de que comenzara la función, sin embargo, aquel día hubo fallas con el sistema de taquilla y la tercera llamada llegó alrededor de las 19:15. No tengo la certeza de que se hayan agotado los boletos, pero el auditorio parecía lleno, salvo por las butacas que obligatoriamente debían quedar vacías debido a las restricciones sanitarias.

Al entrar en la sala, lo primero que llamó mi atención fue que la mitad del foro estaba ocupada por el escenario (para quienes no han tenido la oportunidad de asistir a Telón, el espacio se trata de una pieza de tipo experimental y las filas de los asientos se acomodan de acuerdo con las necesidades del espectáculo en turno). Un enorme telón negro marcaba la línea divisoria entre espectadores y reparto. Minutos después de la invitación a silenciar nuestros dispositivos móviles, a mitad del escenario se abrió una ventana desde la que se dejan ver un par de soldados. La acción ha comenzado.

Fotografía de Comedia sin título

La guerra

“La paz es inmoral”, serán las palabras que durante días ronden en mi mente, y que de apoco irán tejiendo redes con tantos otros pensamientos que viven en mi cabeza. Entre todas ellas ahora rescato la semejanza con la idea de Orwell: “la guerra es la paz”. Es como si, de alguna manera, la única forma de que el mundo siga funcionando sea por medio de los conflictos, ¿no es esto lo que nos dicen los personajes de Madre Coraje?

Es evidente que el tema central de la obra de Brecht es la guerra, ¿de cuál guerra estamos hablando? El texto se sitúa en un contexto específico, la Guerra de los Treinta Años, conflicto político-religioso acaecido durante el siglo XVII en Europa. Sin embargo, este tópico no nos es ajeno, hoy mismo está en boca del mundo la pugna entre Rusia y Ucrania, no se trata ahora de un asunto religioso, pero sí político, porque la guerra, como casi todas las acciones humanas, son de esta índole.

Uno de los cuestionamientos que como espectadora podría hacerle a la compañía teatral es: ¿por qué respetaron el tiempo histórico que propone el texto? Telón de Arena en otras ocasiones ha jugado con la temporalidad de sus propuestas escénicas. Más aún porque en las cápsulas promocionales que pueden encontrarse en plataformas como Facebook, Instagram y YouTube, se interpela al público a pensar qué tiene para decirnos hoy, como juarenses, esta obra de Brecht.

La guerra que se vive en Juárez es distinta a la europea de hace cuatro siglos (o la actual), sin embargo, figuras como la de Madre han emergido, ya no representadas en mujeres que venden cosas por las calles, sino en empresas que, a consecuencia de las muertes o la inseguridad ofrecieron servicios a los ciudadanos. Condición necesaria fue la guerra, pues en la paz, no hubieran podido acumular ese capital.

Madre Coraje…

No obstante, las guerras del mundo, ésas que acaban con vidas humanas y destruyen ciudades, cada persona batalla, dentro de sí, las propias, ¿cuáles son nuestras guerras internas? En Madre Coraje, Brecht nos presenta a tres personajes femeninos, cada uno con una historia de vida distinta, llena de conflictos y frustraciones que, sea por la situación del mundo, sea por su condición, no pueden expresarlas.

El primero de ellos y por quien lleva nombre el texto es Anna Fierling, conocida como Madre Coraje, interpretado por Perla de la Rosa. Su guerra son sus hijos, estos le serán arrebatados por un conflicto bélico sin el cual no podría mantenerlos. Esa es su paradoja. Luego viene Catalina, a quien da vida Saura Zubiate; su hija, la menor, la muda, la niña que nació en la guerra, la que no conoce otra cosa que la incertidumbre.

Madre es todo ruido, debe serlo, para vender y persuadir es necesaria la palabra; mas no cualquier palabra, sino la que convence, la palabra precisa, el tono correcto. Madre debe callar cosas a propósito para sobrevivir. Cata, por otro lado, no puede hablar. Su silencio, provocado por la guerra misma, cuesta vidas, ella quisiera gritar, advertir, pero no puede. Ambas sufren por el silencio, ambas sufren porque no pueden comunicarse.

El tercer personaje femenino es desarrollado por Guadalupe de la Mora, Yvette. La prostituta, la mujer que amó y fue traicionada. Ella ya no tiene miedo de hablar, la guerra también le quitó cosas: la inocencia, la fe en el amor. Esto, pienso, nos es arrebatado por las disputas, las que vienen de fuera, pero también esas que vivimos en el silencio.

Fotografía de Comedia sin título

Reflejo y distanciamiento

Se ha hablado de que uno de los recursos utilizados por Brecht en sus obras era el distanciamiento, se trataba de que el espectador no lograra la catarsis, que no pudiera sentirse liberado de las cargas que le imponían las acciones de los personajes en escena, de que el teatro invitara a la reflexión y a la acción.

Me parece que, aunque sí invita a pensar sobre el tema ya expuesto anteriormente, no logra ni la catarsis ni ese distanciamiento. Sí, hay dolor, pero una se siente liberada conforme la guerra, que se antoja interminable, les va arrebatando la vida a los personajes más jóvenes, pues pareciera que no hay más esperanza, que no volverá. No hubo, para mí, un sentimiento de empatía con Madre pero tampoco necesidad de juzgarla, fue un personaje de su tiempo, actuaba conforme a sus circunstancias.

Es complicado hacer un recuento de todos los elementos presentados en escena. Sin embargo, se pueden resaltar algunos de los que hace mucho no se dejaban ver en esta frontera, es decir, desde compañías locales. La duración: tres horas separadas por un intermedio de quince minutos que es anunciado desde la tercera llamada –para sanitizar la sala–, se nos avisa, pero que obedece más a la necesidad de un descanso para el público y un cambio en la temporalidad del relato. Claro, éste fue aprovechado por muchos de nosotros para salir a atender las necesidades naturales del cuerpo, fumar o mirar en silencio al resto de los espectadores. Nadie quería dar una opinión pues el espectáculo aún no terminaba.

Desde la primera fila, en la que elegí sentarme, pude apreciar muchos de los elementos que hicieron de esta ambiciosa producción algo digno de recordar. La acción en dos planos. Unas vías ferroviarias al fondo que durante las escenas cumplían distintas funciones. Al frente, el espacio abierto donde se desplazaba el carro de Madre Coraje y sucedían el grueso de las acciones.

Es de destacar que la música estuvo a cargo de una pequeña orquesta en vivo. Y no sólo eso, se combinaba con canciones interpretadas por los personajes, con momentos solistas y corales. Práctica que debido a la falta de preparación vocal o los pocos recursos económicos con que se cuenta en la ciudad no se ve tan a menudo. Se descubre en el desempeño de los actores y actrices, algunos de ellos interpretando múltiples personajes, el largo proceso por el que atravesaron para llegar a ese resultado.

La segunda parte se sintió un poco más corta que la previa al intermedio, aunque al conversar con una de las actrices que participaron en la representación, supe que ambas tenían exactamente la misma duración, pero supongo que no todos la percibimos de esa forma, pues mi compañera de butaca no sólo abandonó la sala antes de que finalizara, sino que la descubrí revisando constantemente su dispositivo móvil.

Salí del recinto sabiendo que había visto algo distinto, planeado, algo grande; pero sin entender a cabalidad por qué. No, nunca pensé en irme a medio espectáculo, la duración me pareció adecuada y considero que todos los elementos estuvieron bien colocados. Sin embargo, no me tocó profundamente, ni la historia de Madre Coraje, ni la de Yvette o la muerte de los hijos. No se culpe a nadie, probablemente es momento de cuestionarnos sobre la manera en que, como espectadores, estamos recibiendo las propuestas teatrales, ¿qué les pedimos?, ¿qué esperamos ver?, ¿qué queremos encontrar? Tal vez, en la siguiente ocasión, será mejor no elegir la primera fila.

Rally Nora 2021: día tres

En el lobby del Centro Cultural Paso del Norte, a las 19:14 horas de un domingo típico de noviembre en Ciudad Juárez, se escucha la voz de Ricardo Aguirre dándonos la bienvenida e invitándonos a disfrutar del espectáculo que está a punto de comenzar. Se trata de la segunda edición del Rally Nora. Una “fiesta creativa”, dirá Mayra Chávez, unos minutos más tarde al anunciar la primera llamada. Mario Mesta abre las puertas y poco a poco nos acomodamos en nuestras butacas.

El Rally es, desde el punto de vista de esta espectadora, un ejercicio que busca la colaboración de la comunidad teatral juarense, el tiempo dirá si de a poco se suman artistas escénicos de otras latitudes. Ya en la primera edición, durante el pandémico y encerrado julio del 2020, pudimos presenciar el trabajo colaborativo de los antes mencionados. En aquella ocasión fue refrescante ver, aunque fuera a través de una pantalla, a tanta gente reunida en la distancia haciendo teatro.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

La primera propuesta de la noche estuvo a cargo del equipo compuesto por Ricardo Aguirre (dirección), Ivonne Chávez (producción), Michelle de la Fuente, René Magallanes y Ralph Wong (reparto). La escenografía, con un fondo negro, estaba compuesta por tres tambos de basura blancos que cumplían con distintas funciones a lo largo de la representación. Por ejemplo, durante toda la primera parte fueron utilizados como mesa de un restaurante, sobre la que reposaban dos botellas de cerveza.

Fue de mi agrado, sobre todo, el momento en que uno de estos botes de basura simula un útero, pues en el ir y venir de pensamientos, emociones y recuerdos, el personaje femenino va gestando un renacimiento hacia el final del acto. Esta obra cuenta con actuaciones fuertes y convincentes, además de armonía entre la música, la iluminación y las acciones.

La herencia parece ser el tema central de Des-hechos, más aún, las cargas emocionales y las huellas que nos dejan las heridas de aquellas personas que nos precedieron. Sin embargo, también se pueden percibir tópicos como el cuestionamiento de los roles de género y la violencia dentro de la pareja. El conflicto está en la decisión sobre la interrupción de un embarazo que debe tomar el personaje femenino, influyendo en ella los planes que para él tiene su pareja; se resuelve con la comprensión y aceptación de su pasado, dejando un halo de esperanza en la línea de cierre: “¿qué nos traerá este nuevo camino?”.

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

¿Te gusta el helado? Fue la segunda propuesta de la noche, y con ella llegó el cierre del Rally Nora 2021. ¿El tema? Como en la obra anterior, quedaba un poco desdibujada, ¿el dolor de no ser aceptado como homosexual? ¿los recuerdos de un amor perdido?, ¿la pederastia?, ¿las noticias falsas?, ¿el suicidio?

Este equipo estuvo conformado por Abraxas Trías (dirección), Isaac Uribe (producción), Nahomi Ochoa, Valery Fausto y Cabe Tejeda (reparto). La escenografía consistía en un blanco casi total, en el fondo, piso y vestuarios que me recordó un poco a la hace poco presentada Soy espejo. La blancura que reinaba hacía resaltar el rosa, amarillo y azul en los delantales de los vendedores de nieve (¿el vendedor?).

La acción inicial es una interacción con el público, pues mientras se nos habla del helado sabor vainilla, los recuerdos que evoca y las funciones de las papilas gustativas, también se reparten conos de nieve entre la concurrencia. El personaje, representado por las dos actrices y el actor, nos va contando detalles de su vida relacionados con su oficio y con un sabor particular de nieve de garrafa: vainilla con cerezas.

El primer amor, la imposibilidad de confesarlo, su empleo en una escuela y la ¿falsa? acusación de haber abusado de niños, o cometer actos inapropiados que le valieron la pérdida de su estilo de vida y le arrebataron la posibilidad de seguir vendiendo helados. El punto álgido se da cuando los tres actores estallan en gritos para mostrar la desesperación que provoca perder el control de aquello que suponíamos nuestro.

Aunque no tuve la suerte de asistir los días previos, llamó mi atención un par de coincidencias en las temáticas de ambas escenificaciones: la violencia y los recuerdos. Me parece que también se puede señalar, como bien ya lo marcó Karla Diego en su entrada sobre el primer día de este Rally, que el cambio en la manera de elaborar el texto se notó al momento de la ejecución.

Momentos antes de abandonar el recinto me encontré con Fabián Villalpando quien, con la amena actitud que lo caracteriza, me preguntó qué me había parecido la segunda edición, y un poco más emocionado agregó –ahora presencial–. A mí me hubiera gustado vivir la experiencia de los tres días, pero comparto la esperanza de Grupo Nora, que esta fiesta creativa se convierta en tradición.

El tiempo para Ser

—Yo quiero ser como tú cuando sea grande—, ¿quién no ha pronunciado alguna vez estas palabras ante un amigo, un familiar o, incluso, frente a alguien que acaba de conocer?, ¿qué se esconde detrás de estas palabras?, ¿de dónde viene la necesidad de ser otros?, ¿no nos basta con ser nosotros mismos?, ¿quién soy?, ¿quién quiero ser?

La mala noticia: Ricardo Aguirre no nos da la respuesta. La buena noticia: Ricardo Aguirre no nos da la respuesta.

Quisiera|Ser es una propuesta unipersonal, no se trata de un soliloquio, pues representa en escena a diversos personajes. Es necesario que el público esté atento todo el tiempo a los cambios de tono y a los gestos para identificar a los distintos interlocutores. En el escenario conviven muchas voces: un niño, un adulto, un contador (tal vez), un trabajador, un padre… Será tarea del espectador reconocer a cada uno y entender qué le quiere decir. ¿Soy yo alguno de ellos?

Lo que sabemos al ingresar a la sala es que presenciaremos una confesión, un empleado de maquiladora se abrirá ante sus compañeros. Considero que perfilar al primer personaje como trabajador de una fábrica permite el diálogo con el público de una urbe como la nuestra, Ciudad Juárez, la ciudad de las maquilas. No es demasiado complicado llenar el espacio en penumbra con maquinaria, aunque no la podamos ver, a lo lejos, sabemos que hay procesos sucediendo, engranajes que no se detienen dentro de “un sistema que ve por nuestro bien”.

En combinación con los cambios de luces, nos vemos trasladados de una fábrica, a un baño, y a un lugar lleno de agua (¿el mar?, ¿una alberca?). Manos que no están allí, pero que se vuelven visibles gracias a la fuerza corporal de Ricardo, lo avientan, jalan o intentan ahogar, de acuerdo con lo que experimenta en cada situación. El escenario es un espacio negro y vacío que cambiará poco a poco gracias al juego de luces y sombras a cargo de Joan Andrés Buitrón, así como de los elementos que se irán desprendiendo del cuerpo del actor, transformando su indumentaria no sólo en vestuario sino en accesorio (Éricka Flores).

Fotografía de Rebeca C. del Ángel

–El papeleo se entrega para ayer–, dice uno de los personajes con quien el niño se encuentra en su recorrido por la fábrica. De aquí podemos deducir que uno de los temas centrales de la obra es el tiempo, pero éste corre siempre distinto. Para el posible contador (y puede estar contando cualquier cosa, como aquél que contaba estrellas y por ello creía poseerlas) el tiempo ya se acabó, vive en un espacio entre el ayer y el mañana porque todo es urgente, todo ya expiró. Nuestro trabajador recuerda –era muy pequeño, tenía tiempo de sobra–, ahora parece que se le escapa de las manos.

Dentro de la obra el tiempo se detiene, se acelera o salta, la musicalización (Rebeca C. del Angel) juega un papel fundamental para que este efecto se logre, además de influir en el ánimo del público. La obra comienza con una pausa, el empleado se detiene –no puedo irme sin compartirlo con ustedes–, convirtiéndonos no sólo en espectadores, sino en cómplices, confesores, depositarios de la toma de conciencia que este personaje ha tenido. ¿Hace cuántos años que el trabajador ha abandonado sus sueños, su búsqueda, a sí mismo? Y viene el reclamo del niño –estás allí sentado esperando que salga el sol en lugar de buscarlo para ti mismo–.

Si ustedes, quienes han visto ya la obra (y si no lo han hecho, vayan antes de que el tiempo pase), notaron ciertas similitudes entre ese niño que recorre las salas oscuras llenas de recuerdos, y aquél otro que fue de planeta en planeta buscando un amigo; les pido que acudan a este nuevo paisaje, no dejen tan solo a un compañero de trabajo que, en un mundo que parece ya no tener tiempo para conocer, nos pregunta –¿podemos platicar?–.

Escrita, dirigida e interpretada por Ricardo Aguirre, Quisiera|Ser continúa en cartelera de jueves a domingo a las 20:00 horas en Café Teatro Telón de Arena, del 19 al 29 de agosto de 2021.