A Patricia Reyes,
confinada a habitar las estrellas por el COVID-19
y la desigualdad social.
Desearía que cada vida humana fuese una pura libertad transparente.
Simone de Beauvoir

Grupo Nora Lab nos convoca al tecnovivio teatral (coincidir en el espacio virtual con independencia de nuestra territorialidad) a través de la puesta en escena de seis obras breves que se transmitirán del 24 al 26 de julio mediante Facebook, con un diálogo en ZOOM, con las/os directores, autoras/es, actores y actrices al final de cada función. El Rally escénico lo organizó el Grupo Nora Lab para festejar su primera década de ser copartícipes del quehacer teatral en Ciudad Juárez.
Encerrados de Karla Diego abre esta fiesta escénica virtual bajo la dirección de Marco Martínez con la actuación de Nahomi Ochoa, Christian Valenzuela y Ricardo Aguirre. Quienes nos dimos cita en la sala para la transmisión de esta obra, nos hallábamos inquietos. Aunque, había quienes ya tenían experiencia en presenciar puestas en escena en pantalla, causa expectación y estrés saber si estás en el link adecuado, sí podrás conectarte desde el inicio de la representación, si el internet funcionará, si… Al igual que en una sala de teatro convencional, los comentarios del chat nos dejaban apreciar las inquietudes del público: “Muchas gracias por este tipo de obras para todos los que estamos encerrados, esperando y con muchas expectativas que ésta y las demás obras alcancen un nivel excelente” (Martha Diego).
El texto de Karla Diego (investigadora y actriz juarense), a través de la mirada de Marco Martínez (profesor y director teatral) ponen el dedo en la llaga al colocarnos a sus espectadores en una especie de cajas chinas que nos arrastran a vivir diversos confinamientos. Dado que la puesta en escena fue virtual, Marco Martínez propone establecer el link con la nueva realidad que por la pandemia, debido al COVID-19, estamos experimentando, mediante un videoclip de casi un minuto, que nos lanza en un parpadeo al año 2025, para informarnos que nos hallamos en “Ciudad Juárez (que) cambió su nombre a Acéldama”, como decidió el gobierno en turno “por los estragos causados por el virus, asignaron a cada persona en pequeñas habitaciones para aislarlos de su familia, del espacio público, del mundo”. Esta voz narrativa, la leemos en la pantalla.

Otro intertexto emerge. Nos hallamos en el terreno que de acuerdo con Mateo 27.6-10, adquirieron los sacerdotes con las monedas que recibió Judas por delatar a Jesús. El nombre inicial era Campo del alfarero, pero el color rojizo de la tierra, la referencia a la crucifixión y a violencia social y feminicida en Juárez refuerza el nombre con el que ahora se le conoce: Campo de Sangre. El tiempo y espacio se desdibuja, al igual que en el Aleph de Borges, los cronotropos se superponen. No hay, entonces, lugar ni momento en el que la humanidad tenga opción a acceder a una vida libre de violencia.
La pantalla deja de ofrecernos el plano general para ir a un primer plano y luego al plano detalle o close up. Dos personas se encuentran en celdas contiguas: encerrados, mientras cuentan frijoles y uno de ellos muestra las hojas de un calendario. La acción repetitiva provoca una sensación de asfixia, de necesidad de escapatoria, de obligada confrontación con un sistema que nos coloca en guetos, que nos aísla y fractura las posibles redes de solidaridad comunitaria. Uno de los personajes interpela al otro, intentando liberarse a través de la memoria: “Aun recuerdo las noches estrelladas en Acéldama (…) ¿Tú te acuerdas? (…) está toda llena de basura, nunca llueve, el calor quema peor que en cualquier otra parte del mundo, la extraño a pesar de su fealdad.” Frente a ello: la desmemoria se impone. Ese es otro confinamiento: el olvido impuesto por un gobierno hegemónico. Enajenar las conciencias en acciones que bien podemos vincular con la producción en línea en Ciudad Juárez-Acéldama. Bien podemos como público leer entre líneas, identificar que hay un guiño en la escena que nos impele a mirar a las ciudades maquiladoras (otras formas de aprisionamiento), se acentúa la referencia a Campo de Sangre.

La condición de aislamiento que viven los personajes conduce a otra forma de confinamiento: los albores de una especie de extravío, dadas las condiciones infrahumanas en las que se encuentran. Vigilar y castigar de Foucault así como Historia de la locura me interpelan en esta escena. Autora y director eligen la vertiente del teatro denuncia. La dignidad humana se encuentra lacerada en estas variantes de los encierros. El texto y la puesta en escena no ofrecen una solución. El público tendrá que llevarse esa inquietud a sus propios encierros de sana distancia y preguntarse cómo salir de tantos confinamientos.
Destaca la actuación de Nahomi Ochoa, en su papel de Celadora. Los close up de la cámara potencian el manejo de la gestualidad que en su actuación nos ofrece. La caracterización con una especie de máscara y un sombrero ofrecen una imagen amenazadora, acorde con su función en la cárcel. Su mirada inquisitiva, ávida, aguda, audaz dirigida a los prisioneros, traspasa la pantalla y llega a los espectadores junto con las amenazas de endurecimiento de las sanciones si insisten en querer su libertad. No quiero dejar pasar la caracterización de los prisioneros: vemos a uno de ellos, con la parte cóncava de una cuchara utilizada como parche en el ojo izquierdo, ofrecernos una imagen futurista, además interpreto que el estar privado de la vista de un ojo, refuerza estos abismos de la parcialidad con la que enfrentamos los encierros.
Privación de la libertad, otro abismo de los confinamientos. Dice Rosa Luxemburgo: “Los que no se mueven, no se dan cuenta de sus cadenas.” Los personajes se hallan en celdas reducidas, cumpliendo castigos absurdos, extenuantes, sin sentido. ¿Qué delito cometieron? Romper la prohibición de ejercer el libre tránsito, de acuerdo con las leyes de Acéldama. ¿Alguna relación con hechos conocidos? Al menos en Ciudad Juárez recordamos. “Después de las diez, en casa es mejor”. Toque de queda impuesto en el 2007, que, con el objetivo de proteger a los jóvenes de la violencia social, estableció que no debían estar en la calle después de las diez de la noche, propiciando además la violencia institucional en condiciones de mayor vulnerabilidad.
La dirección de Marco Martínez elige, en mi opinión, de forma atinada, ofrecernos sólo fragmentos de esa realidad, a través de la cámara; así resuelve dos cuestiones: un escenario focalizado que le permite no comprometerse con una escenografía compleja (dado el contexto de confinamiento por el COVID-19) y crear, reforzar y mantenernos en la asfixia del encerramiento. ¿Qué hacer con esta ficción que conduce a la muerte simbólica? Ustedes y yo tenemos la palabra, estos abismos del ejercicio del poder político y judicial nos toca hallar por donde franquearlos; mientras tanto, nos resuena el conteo de frijoles con el que inicia y cierra la representación.

Cierro, dejando un comentario en el chat de la sala de Facebook a través de la que se nos ofreció este teatro virtual: “Entrar al rally me puso en un estado de creación y alerta que me recordó que claro que quiero seguir haciendo Teatro y que me estoy dejando marchitar. Esta semana desperté del trance y aquí estamos.” (Flores Ricardo).
Encerrados de Karla Diego. Dirección de Marco Martínez con las actuaciones de Nahomi Ochoa, Christian Valenzuela y Ricardo Aguirre. Estreno virtual a través de Facebook, Ciudad Juárez, 24 de julio de 2020. Actividad organizada por el Grupo Nora, como parte de los festejos por sus diez años de presencia escénica en Ciudad Juárez.








